26 de Septiembre de 2017 | 12:57
LEGAL TODAY. POR Y PARA ABOGADOS
 

Herramientas para el texto

La Cara y la Cruz

¿Deben los abogados defender a sus familiares?

9 de Junio de 2016


Defensa de familiares


LA CARA

José Antonio Tuero
Abogado de Tuero Sánchez Abogados

Todos los abogados que ejercemos hemos comenzado nuestra andadura profesional con algún pariente.

Los parientes son precisamente una de esas “Tres P’s” de las que nos habla el popular dicho de abogados y que se contemplan como unos de nuestros primeros clientes. Ello es precisamente porque estos conforman el círculo más cercano al abogado, conocen de primera mano el inicio, así como el desarrollo, de la vida profesional y precisamente por ello son los primeros que empiezan a depositar su confianza en el abogado iniciando.

Ahora bien, la defensa en un pleito de un familiar cercano se aparta del escenario ideal para cualquier abogado y difiere, en gran medida, de la intervención en nombre de cualquier cliente con el que no tenemos vínculos afectivos. A resultas de dicha afectividad, somos más emocionales y nuestra defensa adquiere tintes más subjetivos y pasionales que, si bien pueden mermar la independencia y la objetividad que requiere toda defensa, nos dan un interés superior en el pleito y su resultado. Es decir, nos proporcionan un plus de compromiso y pasión en el ejercicio de la profesión y en el litigio concreto a defender.

Defender a un familiar, precisamente por la existencia esos vínculos parentales tan influyentes, puede provocar una merma en nuestra independencia, pues será fácil que aquel le apunte al abogado sus deseos en relación con la llevanza del pleito, y le sugiera actuaciones innecesarias, estrategias erróneas o procedimientos incorrectos, convirtiéndole de director en dirigido y envolviéndole en las redes de la pasión o del interés propio.

Si se consigue conservar la independencia y no se cae ante esas presiones, sin otra sujeción que las normas de la Ley y de la Ética, todo irá sobre ruedas. Para que toda esa trascendental actividad pueda concretarse efectivamente, el abogado debe conservar celosamente su independencia, es decir, debe actuar sin presiones, compromisos, ni ataduras, -con toda libertad-, sin otra sujeción que a la ley y a las normas de ética. Si así lo hacemos nos ganaremos el respeto y consideración profesional de nuestro cliente-pariente por ello.

Otro punto a favor de la defensa de asuntos de los familiares es precisamente ser consciente de que todo abogado, además de jurisconsulto, ha de ser capaz de generar negocio, es decir, ha de ser comercial de sus propios servicios: tiene que ser capaz de venderlos. Ello es más sencillo de llevar a cabo en los círculos habituales en los que se desenvuelve, y la familia es precisamente el más importante de ellos, y desde luego en absoluto desdeñable.

Finalmente, dos consejos.

    1) Siempre se ha de ejercer la abogacía de una forma Profesional, pero si el asunto a defender es de un familiar, ello ha de ser llevado a la máxima expresión. La familiaridad con el cliente-pariente puede hacer que aquella se pierda de vista y darse una impresión equivocada del servicio prestado.

    2) Los servicios se han de minutar, y en dicha minuta se han de contemplar todos los conceptos/actuaciones que se hayan llevado a cabo. No hacerlo puede hacer creer al cliente-pariente que no se ha trabajado en su asunto o que el trabajo desempeñando no ha tenido mérito. Asimismo se ha de cobrar por los servicios que se prestan. Aunque sea a un familiar. Cosa diferente es que en la minuta se aplique un descuento, de hasta el 100% si se quiere…

LA CRUZ

Javier Íscar de Hoyos
Secretario general de la Asociación Europea de Arbitraje

Es mi opinión personal que los abogados debemos evitar, a toda costa, defender a los familiares. Intentaré en estas pocas líneas argumentarlo.

Hay quien dice que la familia es una especie de “accidente geográfico” en la medida en que uno no elige a sus familiares y, por tanto pueden devenir igual de extraños que los demás con la consecuencia de poder ser tratados como un tercero más. De hecho, seamos abogados o no, conocemos familias que por motivos de diversa índole se han roto o, simplemente, han dejado de tener relación.

