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26 de Noviembre de 2015

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

El abogado litigante y los beneficios de una mente precisa, equilibrada y clara

Intervenir como abogado en un juicio es una experiencia verdaderamente única y que solo pueden entender aquellos que se han puesto la toga para tal menester. Y es única, puesto que no conozco, en el ámbito de mi profesión, ocasión en la que los sentidos no se encuentren más afinados y propensos a captar todo lo que ocurre durante el desarrollo del acto judicial.


Así, independientemente de la responsabilidad que tenemos de llevar a cabo nuestra defensa eficazmente, los abogados tenemos que estar pendientes de toda una gama de conductas y actitudes que se manifiestan por el juez, el letrado contrario, las partes, los testigos e incluso el público asistente en la sala. De este modo, y una vez que ha comenzado el juicio, el abogado tendrá que estar necesariamente pendiente de todas las situaciones que se viven en juicio y cuyo máximo exponente lo representa por el lenguaje verbal y no verbal de los asistentes al acto (comentarios, miradas furtivas, gestos de contrariedad, una leve sonrisa, etc.)

Centrándonos en el propio abogado, no hemos de olvidar su estado emocional durante el juicio, pues condicionado por el nivel de sus nervios (en ocasiones vinculados al temor escénico), su posible inseguridad ante cualquier imprevisto y la convicción de que son múltiples los factores que pueden influir en que la balanza de la Justicia se incline hacía un lado u a otro, motivará que su forma de intervenir durante el juicio pueda fluctuar en función de las circunstancias que vayan alternándose.

Por ello, sin perjuicio de que este tema ya lo he tratado anteriormente pensando en el trabajo diario del abogado hoy me gustaría reflexionar sobre la importancia de la atención plena como técnica para llevar a cabo una defensa en juicio más eficaz, eficiente y productiva

Atención plena, conciencia plena, mindfulness, son las denominaciones que tiene esta habilidad personal que, como indica Jon Kabat-Zinn, consiste en prestar atención de forma particular, con intención, al momento presente y sin juzgar. A través de la atención plena, nos percatamos conscientemente momento a momento de todo lo que es en un proceso en el que suspendemos temporalmente todos los conceptos, imágenes, condicionamientos, opiniones  y juicios de valor, focalizando nuestra atención en lo que estamos haciendo y, por tanto, en lo que ocurre en nuestro cuerpo y en nuestro entorno a través de nuestros sentidos.

Según los expertos en la atención plena, una mente atenta es precisa, penetrante, equilibrada y clara, ya que ésta nos da el tiempo necesario para evitar patrones negativos de pensamiento y de conducta, así como cultivar patrones positivos.  Igualmente, la atención plena nos ayuda a disponer de una visión interna clara y sin distorsiones acerca de cómo son realmente las cosas. Finalmente, un desarrollo de la conciencia plena nos ayudará a reducir el estrés.

Con estos antecedentes, veamos algunos de los beneficios del uso de la atención plena por los abogados durante su intervención en juicio:

1º.- Concentrarse y centrarse en la tarea que estemos realizando: Cuando nos encontremos en sala, hemos de estar completamente focalizados en el objeto de nuestro trabajo, viviendo al máximo nuestra experiencia y tratando de extraer el máximo provecho de la misma. Esto exige desterrar toda opción de pensar en cuestiones ajenas al juicio, o discurrir en pensamientos sobre otras cuestiones relacionadas con el mismo, pero inocuas, que pueden impedir captar lo que está ocurriendo en sala en cada momento. No es la primera vez que por falta de concentración nos hemos perdido una respuesta de un testigo o el comentario del juez (especialmente en vistas de larga duración) que nos ha condicionado en nuestra actuación posterior. Hay, por tanto, que focalizarse al máximo, y ser conscientes de que queremos hacerlo así.

