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Penal

16 de Octubre de 2019

Cómo reducir la reincidencia e incrementar el índice de reinserción desde el centro penitenciario

Tanto en la Constitución Española en su artículo 25.2 como en el Título Preliminar de la Ley General Penitenciaria se expone la prisión, como pena privativa de libertad que tiene el objetivo de la reeducación y la reinserción del condenado, a través del sistema progresivo donde además el recluso obtiene mejoras en su estancia en prisión en función del buen comportamiento demostrado.

Amalia Fustero Bernad,
jurista


Expuestas las premisas legales, y teniendo claro que el ingreso de un sujeto en prisión tiene como objetivos claves su reinserción, reeducación y evitar la reincidencia, analizamos la vida carcelaria en España, como es el día a día de los reclusos en nuestras cárceles, como afecta en su cotidianeidad el tratamiento recibido, y como se traduce en la reeducación, reinserción y reincidencia. Datos que deben tenerse en cuenta al estar en el país de la Unión Europea con mayor población reclusa por habitante, en torno a los 80.000, con una tasa de reincidencia también considerable (alrededor del 30%), a lo que tenemos que sumar la importante suma de dinero que supone al Estado la población carcelaria, porque los 60 euros al día que aproximadamente cuesta cada preso, lleva a plantearnos que de disminuir esa población, ese dinero podría derivarse a otros sectores que influirían a que la tasa de reincidencia y delincuencia se redujera todavía más, con actuaciones como acciones educativas y sociales en zonas chabolistas o barrios marginales, que con el tiempo revertirían en una disminución delincuencial.

Los técnicos de Instituciones Penitenciarias aseguran que: "partiendo de la base de que nadie puede vivir del todo bien privado de libertad, los presos en nuestras cárceles tienen buena calidad de vida". Los datos, de hecho, dicen que España está entre los ocho países con mejores cárceles de la Unión Europea, contando con cárceles modernas y perfectamente equipadas, ya que la mayor parte de ellas son nuevas y las que no se han sometido a reformas integrales, como la cárcel de Teruel, que pese a conservar su arquitectura exterior se ha realizado una remodelación interior. En los centros se cubren todas las necesidades de los internos, los internos tienen acceso a la educación, de cualquier nivel, incluso universitaria, contando con profesores que imparten las materias y servicio de biblioteca. Los reclusos también tienen la posibilidad de comunicarse con el exterior, a través de internet, con comunicaciones postales, el locutorio y el vis a vis. Así mismo, la mayor parte de las prisiones españolas cuenta con instalaciones deportivas donde los presos pueden practicar actividades como: correr, nadar, jugar al futbol y baloncesto. Importantes instalaciones que ayudan a aliviar la tensión de los internos.

Pero vamos a ir más allá de los aspectos formales y materiales, vayamos al día a día del interno, no quedándonos con los recursos que cuentan nuestras prisiones, valoremos aspectos concretos donde sea posible visualizar donde aparecen las carencias que motivan tan alto nivel de reincidencia. Porque quizás sea ahí, en el tratamiento del interno, en el "tratamiento del tu a tu", donde se observe situaciones a mejorar para cambiar la reincidencia por la reinserción. Comenzaremos por la celda, la habitación individual con la que debe de contar cada preso pues según el Artículo 19.1 de la Ley General Penitenciaria todos los internos se alojaran en celdas individuales, máxima que no se está aplicando en nuestro país, trasladándolo a datos objetivos hay aproximadamente 142 presos por cada 100 plazas, por lo que lo articulado en la Ley Penitenciaria muy pocas veces se cumple. Y no es un tema baladí pues una situación tan sencilla como la soledad de un interno en su celda le aportara, además de intimidad, muchos otros beneficios, como encontrar un momento de silencio, fundamental para el bienestar emocional, para poder reflexionar acerca de su vida y como sus decisiones le influyen tanto a él como a los que le rodean. Además, la soledad potenciará al interno su independencia y autonomía personal.

Otro aspecto a tener en cuenta es el acceso a un trabajo dentro de la prisión, que pese a estar recogido constitucionalmente, no todos los internos que desean trabajar pueden hacerlo, apareciendo así frustraciones indebidas, estrés innecesario y aflorando sentimientos como la vergüenza, el fracaso y la culpa.