Para mí, en cambio, la familia es un bien preciado y como tal debemos hacer, por acción o por omisión, lo que esté en nuestras manos para que permanezca unida, sin fisuras preservándola en la medida de lo posible.

¿Qué debemos hacer si un familiar solicita nuestros servicios para un tema o asunto que requiere la intervención de un abogado?

Entendiendo por familia, a los efectos de este artículo, todos los grados en línea ascendente o descendente, es decir, desde bisabuelos, hasta nietos y colateral hasta el cuarto grado, es decir hermanos, tíos y primos.

Y me estoy refiriendo, en todo caso, a parentesco por consanguineidad, tratando como cuestión distinta el parentesco por afinidad, es decir, cuñados, suegros y parientes del cónyuge, en el caso de que hubiese.

Pero no tanto por acción como por omisión. Creo que el mejor favor que se puede hacer para proteger a la familia y mantener la armonía es intentar evitar asumir la dirección letrada en la mayoría de asuntos que afecten a los familiares. Ello no obsta para que asesoremos y guiemos de la mejor manera posible e, incluso, recomendemos un experto, siendo lo más saludable que el abogado no lleve el peso de ningún asunto de la familia.

El dicho por todos conocido “quien se defiende a sí mismo tiene a un tonto por abogado” es extensible si se pretende defender a un familiar. Se pierde la objetividad del asunto, interviene y pondera en exceso la emotividad y el resultado nunca será recompensado si se sale victorioso y siempre será motivo de disputa sine die si se pierde.

Evidentemente, no es igual defender a un familiar por una multa de tráfico que por un delito de robo con intimidación pero me atrevo a hacer extensivo este consejo de evitar ser abogado de familiares en todo tipo de asuntos, con independencia de cuantía, importancia o complejidad.

La generosidad tiene una doble dirección. Igual de generoso es quien se ofrece desinteresadamente como quien no pide un favor a sabiendas que se pone en un compromiso al profesional. Los familiares deben saber que solicitar los servicios de un abogado, que es familiar, tiene connotaciones personales que no permiten la mejor defensa.

Me atrevo a decir que, incluso, en asuntos donde el familiar tiene dificultades económicas para pagar los honorarios de un letrado, el abogado familiar debería, si puede, ayudar a sufragar los honorarios de otro compañero.

Anticipo que yo no he predicado con el ejemplo y he sido abogado de familiares en todos los grados, de vecinos y de amigos. Esta experiencia me anima a insistir en el consejo. Si eres abogado, intenta no defender a familiares.


Vote:
|| || || || |
Resultado:
320 votos
  • Comparte esta noticia en yahoo
  • Comparte esta noticia en technorati
  • Comparte esta noticia en digg
  • Comparte esta noticia en delicius
  • Comparte esta noticia en meneame
  • Comparte esta noticia en linkedin

Te recomendamos

  • El abogado y el juicio

    El abogado y el juicio

    Estudio práctico de la intervención del abogado en el juicio, partiendo del principio de que éste no limita su actividad a intervenir en sala, sino que su trabajo comienza mucho antes, cuando conoce la fecha del señalamiento del juicio y concluye tras el juicio, una vez ha realizado el cierre del caso.

  • El reto de ser Abogado

    El reto de ser Abogado

    Libro de 101 consejos o tips para el ejercicio de la profesión de abogado basado en una selección de los post publicados por el autor en la revista digital legaltoday desde 2011 hasta 2015 y que ofrecen al lector una visión completa del ejercicio profesional, desde la perspectiva del autor, abogado en ejercicio y socio director de un despacho de abogados.

La Cara y la Cruz

¿Hay un momento en el que un abogado tiene que decidir irse del despacho?

¿Hay un momento profesional en que un abogado tiene que decidir irse del despacho?

Opinión

De la asistencia jurídica gratuita y su prestación

Javier Fuertes (Sobre la Ley 2/2017, de 21 de junio, de reforma de la Ley de Asistencia Jurídica Gratuita)

 
© Editorial Aranzadi S.A.U
 
 

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y poder ofrecerle las mejores opciones mediante el análisis de la navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Para más información pulse aquí.   Aceptar