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14 de Diciembre de 2016 La mayor interlocución de la Administración y los profesionales deviene imprescindible

Un nuevo sistema de pensiones

El sistema público de pensiones fue diseñado bajo unos parámetros cuya evolución ha desbordado toda posible previsión, situando el gasto en pensiones públicas en unos niveles inasumibles para el actual sistema, los datos son cada vez más reveladores de una problemática, como otras varias, no acometida con la profundidad que ello requiere.

José Antonio Sánchez Lucán,
Presidente del Consejo General de Colegios de Habilitados de Clases Pasivas


Pero hay que acometerla y en su verdadera y real dimensión que es a estas alturas suficientemente clara como para no seguir con parches, limitaciones de lo políticamente correcto o la de no alarmar a la población y particularmente a los pensionistas, que es precisamente la actitud de los responsables que resulta más alarmante.

Como se suele decir, y en este caso es muy gráfico, el término "taurino", hay que agarrar al toro por los cuernos.

Hay que cambiar el sistema y ello requiere, lo primero, garantizar que a los que ya adquirieron derechos en el mismo se les respeten, ello, con el régimen transitorio más equilibrado y ajustado.

Está claro que las pensiones están, a determinados niveles, concebidas como una base para el retiro, presuponiendo que hay otros ingresos previsibles que vendrán de productos financieros y sobre todo no financieros, como el inmobiliario, que según las últimas cifras alcanza un 74% del total de la inversión de los españoles. Si bien lo anterior es cierto, no cabe duda de que hay un número muy elevado de pensionistas que no van a tener otros ingresos. Este es el colectivo más preocupante porque su situación puede devenir severamente problemática, de subsistencia, si su pensión no discurre como está previsto.

Habrá que ir a un sistema complejo, pero que sea previsible y que, por ello, denote confianza. Hasta ahora vemos muchos análisis de la situación, muchas propuestas no siempre viables o encajables pero pocas propuestas concretas que representen un verdadero plan sólido a ejecutar en un futuro próximo, la cuestión no es baladí ni admite tanta literatura, alguna, no toda, de gran calidad, que habrá de ser referencia para resolver y no sólo para contemplar, si en ello reside una actitud de ver y no hacer.

Las causas de la previsible insostenibilidad del sistema público de pensiones son ya de cultura general y quizá no es menester referirnos a ellas. Lo que sí parece cierto es que genera preocupación y desconfianza, estando en un puesto excesivamente elevado de la preocupación de los ciudadanos.

A la gente hay que hablarle claro, los profesionales que estamos en este ámbito de previsión pública hemos de colaborar con las Administraciones, y también nos debemos al pensionista y al que lo será más mediatamente. No podemos obviar la orientación y el asesoramiento. Ello nos pone en un compromiso ético que se recoge como norma deontológica que proyecta el comportamiento correcto hacia nuestro cliente.

Cliente que es frecuentemente peculiar, caracterizado precisamente por la edad avanzada, con lo que ello supone, en muchas ocasiones, en torno a la incertidumbre, la inseguridad y la sensibilidad que nos encontramos todos los días.

No se trata de trasladar confianza sin una base sólida, a las personas hay que contarles la realidad. La cifra global de déficit de 35.0000 millones de euros equivalente al fondo de pensiones creado para garantizarlas, en cifras globales, es casi el montante correspondiente a cuatro mensualidades de pensión; y que el déficit vaya creciendo unido a otros factores que nada contribuyen al control de esta tendencia, no es una información que tranquilice.

La cuestión es más técnica y social y debía ser menos política. Quizá se podía plantear un nuevo sistema que resulte viable y suficiente atendiendo a situaciones transitorias, pero que tienda a una creación nueva que huya del déficit estructural existente, aplicando modelos como el sueco, pero sin olvidar que en el paquete de prestaciones existentes en España ha de permanecer el factor de solidaridad que siempre caracterizó a nuestro sistema desde los años cincuenta.

Tenemos que acercar al regulador a la realidad, comprender todas las razones que existen en todo el campo en el que se sitúa esta problemática y dialogar. Hay miles de profesionales que ven a miles de pensionistas actuales y futuros. Una labor coordinada y cohesionada del regulador con los profesionales es la primera carencia que apuntamos. Lo que pretenden estas líneas es incidir en la necesidad de esa interlocución para que no sigamos por caminos diferentes, todos tenemos la mismas miras, el interés general y, en concreto, el de los pensionistas, por ello, el trabajo en conjunto que reclamo se hace imprescindible.


José Antonio Sánchez Lucán,
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