En cuanto a las actividades conducentes a potenciar la rehabilitación en el sistema penitenciario español se aborda desde dos programas de tratamiento, por un lado el tratamiento genérico, en los que los internos dedican su tiempo en prisión de una manera productiva, desarrollando actividades culturales, laborales, deportivas, lúdicas..., y por otro los programas específicos dirigidos a problemas individuales de delincuencia de cada recluso, tratando problemas como la drogadicción y la violencia en todas sus variantes. En relación a los programas genéricos, los internos pueden con mayor o menor posibilidad participar en alguno de ellos, en cambio en lo que a los programas específicos se refiere, solo existen dos: el programa de desintoxicación para internos drogodependientes, y los programas de orientación cognitivo- conductual para los internos condenados por delitos violentos. Hemos de destacar, que no en todas las prisiones españolas están estos programas, lo que genera un panorama demoledor, pues no es que sean deficientes los programas dedicados a la rehabilitación de los internos, sino que además los pocos que existen no son ofertados en todos los centros penitenciarios, lo que acarrea un trato desigual para los internos y un desaprovechamiento del periodo durante el cual una persona ha estado interna, no tratándola de una manera efectiva conducente a la reinserción y a su no reincidencia. Otro aspecto negativo de nuestras cárceles es el problema que genera que el preso no pueda cumplir condena en su propia comunidad autónoma, pues impide un contacto más continuo con su familia y amigos, lo que aumenta exponencialmente su reinserción. Este extremo ya lo apunto el Defensor del Pueblo (PUEBLO, 1999) donde recomendaba que se estableciera un sistema de listas de espera que diera racionalidad y seguridad a las peticiones de traslado.

Expuesto lo anterior, podemos entender que existen factores que imposibilitan, o cuanto menos, debilitan en gran manera la reinserción y no reincidencia de los internos en centros penitenciarios en España. Por ello vamos a fijarnos en Noruega, país en el que las tasas de reincidencia se han reducido a partir de que se impusiera hace más de veinte años un sistema penitenciario menos punitivo que el nuestro. Noruega siempre se ha destacado por tener un sistema penitenciario verdaderamente humano, Su filosofía puede resumirse en una frase: «Si les tratas como hombres, se comportarán como hombres». Las cárceles noruegas constan de unas instalaciones que suponen una gran inversión, quizás imposible de sostener para una economía como la española, pero que deberían tenerse en cuenta si el objetivo de nuestro Estado es disminuir la reincidencia y apostar por la reinserción. El sistema penitenciario nórdico considera que tanto el centro penitenciario como el trato recibido en él debe parecerse lo máximo posible al tipo de vida y sociedad que se va a encontrar el interno una vez cumpla condena y se reincorpore a la sociedad. Así, en cuanto al primero, en las cárceles nórdicas no nos encontramos con torretas de vigilancia, ni estancias frías debidas al color blanco de sus paredes y el aluminio de sus materiales, en Noruega observamos habitaciones decoradas con madera, y donde las alambradas, de estar, están detrás de una frondosa vegetación.

La Directora de los servicios penitenciarios noruegos explica: "Tratamos cada caso de modo individual. Aquellos en los que la sentencia es más severa, las condiciones de encarcelamiento también pueden ser más duras, es decir, habrá menos relación con los demás reclusos y más restricciones". Existe por tanto un grado de reclusión individualizado a cada interno. Así, nos encontramos con distintos tipos de centros desde unos más restrictivos como la de Halden Fengse a otros mucho más abiertos como el de Bastoy, aunque todas coinciden en que cuentan con amplias zonas verdes y estancias cálidas y acogedoras.

