El próximo 28 de octubre, el canciller John Healey presentará el Presupuesto de Otoño de 2026, el primero del Gobierno de Andy Burnham. Y si algo parece claro es que no será un presupuesto sencillo: el Ejecutivo quiere impulsar la inversión regional, reforzar la defensa y aliviar el coste de vida, pero dispone de un margen fiscal cada vez más limitado.
La economía británica ha mostrado cierta resistencia durante la primera mitad del año, con un crecimiento del PIB del 0,6% en el primer trimestre y del 0,4% en el segundo. Sin embargo, la volatilidad de los precios energéticos, las tensiones en Oriente Medio, el aumento del coste de financiación y los nuevos compromisos de gasto han reducido el colchón disponible.
Todavía no hay texto definitivo. Pero, a menos de un mes de su presentación, las piezas del puzle empiezan a encajar. ¿Interesado en saber por dónde podrían venir los cambios? No dejes de leer. Eso sí, con una advertencia importante: las medidas que se comentan a continuación son hipótesis y líneas de debate previas al Presupuesto. Hasta el 28 de octubre, nada puede considerarse definitivo.
Un presupuesto con escaso margen para subir los grandes impuestos
El Gobierno ha reiterado su intención de no elevar los tipos del impuesto sobre la renta, las cotizaciones a la Seguridad Social de los empleados ni el IVA. Estos tres tributos representan cerca del 60% de la recaudación, por lo que mantenerlos fuera de la ecuación reduce significativamente las opciones disponibles. También se espera estabilidad en el impuesto sobre sociedades: el compromiso político sigue siendo mantener el tipo general en el 25%, junto con la deducción permanente de las inversiones y la annual investment allowance. Por otro lado, aunque los tipos del impuesto sobre la renta no subirían, la congelación de los umbrales hasta abril de 2031 continuará generando recaudación adicional por progresividad en frío. La consecuencia parece inevitable: si se necesitan ingresos adicionales, habrá que buscarlos mediante medidas más selectivas.
Empresas: estabilidad general, pero posibles gravámenes sectoriales
Aunque no se anticipa una subida general del impuesto sobre sociedades, los bancos y las compañías de petróleo y gas aparecen entre los objetivos más probables. Se ha especulado con un incremento del recargo bancario, que podría elevar la tributación combinada de los beneficios del sector del 28% al 31%, o con gravámenes extraordinarios vinculados a los beneficios energéticos. Asimismo, el cierre de la brecha fiscal continuará siendo prioritario, mediante una mayor digitalización de HMRC, el uso de datos en tiempo real, intervenciones dirigidas y nuevas medidas antiabuso. Para las empresas, esto refuerza la importancia de contar con marcos sólidos de gobernanza fiscal y control interno.
Business rates: apoyo al comercio y a determinados sectores
Una de las pocas medidas ya anunciadas es la reducción del 20% de los business rates para pubs, clubes sociales y salas de música en directo en Inglaterra, aplicable desde abril de 2027. El Presupuesto debería concretar su alcance y podría ampliar la reforma del Small Business Rates Relief. También se comenta la posibilidad de elevar el umbral de alivio para pequeñas empresas, aunque hoteles, restaurantes, cafeterías y cines no están actualmente incluidos en el descuento confirmado.
Patrimonio, inmuebles y ganancias de capital: las áreas a vigilar
El debate político ha insistido en que el Reino Unido grava más el trabajo que el patrimonio. Esto ha alimentado la especulación sobre cambios en la tributación de activos, terrenos y ganancias de capital. No existe, por ahora, una propuesta concreta para elevar el capital gains tax, cuyo tipo general aumentó del 20% al 24% en octubre de 2024; además, los propios modelos citados advierten que una subida significativa podría reducir la recaudación al desincentivar las transmisiones. Una reforma integral mediante un land value tax (impuesto anual sobre el valor de los terrenos) parece poco probable a corto plazo, pero sí podrían plantearse ajustes graduales en la fiscalidad inmobiliaria o en el futuro recargo municipal para viviendas de alto valor.
Pensiones, sucesiones y umbrales: opciones políticamente sensibles
Las ventajas fiscales de las pensiones vuelven a aparecer en todas las quinielas, aunque una reforma profunda parece políticamente compleja. Entre las alternativas mencionadas figura un pequeño gravamen sobre las comisiones de gestión de fondos de pensiones. También podría revisarse la reciente limitación de las reducciones sucesorias para explotaciones agrícolas, si bien no se ha confirmado decisión alguna.
Coste de vida y crecimiento: medidas que también necesitan financiación
El Gobierno ya ha anunciado la eliminación del IVA sobre la electricidad doméstica desde el 1 de octubre y la recuperación del límite de 2 libras para las tarifas de autobús. Además, se barajan reducciones selectivas del IVA para el gas doméstico, la hostelería o la recarga pública de vehículos eléctricos, así como la cancelación del aumento previsto del impuesto sobre carburantes. En paralelo, la descentralización, la vivienda y la reducción de cargas regulatorias se presentan como medidas de crecimiento. El problema es que sus beneficios fiscales podrían tardar en materializarse, mientras que su coste sería inmediato.
Conclusión
El Presupuesto de Otoño de 2026 se perfila como un ejercicio de equilibrio: financiar nuevas prioridades sin romper las reglas fiscales ni recurrir a subidas de los grandes impuestos. Por ello, el escenario más probable combina disciplina del gasto, medidas antiabuso, reformas de cumplimiento y aumentos selectivos sobre determinados sectores o formas de patrimonio. No obstante, la prudencia es esencial: estamos ante propuestas, rumores y señales políticas, no ante legislación aprobada. El verdadero contenido, y su impacto para empresas y particulares, no se conocerá hasta el 28 de octubre.
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