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Artículos de Opinión

Mesa de debate y presentación del trabajo por Jesús Lizcano, Esther Arizmendi, Odón Elorza y Jorge Fabra

‘Por qué la transparencia’ (Ed. Aranzadi), obra de José Molina

16 de Febrero de 2016

La transparencia tiene que funcionar en un sistema general, es un marco de integridad nacional, y socialmente se extiende a todos los aspectos de la vida, no solo a la economía, sino a la vida política, a sus Administraciones Públicas, las organizaciones sociales, las instituciones jurídicas, la enseñanza y la cultura, y sin olvidar las creencias religiosas, porque nada debe quedar oculto en esta sociedad donde convivimos, resulta esencial para que los individuos puedan “decidir” con la luz de la transparencia, las muy diversas decisiones que le afectan a su vida, es la hora de la transparencia.

José Molina Molina,
Doctor en Economía, Sociólogo, Miembro de Economistas Frente a la Crisis.
Autor del libro: “Ciudadano y Gasto Público” Editorial Aranzadi 5ª edición


Sin embargo, percibimos con claridad, que en la sociedad actual, existe una aguda crisis que invade la vida económica y la de las instituciones, por muy diferentes causas, y es que en donde no hay transparencia, ni libertad, ni medios para exigirla, ha reducido la actividad económico-social, así como la esfera de la política, a solo ruido, palabrería, acusaciones, bronca, descalificaciones, y mucho griterío agitando cada uno sus banderas, convirtiendo sus discrepancias en un falso modelo de patriotismo que sirve para engañar a los que ciegamente siguen sus consignas. La sabiduría popular dice que hay que separar el "grano de la paja", y esa misión debe acometerse con independencia y libertad.

La existencia de tantos episodios de falta de transparencia, que cubre como sombra a la economía, proyecta una imagen general de mal funcionamiento de las instituciones públicas y privadas. Y sobre  todo, con una pérdida absoluta en los medios de control y sus formas de llevarlos a la práctica, que a veces, parece una burla, por los casos que se conocen, por la facilidad que operan, y por la impunidad con la que trabajan. Es sorprendente que grandes empresarios, banqueros, directores de instituciones, políticos y sindicalistas, se hayan visto involucrados en los variopintos casos de corrupción, fraude o tráfico de influencias. Se pretende justificar que nos puedan seguir dirigiendo y representando en las instituciones personas implicadas en procesos, alegando la presunción de inocencia, sin valorar los efectos perniciosos para la ética en la sociedad de mantener las instituciones bloqueadas por procedimientos opacos en donde se aplica la política de "juan palomo".

Los ciudadanos demandan cada día con mayor insistencia el control, la transparencia y la rendición de cuentas. Quieren una gestión eficaz y honrada en lo público y en lo privado, porque las normas y controles  no funcionan, o no se quiere que funcione, lo que provoca un caos que dificulta identificar a los culpables, y es precisamente en ese caos, el que como "boomerang" retornan a la sociedad y se involucran en la mala imagen social que corrompe el tejido social. Esta invasión en las diferentes actividades de la vida, que convierten desde al fontanero, hasta el banquero, en el mismo circulo vicioso, es el cáncer que debilita el sistema económico, político, la función pública, y las muy diversas instituciones del país, quedando muy pocas que no tengan alguna sombra negativa reputacional.

El debate empieza, tanto en el terreno teórico, como en el de la convivencia, porque precisamos de un modelo diferente que reorganice las responsabilidades de todos, ciudadanos y gobernantes. Y como gobernantes, demos incluir a todos los que tienen responsabilidades colectivas, ya sean políticos, funcionarios, empresarios, sindicatos y patronales, también a las muy diversas organizaciones sociales, así como a los que desde sus confesiones y creencias, son también responsables o culpables, del desorden que vivimos. Estamos en un proceso de "multilogía conceptual", donde no hay contrario, porque hemos llegado tan lejos y hemos contaminado tanto, que las reglas y el control hay que hacerlas desde abajo. Por eso defendemos que es el momento de la ciudadanía, es el momento de tomar lo público como un nuevo reto, para alejarnos de los males del pasado.

Una nueva "transición", nuevos controles de las instituciones, porque se han anquilosado, buscando que su función se ha ejercido, mirando más arriba, que abajo. Por eso, importa que ese impulso democrático, se realice con el consenso de todos los ciudadanos. Es una "moción de censura" al sistema por su funcionamiento desproporcionado que nos ha dejado una deuda de un billón de euros, sin recursos para pagarlo. Precisamos unas Cámaras de representantes con fuerza, impulsada por la acción de los ciudadanos, comisiones de control, sin obstáculos, para que el parlamentarismo no sea un resultado de una consecuencia procesal que todavía no se ha reformado. Se precisan reformas de las altas instancias del Estado, porque ni el Tribunal Constitucional, ni el Poder Judicial, ni el Tribunal de Cuentas, ni los Organismos Centrales, ni los competentes en cada escalón del Estado, han podido controlar el funcionamiento de lo presupuestado. Sin línea divisoria clara entre legalidad y decisiones arbitrarias. Un derecho de la gestión de lo público, en donde la legalidad del tráfico ordinario de la función pública, no confunda lo público, de lo privado. Es separar los planos  en donde cada agente convive, pero teniendo bien protegido que las instituciones públicas no pueden ser motivo de asalto.

Deseamos mirar al futuro,  y  no repetir errores, seguir buscando aquellas soluciones que garantice el control deseado. Buscar  caminos que nos conduzcan a organizaciones abiertas, controladas, participativas, donde el conocimiento sea una garantía del buen funcionamiento. Una nueva gobernanza implica no solo claridad y transparencia del sistema político y económico, sino también su modernización, con un cambio integral en sus estructuras, procedimientos y comportamientos, competencias, técnicas de gestión, y sobre todo, su "cultura" de lo público y de lo privado.

Para vigilante de esa nueva gobernanza, se precisa una ciudadanía formada, participativa, responsable, para que impulse ese desarrollo que gobierne en lo que hoy se reclama de una democracia real, sin más tutelas que las que los ciudadanos establezcan.

¡Si estás interesado en esta materia no te pierdas este debate!

Día 17 de febrero a las 19,30

Lugar: Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Calle Marqués de Cubas, 13 -Madrid


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