En las cárceles noruegas los internos habitan en celdas individuales de 8 metros y medio, y pequeños grupos de presos comparten estancias como baño, ducha, cocina, sala de estar, gimnasio, sala de música y biblioteca. Esto no ocurre con los presos más conflictivos, estos tienen una celda con medio metro menos, y dos estancias más de uso exclusivo. Por lo que no comparten espacios con otros presos, pues no están en contacto con el resto de internos, solo con los funcionarios del centro.  En el aspecto laboral, los internos noruegos poseen programas educativos y de formación, de obligado cumplimiento al principio de su estancia. Pudiéndose convertir con el tiempo incluso en emprendedores realizando labores como agricultores, ganaderos, carpintero, electricistas... Respecto al contacto con las familias, los centros penitenciarios cuentan con estancias donde pueden hospedarse la familia del interno, pudiendo el mismo pasar la noche con ellos. En cuanto a los programas de rehabilitación, las cárceles noruegas cuentan con actividades encaminadas a la desintoxicación y tratamiento de la drogadicción, al mismo tiempo que el interno se encuentra cumpliendo condena. Ponen mucho empeño las autoridades noruegas en la erradicación de la droga dentro de los centros penitenciarios. Por tanto, todo el sistema penitenciario noruego va dirigido a la reinserción del interno, pues no solo lo expresa así su normativa nacional, sino que en la práctica se lleva a cabo taxativamente, así, comenzando con el aspecto de las prisiones, estas destacan por tener amplias zonas verdes, por donde el interno puede caminar o realizar ejercicio y es muy difícil ver alambradas, barrotes, o grandes muros. Seguimos con el aspecto de las habitaciones y demás estancias de los presos, caracterizadas no solo por ser cómodas, cálidas y acogedoras, sino porque recrean la vida real, máxime cuando determinadas estancias son compartidas por un grupo de presos y tienen que organizarse para la convivencia y organización en los mismos espacios. Continuamos con los programas conducentes al desarrollo de un empleo remunerado, donde cada preso cuenta con un empleo, por el cual se le da una nómina y el propio interno decide en que gastarla. Y por último, y no menos importante, se cuenta con actividades para procurar una rehabilitación física y psicológica del  interno con tratamientos desintoxicantes y modificadores conductuales, que unido a la existencia de espacios de esparcimiento donde el interno puede realizar actividades de forma individual o colectiva como nadar, esquiar, etc., le ayudaran en su proceso de rehabilitación y reinserción, enseñándoles que otra forma de vida es posible, pues solo con una demostración física y real se podrá alejar a estos sujetos de la delincuencia y de la reincidencia.

Una vez analizados los sistemas penitenciarios español y noruego observamos que España le queda mucho que aprender, tanto en la imagen de lo que entraña una cárcel, en el plano material, con respecto a los medios humanos y arquitectónicos utilizados, como, y lo que es más importante en lo que respecta al tratamiento del interno. Pero la modificación del sistema penitenciario español no versaría en un cambio normativo, el cambio que alego en esta exposición es algo más profundo, de índole personal, un reto que debe proponerse cada interno, marcándose como objetivo otro tipo de vida fuera de la delincuencia que es capaz de conseguir con los orientadores de los centros que le acompañan en el camino hacia su reinserción.

Tanto en el plano material como en el personal, un cambio en la dinámica penitenciaria española conllevaría a corto/ medio plazo a una disminución de la tasa de reincidencia y, lo que es mejor, un aumento del nivel de reinserción. Se debe realizar una valoración del interno individual, con un seguimiento exhaustivo, observando sus carencias, debilidades y realizando un planning de acompañamiento de su cambio, porque toda reinserción de un delincuente ha de comenzar por un cambio personal, con una actitud y aptitud frente al cambio, unido a una necesidad de mejorar, entendiendo que otro modo de vida es posible, una vida nueva que le hará más estable y feliz.

Aunque resulta evidente que para la administración pública este cambio dirigido hacia un servicio penitenciario nórdico supondría un desembolso económico imposible de soportar por nuestra nación, bien es cierto que el cambio puede irse realizando poco a poco, quizás en un primer momento realizando pequeños proyectos o módulos piloto en determinadas cárceles con el objetivo primordial de dotar de mayor independencia al interno, conducente a  cambiar a los internos desde el interior, dándoles la posibilidad de valorarse y mostrándoles el camino del cambio, todo ello en aras de alcanzar la máxima nórdica de «Si les tratas como hombres, se comportarán como hombres», pues solo así es posible iniciar el camino de la reinserción y la no reincidencia de la población reclusa.


Amalia Fustero Bernad,
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