Rara vez una relación se rompe para las dos personas al mismo tiempo. Hay quien lleva meses, incluso años, asumiendo que el matrimonio ha llegado a su fin, y quien todavía confía en que las cosas puedan arreglarse.
En medio de ese desequilibrio aparece una de las preguntas más habituales en nuestro bufete: ¿qué pasa si quiero divorciarme y mi pareja no?
La duda no es solo legal, también lo es emocional, porque nadie quiere sentirse culpable por tomar una decisión tan importante.
#01.-¿Es necesario que los dos estemos de acuerdo para divorciarnos?
No. El divorcio es un derecho individual.
Desde hace años, la ley permite que cualquiera de los cónyuges pueda iniciar el divorcio por su cuenta, sin necesidad de que la otra persona esté de acuerdo ni de dar explicaciones sobre los motivos.
Esto significa que no importa si tu pareja quiere intentarlo de nuevo, si pide más tiempo o si se niega rotundamente a aceptar la ruptura. Su oposición no puede frenar el proceso a no ser que tu quieras también darle una segunda oportunidad a la relación.
Esto es un cambio importante respecto a hace años, cuando divorciarse era largo, complicado y, en muchos casos, casi imposible si no existía consenso.
Entonces, ¿por qué parece tan complicado cuando uno no quiere?
Porque una cosa es divorciarse y otra muy distinta es ponerse de acuerdo en todo lo que viene después.
Cuando la pareja quiere terminar el matrimonio, es más fácil hablar de cómo organizar la vida a partir de ese momento. Sin embargo, cuando uno de los dos no acepta la ruptura, es habitual que derive en un conflicto que afecta a decisiones muy sensibles: los hijos, la vivienda familiar o la situación económica de cada uno.
En esos casos, el divorcio no se bloquea, pero sí se vuelve más largo…, y más tenso.
#02.-Divorcio de mutuo acuerdo y divorcio contencioso
Aquí está una de las claves para entender el proceso.
Cuando hay voluntad y se alcanzan acuerdos, el divorcio se tramita de mutuo acuerdo, de forma más rápida y con menos desgaste. Pero cuando uno no quiere divorciarse o no está dispuesto a pactar, el procedimiento pasa a ser contencioso.
En el divorcio contencioso no se discute si hay o no divorcio, porque eso ya está claro. El debate está en cómo se va a organizar la vida familiar tras la ruptura. Si no hay entendimiento, el juez toma esas decisiones.
¿Qué ocurre si mi pareja se niega a firmar?
Esta es una de las situaciones que, sin duda, más inquietud genera, pero conviene ser muy claros: la falta de firma no impide el divorcio.
Si tu pareja no quiere firmar ningún documento, el procedimiento sigue su curso.
Cuando se presenta la demanda, la otra parte tiene la oportunidad de contestar y, tras el proceso judicial, el juez dicta una sentencia que pone fin al matrimonio, independientemente de la voluntad de uno de los cónyuges.
En otras palabras: negarse a firmar retrasa el proceso, no lo detiene.
¿Hay que dar alguna razón para divorciarse?
No.
La ley no exige justificar la decisión ni demostrar que ha habido infidelidad, abandono o una causa concreta. Basta con que hayan pasado tres meses desde la celebración del matrimonio y que uno de los dos quiera divorciarse.
Este es uno de los puntos más importantes, porque evita situaciones muy dolorosas en las que una de las partes se veía obligada a exponer su vida personal para poder romper el vínculo.
¿Se puede intentar una solución menos conflictiva?
Sí.
Aunque el divorcio sea contencioso, no todo tiene que resolverse a golpe de sentencia. En muchos casos, la mediación familiar o la negociación entre abogados acerca posturas, incluso cuando al principio una de las partes no quería divorciarse.
De hecho, cuando la persona entiende que el proceso es inevitable, se abre la puerta a acuerdos que rebajan la tensión y facilitan la transición.
#03.- Divorcio sin acuerdo cuando hay hijos en común
Cuando los hay, y son menores, el miedo se multiplica, porque está el temor de que el que uno no quiera divorciarse influya en las decisiones sobre los niños, pero en realidad no funciona así.
En estos casos, el foco no está en el conflicto entre los padres, sino en el bienestar de los hijos, y el juez analiza la situación familiar concreta para adoptar las medidas que considere más adecuadas para ellos. La oposición de uno de los progenitores no supone ninguna ventaja ni desventaja a la hora de decidir sobre custodia, visitas o pensiones.
¿Puede la otra parte alargar el proceso a propósito?
Puede intentarlo, y de hecho ocurre con cierta frecuencia.
Cuando no se acepta la ruptura, se utiliza el procedimiento como una forma de ganar tiempo o de expresar su desacuerdo. Esto hay veces que deriva en oposiciones constantes o en una actitud poco colaboradora, que, además de que alarga el proceso, aumenta el desgaste emocional.
Una cosa a tener en cuenta: ese alargamiento tiene límites.
Con un buen asesoramiento legal, se evitan bloqueos innecesarios y se reconduce la situación.
¿Y si dependes económicamente de tu pareja?
Uno de los miedos más frecuentes y también uno de los más comprensibles, es este, pero el hecho de que uno no quiera divorciarse no deja desprotegida a la otra parte.
La ley prevé mecanismos que equilibran la situación económica tras la ruptura, especialmente cuando existe una desigualdad clara o cuando hay hijos a cargo. Cada caso se estudia de forma individual para así llegar a una solución legal adecuada a cada escenario.
Querer divorciarse cuando la otra persona no está preparada es una situación difícil, por lo que te recomendamos informarte bien antes de actuar. Eso te va a permitir tomar decisiones con más seguridad y hacer frente con mayor seguridad a un proceso que se presupone incómodo para ambos.

