Inteligencia artificial en la práctica jurídica: lecciones recientes y claves para una integración consciente en un entorno sensible
Mercedes Borredat, Antonio Huguet y Álvaro Mendivil
Area de Propiedad Intelectual, Industrial, Tecnología, LegalTech y Digital Transformation de Pérez-Llorca
La cuestión de fondo no es si la IA debe utilizarse en el derecho, sino cómo integrarla de forma que refuerce, y no debilite, la calidad del trabajo jurídico
La IA puede convertirse en una aliada valiosa como herramienta al servicio del profesional, integrada en procesos bien diseñados y acompañada de criterio experto para preservar la calidad y seguridad jurídica
La inteligencia artificial (IA) se ha incorporado al ámbito jurídico con una rapidez que ha superado la capacidad de reflexión que tradicionalmente acompaña a los cambios estructurales en el derecho. Hoy es habitual encontrar herramientas con IA apoyando tareas diversas: desde la revisión y clasificación de documentos, la elaboración de borradores, el análisis de riesgos, hasta la preparación de escritos procesales o la organización de argumentos jurídicos.
Esta expansión no es anecdótica ni reversible. La IA forma parte del ecosistema jurídico y todo indica que su presencia será cada vez más relevante. Sin embargo, últimamente hemos sido espectadores de una serie de episodios que invitan a una reflexión más profunda sobre cómo se está utilizando esta tecnología y qué modelo de integración resulta adecuado en un entorno especialmente sensible como es el jurídico.
Recientemente el Tribunal Superior de Justicia de Canarias acordó investigar si un abogado había incorporado en un escrito referencias a resoluciones inexistentes del Tribunal Supremo y a un supuesto informe del Consejo General del Poder Judicial, aparentemente sugeridos por una herramienta de IA generativa. Poco después, se conoció un supuesto en Ceuta en el que un órgano judicial habría utilizado contenidos generados por IA en una resolución, incluyendo referencias jurídicas erróneas o inexistentes. Analizados de forma conjunta, estos episodios revelan una misma tensión desde perspectivas distintas — abogacía y judicatura— y ponen de manifiesto un fenómeno latente: la incorporación de sistemas de IA generativa en tareas jurídicas sin una delimitación clara de su papel, su alcance y sus límites.
La cuestión de fondo no es si la inteligencia artificial debe utilizarse en el derecho, sino cómo integrarla de forma que refuerce, y no debilite, la calidad del trabajo jurídico.
Un entorno donde la interpretación y la responsabilidad son centrales
El derecho no es un sistema puramente técnico ni automático. La práctica jurídica se apoya en la interpretación, ponderación de riesgos, valoración estratégica y anticipación de consecuencias. La redacción de un contrato, la emisión de un informe jurídico, el asesoramiento en una operación corporativa o una revisión de cumplimiento normativo, implican decisiones que no se limitan a aplicar reglas, sino que requieren juicio profesional.
Este rasgo del derecho es especialmente relevante al introducir sistemas de IA que generan contenido a partir de patrones lingüísticos y probabilísticos. Estos sistemas pueden producir textos coherentes y estructurados, pero no distinguen entre lo jurídicamente correcto y lo simplemente verosímil, ni valoran el impacto de una determinada redacción o interpretación.
En consecuencia, emerge aquí uno de los dilemas más relevantes del momento actual: cuando la IA deja de ser una herramienta de apoyo y comienza a comportarse como un agente que propone soluciones jurídicas completas, el riesgo no reside únicamente en el error factual, sino en la progresiva desdibujación del papel del profesional del derecho.
Asistencia frente a delegación y riesgos: una línea que no siempre es evidente
La IA aporta un valor indiscutible cuando se utiliza para asistir al abogado: organizar grandes volúmenes de información, identificar patrones, comparar versiones, sugerir estructuras o facilitar el acceso a conocimiento previo. Estas funciones mejoran la eficiencia y liberar tiempo. El problema surge cuando esa asistencia se transforma en una delegación de funciones que implican criterio jurídico. Los casos recientes muestran precisamente esta zona gris. No se trata únicamente de errores técnicos, sino de una expectativa a veces inconsciente, de que la IA puede actuar como un agente con capacidad de «razonar jurídicamente». Este fenómeno no se limita al ámbito contencioso, sino que puede manifestarse igualmente en la práctica contractual, en operaciones complejas o en procesos de revisión documental masiva.
La experiencia reciente permite identificar una serie de riesgos asociados al uso no reflexionado de la IA en el derecho:
– Generación de referencias incorrectas.
– Pérdida de trazabilidad y control sobre las fuentes utilizadas.
– Homogeneización acrítica del razonamiento jurídico.
– Automatización de decisiones que requieren valoración contextual.
– Amplificación de errores cuando se integran sistemas de IA en procesos mal diseñados.
Estos riesgos no dependen solo de la herramienta, sino del modelo de integración. Incluso soluciones avanzadas pueden generar problemas si se introducen como agentes autónomos dentro de procesos que exigen interpretación y responsabilidad profesional.
Un enfoque constructivo: la IA como herramienta integrada en el método jurídico
Frente a estos riesgos, la respuesta no debería ser restrictiva, sino estructural. La IA puede aportar un enorme valor al trabajo jurídico si se integra como una herramienta dentro del método jurídico, y no como un sustituto de este.
Esto implica asumir que la IA puede proponer, sugerir, ordenar o acelerar tareas, pero que la validación final, la interpretación y la toma de decisiones deben permanecer en manos del profesional. Este enfoque resulta especialmente adecuado en un ámbito donde el margen interpretativo es amplio y donde la calidad jurídica no se mide solo por la corrección formal, sino por la adecuación al contexto y a los objetivos perseguidos. Las soluciones especializadas de LegalTech encajan mejor en este modelo, siempre que se utilicen con conocimiento de sus límites y bajo los criterios adecuados.
Procesos, gobernanza y acompañamiento experto
Uno de los aprendizajes más claros que se desprenden es que la implantación de IA en el ámbito jurídico no puede abordarse únicamente desde una perspectiva tecnológica. Antes de introducir herramientas, es imprescindible revisar los procesos existentes, identificar qué tareas son susceptibles de automatización y definir puntos claros de control.
El acompañamiento experto es esencial para diseñar este marco de integración: no solo para seleccionar herramientas, sino para establecer políticas de uso, formar a los equipos y garantizar que la IA se utilice de forma coherente con las obligaciones éticas y profesionales.
La inteligencia artificial ha aterrizado para desempeñar un papel fundamental en la práctica jurídica, y lo seguirá haciendo en el futuro. Los casos recientes no deberían interpretarse como una advertencia para frenar la innovación, sino como una invitación a integrarla con responsabilidad.
El derecho es un ámbito sensible, interpretativo y estratégico. Precisamente por ello, la IA puede convertirse en una aliada valiosa, desplegándose de la mejor manera: como herramienta al servicio del profesional, integrada en procesos bien diseñados y acompañada de criterio experto para preservar la calidad y seguridad jurídica. ■