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Conflictos en la empresa: el coste más ignorado… y más reducible

Mediador empresarial corporativo

  • “Los conflictos laborales no gestionados son quizás el mayor coste reducible en las organizaciones actuales y, probablemente, el menos reconocido”. — Daniel Dana

El coste de la conflictividad laboral suele estar infravalorado, en gran medida porque no se monitoriza con precisión en los sistemas de gestión tradicionales. Habitualmente, las empresas recopilan datos sobre absentismo, bajas por enfermedad o rotación, pero rara vez conectan esos indicadores con un origen frecuente: un conflicto subyacente no abordado a tiempo.

Muchos de estos impactos permanecen en la «contabilidad invisible»: ¿Cuántos informes de gestión reflejan el coste real de las reuniones improductivas del comité de dirección o las horas invertidas por el departamento legal o de RRHH en abordar las consecuencias de una crisis mal gestionada?

La realidad detrás de los datos

Un estudio de KPMG revela que solo el 50% de las organizaciones cuantifica habitualmente los costes generados por conductas destructivas. Este dato pone de manifiesto una realidad incómoda: no es habitual gestionar el conflicto de forma sistemática y preventiva. Aquí cobra sentido la afirmación de Peter Drucker: “Solo lo que se mide se puede controlar”. Sin una métrica clara sobre el alcance de estos costes, su reducción se vuelve una tarea imposible.

¿Qué entendemos realmente por conflicto laboral?

Más allá de su definición técnica, podemos entender el conflicto laboral como cualquier desacuerdo o tensión que altera la convivencia profesional y afecta al desempeño, la coordinación o el clima de trabajo. Reconocer su existencia no implica «magnificar» el problema; al contrario, es el primer paso —y a veces el más difícil— hacia una solución que proteja los intereses de todas las partes.

El conflicto se manifiesta inicialmente a través de «microsíntomas»:

  • Conductas pasivo-agresivas: Evasión de espacios comunes, silencios prolongados o falta de respuesta a comunicaciones.
  • Disfunciones operativas: Fallos deliberados en la coordinación, resistencias injustificadas, mensajes ambiguos o «chismes» de pasillo que erosionan la confianza.
  • Escalada formal: Si no se interviene, estos gestos derivan inevitablemente en quejas internas, expedientes disciplinarios o, en el peor escenario, demandas judiciales.

El impacto económico: costes visibles vs. invisibles

Cuando el conflicto escala a la vía judicial, el coste es evidente: honorarios, provisiones, tiempo de preparación de documentación, comparecencias, etc. Sin embargo, el impacto económico comienza mucho antes. Es en estos costes «disfuncionales» —los que operan en silencio— donde existe el mayor margen de ahorro mediante una intervención temprana.

COSTES VISIBLES (JUDICIALES)COSTES OCULTOS (ORGANIZATIVOS)
Honorarios de abogados y procuradores.Pérdida de tiempo de gestión (hasta un 30%).
Sanciones y condenas dinerarias.Descenso de la productividad (hasta un 65%).
Costes de despido y reposición.Fuga de talento y daño reputacional interno.

El factor humano: tiempo y talento en riesgo

Un gerente puede invertir cerca del 30% de su jornada en gestionar disputas, según el estudio realizado por Thomas, K. y Schmidt, W. (1976 Academy of Management Journal). Si trasladamos ese porcentaje al valor de su posición, el coste de oportunidad resulta significativo. Además, se estima que una parte muy relevante de los problemas de rendimiento no se deben a falta de capacidad técnica, sino a relaciones interpersonales deterioradas y entornos de trabajo tensos.

Si los desacuerdos mal gestionados erosionan la rentabilidad y expulsan el talento, la pregunta es inevitable: ¿Por qué no capacitamos a nuestros equipos para abordarlos de forma competente?

Los departamentos de RR. HH. tienen ante sí el reto de cambiar el paradigma. Promover la prevención no significa perseguir una organización “sin fisuras” —objetivo utópico y, en ocasiones, poco productivo—, sino construir una cultura donde el conflicto se gestione de forma eficiente. Aquí la formación en resolución de conflictos tiene un papel decisivo. En esencia, se trata de desarrollar habilidades sociales y comunicativas y activar canales adecuados que eviten que el problema se cronifique.

Cuando la tensión escala: la mediación profesional como ventaja estratégica

Ahora bien, cuando la tensión aumenta, incluso los departamentos de RR. HH. más sólidos pueden encontrar límites. En escenarios de alta complejidad, la mediación externa no sustituye a la gestión interna, sino que la potencia como herramienta técnica.

Un obstáculo recurrente en la resolución interna es la percepción de jerarquía. Por muy profesional que sea el equipo de RR. HH. o sus asesores jurídicos, parte de la plantilla puede verlos —con o sin razón— como integrantes de la estructura de poder. En estos contextos, la mediación aporta:

  • Neutralidad y seguridad psicológica: el mediador externo elimina el temor a represalias jerárquicas. Al no existir una relación de subordinación, las partes se comunican con una honestidad difícil de alcanzar en un entorno interno.
  • Superación de la «Ceguera de Taller»: la distancia del mediador ayuda a identificar causas raíz que la rutina oculta (roles ambiguos, incentivos mal diseñados, estilos de liderazgo incompatibles o fallos estructurales de coordinación).
  • Protección del foco estratégico: delegar la resolución de disputas complejas permite que RR. HH. y la dirección se concentren en el crecimiento del negocio, evitando el desgaste emocional.

Conclusión: un síntoma de madurez corporativa

Cada vez más empresas incorporan la mediación como complemento a los procedimientos tradicionales de resolución interna. Iniciativas como la “Mesa Redonda de Mediación y Gestión de Conflictos para la Industria Alemana” (rtmknm.de), impulsada por E.ON y SAP como empresas fundadoras, además de Deutsche Telekom, Deutsche Bahn, Deutsche Bank, Audi, o Siemens entre otras grandes compañías, junto a muchas otras empresas de tamaño medio, demuestran que la mediación ya es una práctica consolidada en las grandes corporaciones.

Recurrir a la mediación profesional no es un signo de debilidad de la asesoría jurídica corporativa ni del departamento de RR.HH. Es, por el contrario, una herramienta de liderazgo maduro: una apuesta por una solución técnica y humana que puede transformar una crisis puntual en una oportunidad de aprendizaje, y fortalecimiento institucional.

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