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La Cara y la Cruz

¿Hay un momento en el que un abogado tiene que decidir irse del despacho?

2 de Mayo de 2017


¿Hay un momento profesional en que un abogado tiene que decidir irse del despacho?


LA CARA

Maria Guardans
General Manager de AdQualis Executive Search Barcelona

La abogacía no es una profesión sencilla.

A los largos años de estudio se le suman, dentro ya del mercado laboral, unos horarios extensivos y un ambiente profesional altamente exigente. Sin embargo, al mismo tiempo el universo jurídico proporciona una carrera que ofrece interesantes planes de crecimiento y una remuneración habitualmente acorde al grado de responsabilidad requerido.

En los últimos años, el sector jurídico está viviendo un fenómeno de rotación de personal inaudito, estimulado en gran medida por motivos coyunturales diversos que dependen de la tipología de despacho de la que se parta. Durante muchos años los abogados que trabajaban en grandes firmas habían encaminado su carrera profesional hacia un claro objetivo: convertirse en socios del bufete. En los últimos años, las restricciones económicas han menguado esta capacidad, provocando una cierta frustración en estos profesionales y forzando su marcha. También se ha producido un giro en el panorama de incorporaciones a altos niveles. En el pasado tan solo tenían acceso a la categoría de socio aquellos profesionales que hubieran realizado un crecimiento interno dentro de la estructura de la firma. En la actualidad, sin embargo, muchas de las Big Four realizan incorporaciones externas a nivel de socios, provocando más movimiento en recursos humanos.

Por otro lado, el exigente ritmo profesional del entorno jurídico supone a menudo un hándicap en cuanto a conciliación laboral y personal se refiere, lo que comporta que los despachos que ofrecen mayor flexibilidad atraigan gran parte del talento. Muchas de las grandes firmas invierten importantes partidas en formación, pero pueden perder fácilmente a su equipo si no encuentran el equilibrio. Por ello, existe un importante porcentaje de profesionales atraídos por virar su carrera hacia la empresa, opción con mejores condiciones horarias. El cambio no debe tomarse a la ligera, ya que quienes apuestan así raramente pueden realizar el camino inverso y volver a despacho. Entonces, ¿existe una fórmula que señale el momento en que un abogado debe dar un salto en su carrera profesional? Desgraciadamente no, aunque sí existen diversos indicadores que alertan de la necesidad de cambiar de entorno. Debe ser cada profesional quien valore los beneficios que le reporta su entorno laboral actual y quien marque unos objetivos laborales claros que le permiten actuar acorde a ello.

¿Y qué hay de las principales medidas que deberían tomar los despachos para evitar la fuga de talento? iniciativas que permitan una mayor conciliación y fomento de planes de carrera dentro de las firmas que permitan a los abogados tener una visión 360º de las diferentes áreas internas. Los bufetes más pequeños, por ejemplo, ofrecen una mayor visibilidad debido a la menor jerarquía interna.

Caso distinto es el de los profesionales con más experiencia quienes, pese a no tener a priori intención de cambiar de trabajo, reciben interesantes ofertas a través de compañías de headhunting, fruto del dinamismo del sector.

LA CRUZ

Virginia Villena
Consultora Senior de Legal en HAYS

Al finalizar la carrera universitaria y empezar la andadura en el mundo laboral, uno tiene una idea sobre cómo quiere que sea su trayectoria profesional. El paso de los años y las diferentes circunstancias, hacen que el resultado final sea muy diferente a la idea, un poco utópica que se tiene al abandonar las aulas, sin que ello sea algo negativo ni un fracaso, sino todo lo contrario.

En el caso de los licenciados en Derecho, la mayoría de los abogados nóveles sueñan con entrar en un gran despacho y hacer carrera hasta convertirse en socios, la meta final. Sin embargo, durante el recorrido, hay varios condicionantes que nos pueden hacer plantear la necesidad de un cambio de trabajo antes de haber alcanzado nuestro objetivo inicial. Generalmente, la primera idea de cambio aparece en torno al período en que se suman de tres a cinco años de experiencia. Empezar en un gran despacho permite aprender, curtirse y crecer rápidamente, puesto que cada año se revisa la categoría y el sueldo. Up or out es la consigna, y si un abogado no asciende algún año significa que se encuentra ante un tope y toca plantearse un cambio.

Los primeros síntomas que nos pueden hacer pensar en virar el rumbo y cambiar de trabajo es el deseo de centrarnos en un único cliente, para poder profundizar más en el conocimiento de un único sector. A ese motivo se le puede sumar las ganas de gestionar los proyectos de principio a fin, teniendo una visión más global de nuestro cometido a largo plazo y de la estrategia general. Además, hoy en día se está dando cierto cambio de paradigma, ya que las nuevas generaciones de abogados valoran cada vez más su tiempo libre. Son ellos los que están liderando un cambio hacia un mayor equilibrio y conciliación entre la vida profesional y personal. Esas son las primeras señales de que toca plantearnos un cambio de empleo para seguir con nuestra carrera profesional.

En algunos casos, el gusanillo del cambio no aparece hasta pasados los diez años de carrera cuando, por un motivo u otro (políticas muy estrictas dictadas desde la matriz internacional, si hay muchos abogados en la misma categoría, o si en nuestro departamento ya hay muchos socios), la oportunidad de llegar a socio se nos escabulle y parece tan lejana como al principio. Es entonces cuando se decide cambiar de trabajo, normalmente a empresa, ocupando un cargo de dirección jurídica de alguna multinacional o pyme que cuente con departamento legal propio.

Hay que tener en cuenta que los motivos del cambio nunca suelen ser económicos, ya que en un despacho grande el salario se revisa cada año, un crecimiento no tan común en las empresas, donde los ascensos e incrementos salariales son más sostenidos. Incluso se puede dar el caso de que al cambiarnos, aceptemos una pequeña bajada salarial a cambio de las ventajas que aporta la nueva posición en una empresa: menos horas de oficina, con un trabajo más centrado en el cliente, lo que permite tener una visión más global y de largo recorrido de nuestro cometido y la estrategia que se llevará a cabo. Pero, sobre todo, el motivo principal del cambio es la oportunidad de comenzar una nueva etapa profesional que aporte tanto nuevos retos profesionales como nuevas formas de trabajo, que puedan llevarnos al ansiado equilibrio entre el mundo profesional y el de ocio. Y eso suele superar nuestras mejores expectativas.


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