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Artículos de Opinión

20 de Septiembre de 2013

Una ciudad pensada para el ciudadano

Muchas de las nuevas urbanizaciones son espacios físicos sin convivencia. Son posibles otras ciudades, pero siempre que en ellas lo más importante sean sus habitantes, no los propietarios del suelo.

José Molina Molina,
Doctor en Economía, Sociólogo, Miembro de Economistas Frente a la Crisis.
Autor del libro: “Ciudadano y Gasto Público” Editorial Aranzadi 5ª edición


La falta de dialogo en las ciudades ha provocado que la vida ciudadana no evolucione por cauces adecuados. Obsesionados con su crecimiento, nos hemos olvidado de lo esencial: los ciudadanos. No tenemos la ciudad que queremos, sino la que nos ha construido una planificación urbana no exenta de polémicas,  fracasos,  estafas y  mucho fraude encubierto. La ciudad se ha construido desde las alcantarillas del poder y por eso  percibimos sus malos olores. La CE en su artículo 45 nos recuerda cómo defender la ciudad con su calidad de vida, su medio ambiente, sin olvidar la solidaridad colectica (Comunidades Europeas, Estocolmo 1972).

No hemos sabido conservar la historia urbana, ni mantenido sus barrios con la  dignidad con la que fueron organizados históricamente. La especulación por un lado y el abandono por otro, han conseguido que hoy no se reconozcan las tradiciones que le dieron vida, se han convertido en espacios de desintegración social cuando no de violencia. Nos hemos cargado la ciudad que soñábamos, y hemos desarrollado nuevos espacios, centros de ocio y comerciales, urbanizaciones, mucho cemento sin sentido. Socialmente un desastre, económicamente insostenible y con un veneno que nos destruye con su sistema de financiación.

Hemos especulado con la ciudad, con sus gentes, con sus vidas y  hemos urbanizado espacios sin convivencia y hasta sin ideales comunes. Hemos caído en la trampa de conquistar un nuevo horizonte, en el que no se sostiene la vida. Muchas de las nuevas urbanizaciones son zonas de sombras o sus aglomeraciones impiden la convivencia. No son ciudades, son estructuras físicas sin vida. Solo se observan coches aparcados, media luz en las viviendas y muchas medidas de seguridad, porque el miedo está presente antes de subir al ascensor o penetrar en el dúplex. El saludo amistoso de la vecindad lo hemos cambiado por la cámara de vigilancia que grabe los movimientos sospechosos.

¿Es posible otra ciudad? Es posible si entramos en el desafío de los nuevos tiempos, si abandonamos la idea de que la ciudad es una mercancía producto de un urbanismo mercantilista. Así nos lo plantea el profesor Cabannes, de la Universidad de Londres (ver el acceso libre de www.citego.com) que desarrollando los principios de "creative communs" y con las propuestas del próximo Fórums de Hábitat III que se celebrará en 2016 en Estambul, nos aportan nuevas ideas para desarrollar las ciudades. Los alcaldes deben preocuparse más de los ciudadanos y menos de sus planes de desarrollismo urbano, así como  dedicar más tiempo a construir facilitando la convivencia que a satisfacer a quienes solo quieren especular con el suelo. Obtendríamos un resultado diferente. A muchos alcaldes la historia los conocerá como los "ciudicidas" modernos, asesinos de sus ciudades por el poder y la codicia. Estos nuevos lacayos del cesarismo urbano, solo quieren su imperio. El TC conjuga el concepto antropocéntrico y relativo, sin ideas abstractas, ni intemporales, ni utópicas del medio en que vivimos. El hoy, es operante, y nuestro entorno ciudadano integrado (STC 102/1995), en la vida ciudadana de nuestras comunidades vecinales. Sin sostenibilidad en las ciudades no hay futuro.

Estas ciudades sin naturaleza, con difícil movilidad, ruidosas al límite,  poco sostenibles y que obligan a una hipoteca, son nuestros modernos monstruos. Son la cultura de nuestro fracaso, vivimos bajo su maldición, sin posibilidad de nuevos sueños,  sin una conciencia de repulsa que nos guíe a buscar soluciones. Sin utopías, tenemos que buscar nuevas fórmulas, salir de estos laberintos del urbanismo y pensar que la ciudad es para vivir, compartir, producir y desarrollarse mediante un planeamiento que debe pensar primero en la convivencia social y su sostenibilidad, que en el beneficio económico rápido. Otras ciudades son posibles. En ellas, lo más importante son sus habitantes y el respeto a un ordenamiento jurídico para que el urbanismo que se desarrolle sea el hábitat que se precisa para la sostenibilidad.


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