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Vidas paralelas entre el profesional de la abogacía y la psicología (La entrevista y su encuadre)

5 de Julio de 2010

Que entre nosotros, profesionales del derecho y quienes hacen de su vida profesional la psicología hay paralelismos por los objetivos de cada ciencia y sus técnicas, ya no debería resultar novedoso, si nos atenemos a las publicaciones que me posibilitó Legaltoday las cuales conforman el Blog de Psicología para Abogados. En ellas se fue trazando lo correlativo que tienen dos profesiones que aparentan excluirse, pero por el contrario tienen una vida en común y de mutuo enriquecimiento.

Santiago Sinópoli,
abogado y consultor psicológico


Hoy puntualmente me propongo prolongar esta analogía con el tema de la entrevista y su encuadre, que puede tener el psicólogo o counselor en una relación de ayuda, con la consulta del cliente a su abogado.

La palabra entrevista viene de entre, que deriva de interno. Significa dar a conocer algo íntimo, de lo de más adentro de uno. En si una entrevista es el encuentro de dos o más personas con un objetivo determinado para ambas. Tenemos así un entrevistador (el profesional) y un entrevistado (paciente o cliente). La entrevista psicológica, como instrumento, como método, como herramienta, puede tener distintas modalidades: cerrada o abierta. En la primera las preguntas ya están previstas, tanto en el orden y la forma de plantearlas, y el entrevistador no puede alterarlas. Hay un cuestionario de por medio. En cambio en la abierta el entrevistador tiene amplia libertad para las preguntas e intervenciones. Es flexible. La esencia de este tipo de entrevista es que el entrevistado configure el campo de la entrevista lo máximo posible. Permite conocer la personalidad del entrevistado.

Ahora bien, si se relaciona el concepto de entrevista con la consulta, podría decirse que ésta es la solicitud de asistencia técnica o profesional, la cual pude ser satisfecha de varias forma, entre ellas la entrevista. Estamos frente a una relación de género y especie.

Así, la entrevista psicológica es una relación de índole particular, entre dos o más personas. Lo específico o particular reside en que uno de los integrantes de la entrevista es psicólogo, y el otro o los otros necesitan de su intervención técnica. Los conocimientos técnicos se aplican también se aplican a través de su comportamiento en el curso de la entrevista. La regla básica ya no consiste en obtener datos completos de la vida de una persona, sino de obtener datos completos de su comportamiento total en el curso de la entrevista. Estos datos se recogen con la escucha atenta, la vivencia y la observación. Así, quedan incluidas las tres áreas del comportamiento del entrevistado (áreas de la mente, del cuerpo del mundo externo). La técnica de la entrevista requiere que el entrevistado configure el campo. El entrevistador controla la entrevista (encuadre), pero es el entrevistado con su modalidad quién establezca el campo, lo conforme, lo llene de contenido. El encuadre, constituye con una serie de variables estándares como la actitud técnica, el rol del entrevistador, los objetivos de la entrevista, el lugar y tiempo, etc., que el profesional entrevistador mantiene en forma irreductible. La idea es que determinados temas dejen de oscilar como variables de la entrevista para el entrevistador.

Si trasladamos estas características de la entrevista al profesional de la abogacía y en particular a la entrevista con su cliente o asistido, se verá todos los puntos en común que hay y cuán más positiva podría llegar a ser la relación de ayuda que se establezca. Fundamentalmente en que el cliente entrevistado configure el campo o sea que él exponga su problema sin ¨censuras ¨ del profesional, para que pueda salir a la luz la real causa de la consulta con el abogado y que se juega en ella. Se evita así que la relación profesional no quede sólo en la superficie o lo manifiesto, sino que pueda llegar a las entrañas del problema jurídico-humano que está en juego. Volvemos de nuevo a poner en el tapete el tema de la necesidad de la escucha atenta. Y si seguimos trasladando aspectos de la técnica de la entrevista psicológica a la relación abogado cliente, hay uno que siempre me pareció  que resume la esencia y dignidad del abogado, su Yo científico y por eso merece un especial cuidado. Es el encuadre profesional. Ya dijimos que éste es la parte de la entrevista que se ¨ mantiene inmutable ¨, como por ejemplo en la relación abogado cliente, sería el horario del encuentro, el pago de honorarios, el lugar de la entrevista, la teoría profesional a ser aplicada, los principio jurídicos a ser mantenidos, etc. El encuadre vendría a estar constituido por todo aquello que permite al profesional controlar la relación con su asistido, para que ésta tenga un resultado científico. Porque una cosa es que el entrevistado configure el campo de la entrevista, ya que esto es necesario para que realmente exponga su problema o caso y otra es que el cliente del abogado, se adueñe de la relación profesional  a tal punto que éste abdique de su rol.

Podría pensarse que esto no es moneda corriente en la profesión de la abogacía ¿No? Yo pienso que es muy común. Tan común como que  aparezca en la relación abogado- cliente la frase del mundo mercantilizado en que vivimos, que reza: el cliente siempre tiene razón. Sobre todo cuando el cliente es a su vez empleador. ¿En estas circunstancias, se puede mantener como parte de la relación abogado cliente  un adecuado encuadre a la ética profesional?. ¿No suele decir el cliente del abogado que los asesora: este es mi abogado? ¿Esto no encierra más allá de los supuestos de  una expresión de afecto: una apropiación del cliente sobre el profesional?. ¿No ¨ forzamos la interpretación del derecho a favor del cliente, para no perderlo?. El encuadre profesional sería el limite ético jurídico que los abogados nunca deberíamos  ceder en la relación profesional-cliente. Si se disuelven estas fronteras del encuadre, se estaría aniquilando el ¨ Ser abogado ¨. Sin duda el punto no es fácil. El mantener el encuadre sobre todo en los tiempos de crisis social-económica que corren, requiere mucha fuerza moral profesional. Es una lucha entre abrir la mano para que se escurra el encuadre profesional y así nuestra dignidad  de abogados, o seguir con la vocación del servicio público de la abogacía aunque duela y nos desgarre, pero con el puño cerrado. Hablando de abrir la mano, me gustaría cerrar el artículo, junto al poeta Mario Benedetti  y sus palabras:

Ya lo sabemos es difícil decir que no decir no quiero/ver que el dinero forma un cerco alrededor de tu esperanza/sentir que otros los peores entran a saco por tu sueño/ya lo sabemos es difícil decir que no decir no quiero/ no obstante cómo desalienta verte bajar de tu esperanza saberte lejos de ti mismo/ oírte primero despacito decir sí decir si quiero/comunicarlo luego al mundo con un orgullo enajenado y ver que un día pobre diablo ya siempre pordiosero poquito a poco abres la mano y nunca más puedes cerrarla.


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