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Penal

1 de Febrero de 2008

El trust como instrumento de planificación sucesoria

Sonia Martín Santisteban,
Profesora Contratada Doctor en el Departamento de Derecho Civil de la Universidad de Cantabria



El instituto angloamericano del trust permite regular la sucesión del patrimonio familiar durante varias generaciones, asegurando su permanencia dentro de la familia. Ofrece igualmente la posibilidad de posponer en el tiempo la elección de los destinatarios finales y la medida de su participación en los bienes del fondo, pudiendo así valorar circunstancias desconocidas en vida del causante.

Algunas de las principales aplicaciones que recibe el trust en los países de common law se verifican en el ámbito sucesorio. En Estados Unidos, la difusión de la figura se ha debido, en gran parte, al interés que existe en evitar el procedimiento del probate. Este  procedimiento judicial, en virtud del cual se produce la transmisión de bienes a la muerte de una persona en los países de common law, alcanza en la mayoría de los estados norteamericanos una gran complejidad, lo que se traduce en un elevado coste, en términos de tiempo y dinero y en otros inconvenientes, como la falta de privacidad. De ahí que el norteamericano medio recurra a los wills substitutes, mecanismos específicos que permiten transmitir bienes inter vivos pero con efectos post mortem, sin pasar por el probate. Una de estas figuras es precisamente el living trust o trust inter vivos.

Al constituir un trust inter vivos, el settlor se despoja en vida de la propiedad de los bienes transferidos al fondo que son adquiridos por una persona que los administra en beneficio de terceros. El mismo settlor puede actuar como gestor y ser el único beneficiario de los frutos generados por dicha gestión (las posiciones pueden solaparse sin llegar a confundirse) pero, a su muerte, los bienes restantes en el fondo son entregados a las personas que él designó en el documento constitutivo como beneficiarios finales.

Evitar el procedimiento del probate no es una función extrapolable al ámbito de los países de civil law, donde no existe tal procedimiento, pero si lo es en cambio la posibilidad de utilizar el trust para planificar el destino de los bienes más allá de la muerte del causante. En primer lugar, el settlor puede asegurarse de que sus bienes seguirán en el patrimonio familiar durante una o varias generaciones, encomendando a quien hará las veces de sucesivo trustee tras su fallecimiento, que distribuya los frutos del trust entre sus hijos y, sucesivamente, entre sus nietos, y que posteriormente distribuya los bienes que queden en el fondo entre sus bisnietos cuando éstos cumplan cierta edad. Siempre que se respete el límite de duración máxima del trust (aproximadamente unos 90 años), se puede inmovilizar el capital transferido, beneficiando a sucesivas generaciones con los frutos. Los bienes del trust no pueden ser embargados por deudas ajenas a la finalidad fiduciaria (la gestión en beneficio de los familiares) puesto que forman un patrimonio separado. Quedan protegidos frente a los acreedores personales del trustee y los de los propios beneficiarios.

El settlor puede diferir la adquisición de la propiedad de los bienes, por parte de los destinatarios finales, hasta el momento en que éstos cumplan la edad que él considere adecuada para asumir la titularidad y administración del patrimonio, o puede también condicionar la entrega de los bienes al cumplimiento, adicional o alternativo, de otros eventos: que los beneficiarios hayan acabado sus estudios, encontrado un trabajo, contraído matrimonio. Otra posibilidad es conceder discrecionalidad al trustee para que sea él quien juzgue cuando y/o quienes de los descendientes ha alcanzado el grado de madurez suficiente para hacerse cargo de los bienes. De esta forma se pueden valorar nuevas circunstancias que se vayan presentando durante la vigencia del trust y que no podían ser conocidas por el settlor.

Aunque se utilice como instrumento de derecho sucesorio, el trust se constituye por lo general con carácter inter vivos y no mortis causa. Ante todo porque es la única forma de evitar el probate pero, además, porque al transferir la propiedad de los bienes en vida, el settlor puede constatar las aptitudes gestoras de la persona designada como trustee o cotrustee. El settlor no pierde por ello la posibilidad de seguir gozando de sus bienes en calidad de beneficiario vitalicio, y si además constituye el trust como revocable, podrá recuperar la propiedad de sus bienes cuando lo desee. No obstante, al haberse reservado el control sobre el destino de sus bienes, en este último caso los bienes trasmitidos al trust siguen respondiendo de sus deudas personales.

El trust inter vivos permite un tráfico fluido de bienes y derechos en el seno de la familia. Los familiares pueden disfrutar de forma anticipada y limitada del patrimonio del causante y éste prolonga a través del trust su control sobre los bienes.


Sonia Martín Santisteban,
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