 2º.- Saber comunicarse, es decir, escuchar y escucharse: La atención plena nos induce a comunicarnos sobre la base de una escucha activa real, es decir, vivir el proceso de comunicación con los demás tratando de comprender al máximo lo que se está tratando de transmitir y, por tanto, extrayendo el máximo partido de la interacción, lo cual es vital en el desarrollo de un juicio. Una escucha activa nos permitirá controlar el desarrollo del proceso y entender las razones que motivan cambios de conducta y decisiones que se adopten. Por tanto, la concentración analizada en el punto 1º debe complementarse con un proceso de escucha activa y atenta, pues de este modo dispondremos de una comprensión total de lo que está ocurriendo en sala.

3º.- Observar nuestros pensamientos y reacciones: En lugar de permitir que el flujo de pensamientos nos inunde casi sin darnos cuenta, hemos de "congelar el cuadro" y percatarnos de las sensaciones y experiencias tal como son sin la colaboración distorsionada de las respuestas condicionadas de nuestra mente. Hay que observar nuestros pensamientos y nuestras reacciones, ya que así disponemos de un margen extraordinario para darnos cuenta de si queremos continuar con esa forma de pensar o actuar. Los abogados podemos servirnos de esta herramienta, ya que nuestro flujo mental en un juicio es elevadísimo, y es necesario poner cierta objetividad durante el mismo, lo que nos permitirá ir adoptando las decisiones más congruentes con nuestra defensa. Observando el flujo de pensamiento podemos rápidamente deshacernos de aquellos que son incompatibles con nuestro objetivo en sala.

4º.- Aceptar lo que venga, como venga: Lo abogados sabemos mucho de situaciones imprevistas que durante el juicio transforman por completo el desarrollo del mismo. En ocasiones, éstas pueden generar cierta frustración al abogado, lo que podrá motivar que se pierda la concentración necesaria. Por ello, el abogado atento percibirá estas situaciones con la máxima objetividad, sabiendo que son lances del proceso, y actuará en consecuencia con la prudencia y objetividad necesaria que exige la situación. Aceptar lo que venga no es conformarse, sino dirigir toda la energía a buscar una solución, pues en nada empaña nuestro pensamiento la contrariedad que pueden suponer determinadas situaciones. Imaginemos un juez que nos interrumpe cuestionando nuestra forma de preguntar o sobre el modo en el que estamos exponiendo nuestras conclusiones. Estas situaciones, si lo pensamos, no son imprevistas, pueden ocurrir y, de hacerlo, no podemos rebelarnos contra las mismas, sino aceptarlas y gracias a nuestra atención movilizarnos para solventarlas.

5º.- Atender el cuerpo: Cuando trabajamos no observamos nuestro cuerpo ni nos percatamos de los mensajes que nos suele enviar. El cuerpo junto a nuestra mente es un elemento imprescindible para trabajar en condiciones favorables, por lo que tenemos que estar pendientes de él y cuando nos avise de que algo no va bien, tendremos que obrar en consecuencia. En juicio es fundamental adoptar las posturas correctas y emplear determinados gestos para transmitir nuestro mensaje adecuadamente, por lo que la conciencia del mismo y la adopción de los cambios posturales necesarios es fundamental. Si estás atento en sala, lo estarás con tu cuerpo, no lo dudes.

Estas ideas no son más que unas pocas de las muchas, yo diría que infinitas, posibilidades que los abogados tenemos de aplicar los procesos de atención plena a nuestra actividad litigiosa. Naturalmente, es muy fácil de decir y difícil de conseguir, pero lo importante es que sepamos que este concepto existe y está ahí a nuestra disposición para que aprendamos a familiarizarnos con los mismos.

Concluir reiterando lo que dicen los expertos sobre la atención plena:

"en la atención plena, una mente atenta es precisa, penetrante, equilibrada y clara, ya que ésta nos da el tiempo necesario para evitar patrones negativos de pensamiento y de conducta, así como cultivar patrones positivos"

¿Merece la pena intentarlo?

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web y conoce sus obras en la página e-autor.



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