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5 de Agosto de 2016

Swap y burbuja hipotecaria

Los llamados Credit Default Swaps, dotaron de una gran dimensión a los mercados de titulización hipotecaria vendiéndose masivamente como instrumentos de protección para los inversores, frente a la oscilación de precios de esos títulos (posteriormente esta premisa se ha visto descalificada por los tribunales de justicia, debido al abuso cometido por parte de las entidades financieras en la venta de productos muy complejos a inversores no cualificados o de banca retail, al cometer un error imperdonable en el tracto financiero mundial, no suministrando información debidamente contrastada y comprensible para el tipo de inversor al que destinaron estos productos tan complejos). Se convirtieron así en el motor impulsor de la burbuja inmobiliaria.

Florentino María Rodero Vicente,
abogado


A partir de esto nos encontraremos con la figura Collaterized Debt Obligations (CDO de aquí en adelante). Los CDOs se refieren a la deuda obligatoria colateral, siendo una simple apuesta financiera cuyo valor subyacente radica en el valor de los valores o títulos hipotecarios, convirtiéndose un mismo valor comerciable en la base de una infinidad de inversiones financieras y con ello en el origen de pérdidas generalizadas cuando se produjo el colapso del mercado inmobiliario.

Llegado el estallido de la burbuja hipotecaria, los derivados pasaron a ser el principal foco de atención. Sus efectos fueron absolutamente destructivos para la mayor parte de instituciones financieras estadounidenses; las pérdidas para algunas de ellas fueron originadas por la contratación de estos derivados en mercados carentes de los más mínimos parámetros de trasparencia, saliendo a la superficie la obligación de reconocer la verdad y asumiendo que solo se podían afrontar las estratosféricas pérdidas a partir de un programa masivo de rescate por parte del tesoro público.

Ante tan lamentable escenario y ante la imposibilidad de la negación de una evidencia como que el verdadero causante de semejante crisis había sido el enorme déficit normativo existente hasta el momento, resultaba prescriptiva la introducción de múltiples baterías de nuevas disposiciones dirigidas a disciplinar todos los mercados financieros. Dentro de la amplia reforma normativa que se hizo para el sistema estadounidense, fue la ley Dodd-Frank, en su título séptimo la que dedicó a los productos derivados imponiendo un régimen de ordenación de los mercados Over The Counter, de Derivados cuyos principales objetivos ya habían sido anticipados en el informe de la Comisión. Esa disciplina estaba llamada a asegurar transparencia y eficiencia en esos mercados y a reducir de forma notoria el riesgo sistémico.

La nueva legislación y su desarrollo se vieron acompañados por nuevos poderes de supervisión e intervención de las autoridades, así como por la dotación hecha a esos mercados de sistemas de liquidación y compensación que actuarán como garantía del correcto funcionamiento de dichos mercados.

Destacaremos la llamada Regla Volcker contenida en el título Dodd-Frank, en virtud del cual los bancos debían alejarse de determinadas modalidades de negocio sobre valores y sus derivados.

La llamada regla Volcker es la propuesta de ley de reforma del sistema bancario que lanzó el gobierno de Obama en el año 2010 y recibe el nombre en honor a Paul Volcker, expresidente de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos. Dicha norma consiste en limitar el tamaño de los bancos y restringir sus actividades de riesgo. Prohíbe operaciones que buscan ganancias rápidas, pero ofrece exenciones para suscribir y construir mercados de valores, además de cubrir riesgos. También se incluye un programa para garantizar que los bancos no hagan operaciones propias haciéndolas pasar como cobertura. Entre otras medidas, establece un límite de 3% del capital total de los bancos, para aportar capital a fondos de inversión alternativa o realizar operaciones a corto plazo con la cartera propia para su beneficio y les exige llevar un registro más exhaustivo de sus actividades. Asimismo, impide a cualquier banco que capte depósitos garantizados por el Estado tener hedge funds, o fondos de private equity o comprar y vender títulos por cuenta propia (en particular, hipotecas subprime).Con estas medidas, se quiere evitar que se creen entidades demasiado grandes para quebrar y que obliguen al Estado a salir siempre a su rescate, como ocurrió en el 2009.

Prohibiendo a las entidades este tipo de operaciones por cuenta propia, se pretendió superar el riesgo de que una contratación masiva de derivados pudieran terminar con la solvencia de la propia entidad. Su inspiración entroncaba con un principio de ordenación financiera clásico como es el alejamiento, cuando no, la separación de banca retail básica frente a operaciones, contratos e instrumentos financieros con componentes especulativos notables y que incorporan ciertos riesgos financieros no desdeñables.

Ha pasado poco tiempo desde que se adoptaron estos cambios normativos, los cuales suponen un reconocimiento de amenaza para las instituciones financieras y, especialmente, por parte de los clientes que operaban con derivados. A pesar de todo esto, se han repetido algunos casos que han vuelto a reactivar las alarmas y a poner de manifiesto el potencial lesivo que pueden llegar a tener este tipo de instrumentos financieros.

En contraste con el espíritu que impregna nuestro derecho hipotecario, cuya primera ley data del año 1861, se han cometido en el mercado de productos estructurados errores sustanciales que han ocasionado las sucesivas demandas judiciales contra las entidades financieras al carecer de la total transparencia que persigue nuestro derecho hipotecario, a través de la publicidad registral la cual exterioriza de forma continuada las diferentes jurídicas transcendentales referidas a inmuebles. Todo esto lo hace a través de un registro público. Podríamos definirlo como un principio de exteriorización frente a la clandestinidad. Llevado este principio al mundo de los productos estructurados a través de la transparencia e información debida a cada cliente, se hubiese evitado el colapso financiero que se ha originado en los años pasados.


Florentino María Rodero Vicente,
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