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Paganini pierde el juicio

Pedro Beltrán

Presidente de la Asociación Europea de Abogados

La figura de Niccolò Paganini suele asociarse al virtuosismo extremo, al mito romántico del genio maldito y a una vida marcada por el éxito artístico y el escándalo. Mucho menos conocida es, sin embargo, su derrota judicial más importante, el litigio relacionado con el Casino de París, que Paganini perdió en primera instancia y también en apelación, y que acabó forzándolo a abandonar Francia para evitar la ejecución de la sentencia.

En 1837, ya consagrado como el violinista más célebre de Europa, Paganini decidió invertir parte de su fortuna en un ambicioso proyecto empresarial: el Casino Paganini, un establecimiento parisino concebido como espacio de ocio refinado, con juegos, conciertos y un restaurante de lujo. El proyecto respondía a una lógica moderna: transformar el capital simbólico del artista en capital económico estable, más allá de los ingresos irregulares de las giras. Paganini no era un ingenuo en materia financiera, pero sí un músico que confiaba en exceso en intermediarios y gestores.

El proyecto fracasó rápidamente debido a problemas administrativos y de licencias, especialmente relacionados con el juego. También afecto la gestión deficiente por parte de intermediarios, los elevados costes de mantenimiento y un marco legal francés restrictivo con los establecimientos de juego.

Cuando el Casino empezó a generar deudas, los socios y acreedores reclamaron responsabilidad directa a Paganini, no como artista, sino como promotor, inversor principal y titular del nombre comercial. Paganini intentó defenderse alegando que había delegado la gestión, había sido mal asesorado y desconocía las irregularidades.

El litigio llegó a los tribunales franceses en 1938. La sentencia condeno a Paganini. Los jueces consideraron que el violinista no podía desligarse contractualmente de un negocio que llevaba su nombre, la delegación de la gestión no eliminaba la responsabilidad civil y el prestigio artístico no generaba un estatuto jurídico especial.

 La sentencia le condenaba a asumir importantes responsabilidades económicas, con consecuencias patrimoniales graves. Se conserva el texto de esa sentencia de la Corte real de Paris de 2 de marzo de 1839 que le condena a pagar 20.000. francos

Paganini recurrió la decisión, pero la apelación fue igualmente desestimada, confirmando el criterio de que el prestigio artístico no atenúa la obligación jurídica ni justifica un trato excepcional. También recurrieron los acreedores. Su recurso de apelación fue estimado y se condenó al violinista a pagar 50.000. francos.

La derrota judicial tuvo efectos inmediatos. Paganini se encontró ante la perspectiva real de un embargo en ejecución de la sentencia, en un momento en que su salud era frágil y su capacidad para generar ingresos regulares estaba disminuyendo. Su reacción fue drástica pero eficaz: abandonó París y cambió de residencia, desplazándose a Niza donde la ejecución de la sentencia del tribunal de Paris resultaba jurídicamente compleja o inviable. Niza no fue parte de Francia hasta 1860. Mediante el tratado de Turín paso del Reino de Cerdeña-Piamonte a Francia como parte de los acuerdos de Napoleón III con Cavour durante la unificación italiana.

No se trató de una huida clandestina, sino de una estrategia legal de elusión, perfectamente conocida en la Europa del Antiguo Régimen tardío, donde la circulación entre Estados dificultaba la efectividad transnacional de las decisiones judiciales.

Este desplazamiento contribuyó al deterioro final de su salud, su aislamiento y la progresiva desaparición de la vida pública.

El caso es extraordinariamente moderno por varias razones. Paganini es uno de los primeros “artistas-marca”. El juicio muestra que el derecho no reconoce privilegios al genio, el nombre comercial implica responsabilidad. Anticipa conflictos actuales como la relación entre artistas y sociedades, la delegación de la gestión y la responsabilidad por imagen y marca.

Paradójicamente, el juicio perdido contribuyó también a reforzar el mito. El Paganini que abandona París para evitar la ejecución de una sentencia encaja perfectamente en la imagen romántica del genio perseguido por la sociedad burguesa y sus leyes. Sin embargo, desde una perspectiva jurídica, el episodio recuerda algo menos poético pero esencial: el arte no suspende el derecho, y la genialidad no exime del cumplimiento de los contratos.

Paganini también fue objeto de acusaciones morales y rumores sobre su vida privada, incluidas insinuaciones relativas a relaciones con mujeres menores de edad, pero no se conserva ningún proceso penal ni sentencia que confirme tales hechos. Estas imputaciones forman parte de la construcción romántica del “genio maldito” en el siglo XIX.

Dos años después de instalarse en Niza Paganini murió. Tenía 57 años. La Iglesia prohibió que fuera enterrado en un cementerio. Como motivación se invocó que era masón y un supuesto pacto con Satanás por  el que Paganini le habría ofrecido su alma a cambio de que le convirtiese en un genio de la música. Hubo que esperar 36 años hasta que el Papa autorizara su entierro en el cementerio de Parma.

La historia del casino aparece relatada en la excelente película de Bernard Rose Il Violnista del Diavolo disponible en You Tube https://www.youtube.com/watch?v=6gvzE3544Pg

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