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La injusticia padecida por ¨los indignados¨

2 de Junio de 2011

Santiago Sinópoli,
abogado y consultor psicológico


La Puerta del Sol, en Madrid, se ha visto ocupada en forma espontánea por mujeres y hombres – en la gran mayoría jóvenes – que se sienten y se dicen: ¨indignados¨ con el sistema político imperante, no reconocidos en sus derechos fundamentales, los que justamente hacen dignas a las personas.

Este fenómeno socio-político, que se presenta y es una ¨ lucha por derechos humanos ¨,  desconcierta por la súbita aparición y porque no es parte del sistema de representación política vigente en el momento. Se les escapa a los ¨ lideres ¨ políticos de turno. Es decir los ¨indignados¨ son a la vez "excluidos"  de la política que organiza la vida en común. No son parte de la ¨ común-unidad ¨ , ésta nada les aporta a su subjetividad, a su mismidad. Ello a partir - reitero- de la lesión de sus derechos esenciales. Así los indignados padecen la injusticia, porque lo suyo no le es dado o le ha sido quitado. Entonces el Yo de cada uno de estos jóvenes españoles estalla, ya no pueden reprimir su bronca, su ira, su odio a quienes dicen representarlos, pero en un mandato que se agota en lo formal. Esto  suele suceder cuando el representante del pueblo se apropia de la porción de la soberanía popular y se la pone a su servicio o de un grupo o de una casta, en los hechos. En las palabras no, aquí siempre mencionan al pueblo todo. Actitud esquizofrenica. La palabra no acompaña a los hechos, y ese doble mensaje, es captado por los destinatarios. La falta de unidad del mensaje esquizoide, su contradicción, pone en riesgo la ¨ subjetividad ¨ de los Otros (gobernados ) y estallan en ¨ indignación ¨. Esta  es el síntoma de una enfermedad que está tomando el cuerpo social. Puerta del Sol, es indicador de lo pático. Es lo manifiesto de algo que está latente en la sociedad, como por ejemplo proceso de desintegración por crisis en la representatividad política, por el no reconocimiento de derechos fundamentales que permiten consolidar el Yo de cada uno. Observe abogada lectora que indignarse es irritarse, salirse de sí por alguna causa. Uno se indigna en definitiva porque sufre, y porque padece una injusticia. Y psicológicamente la injusticia, ya lo explico en un artículo anterior, es la lesión de derechos - al trabajo, a estudiar, a la propia vivienda, al desarrollo individual, etc.- que están implicando una lesión al Yo de la persona a su subjetividad, a su identidad. Los jóvenes de España que se manifiestan en Madrid, sienten que su Yo se va desmantelando, va camino al estallido. Esto porque sus deseos no son satisfechos. El sujeto de deseo que es anterior al sujeto político y al de derecho, siente que el sacrificio de sus deseos en forma ilimitada en aras de la convivencia, ya no le permite satisfacer los deseos mínimos e indispensables para sentirse persona. Los ¨ indignados ¨ se encuentran sofocados culturalmente - lo creado por el hombre - por lo que Silvia Bleichmar, denominó: ¨ el malestar sobrante ¨. Esta autora toma el concepto de Marcuse, quién definía a la ¨ represión sobrante ¨  o ¨ sobre-represión ¨, a aquellos modos en los cuales la cultura coartaba las posibilidades de libertad no sólo como condición del ingreso del sujeto a la cultura sino como cuota extra, innecesaria y efecto de modos injustos de dominación. La ley ya no aparece como límite al deseo para asegurar la convivencia. La ley puso al ¨ margen la justicia ¨ y se ha convertido en instrumento de dominación y no de realización de las individualidades en el marco del bien común.

Dentro de este espíritu es que Bleichmar define en la actualidad como ¨ sobre malestar ¨, o ¨ malestar sobrante ¨, la cuota que nos toca pagar - les toca pagar a los ¨ indignados ¨ , la cual no remite sólo a renuncias pulsionales - de los deseos - que posibilitan nuestra convivencia con otros seres humanos, sino que lleva a la resignación de aspectos sustanciales del ser mismo, como efectos de circunstancias sobreagregadas.

Pero este ¨ malestar sobrante ¨ que en mi opinión es causa de la ¨ indignación ¨ de los jóvenes ocupantes de la Puerta del Sol, no está dado sólo por la dificultad de acceder a trabajo y a los bienes de consumo, por la mera lesión de derechos subjetivos. Todo va más allá, que las dificultades materiales, la imposibilidad de garantizar la seguridad futura. El malestar sobrante está dado, por el hecho que la situación cultural actual - política y jurídica-  deja a cada sujeto - joven- despojado de un proyecto trascendente que posibilite, de alguna manera, avizorar modos de disminución del malestar reinante. Porque lo que lleva a los hombres a soportar la prima de malestar que cada época impone, es garantía futura de que algún día cesará ese malestar, y en razón de ello la felicidad será alcanzada.

Hasta la próxima, colega.


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