- El encuentro reunió a expertas del sector jurídico para abordar cómo diseñar instrucciones eficaces para la inteligencia artificial y aplicar esta tecnología con rigor, seguridad y utilidad práctica
La pregunta parece sencilla, ¿qué hay que preguntarle a una IA para conseguir una buena respuesta? Durante mucho tiempo se ha buscado la fórmula perfecta, un prompt capaz de convertir unas pocas instrucciones en un buen resultado. No obstante, para trabajar bien con inteligencia artificial no basta con saber preguntar; hay que aportar contexto, delimitar el problema, controlar las fuentes y, sobre todo, tener criterio suficiente para saber cuándo se equivoca la máquina.
Ese fue el telón de fondo del webinar AnatomIA del legal prompting: cómo formular instrucciones efectivas para la IA, organizado por Aranzadi LA LEY. La sesión reunió a Sara Molina, socia del área de Legal Tech y Transformación Digital en Pérez-Llorca; Elicia Rodríguez, abogada senior de Cuatrecasas especializada en Derecho Administrativo y Casación; y Alexandra Tobajas, asesora fiscal en Banco Santander. El encuentro estuvo moderado por Cristina Retana, directora de Contenidos e Innovación de Aranzadi LA LEY.
Una competencia clave en el sector jurídico
Durante la sesión, las ponentes abordaron cómo el legal prompting se está convirtiendo en una competencia clave en el sector jurídico, así como la importancia de desarrollar plantillas y buenas prácticas que permitan aprovechar el potencial de la IA sin perder de vista la seguridad, la confidencialidad ni la revisión profesional. “El prompting legal no es una habilidad técnica, sino una competencia profesional que cobra cada vez más relevancia en el sector jurídico”, destacó Cristina Retana al inicio de la sesión.
Una competencia que, en cualquier caso, no consiste en llenar la conversación de instrucciones infinitas. “Las conversaciones muy largas hacen que los modelos acaben perdiendo precisión y profesionalidad”, matizó Sara Molina. Dar más texto no equivale necesariamente a proporcionar un mejor contexto. “El mejor prompt no es el más largo, sino aquel que escribes y tu compañero es capaz de entenderlo”, resumió.
Elicia Rodríguez explicó cómo aplicar estos principios en el trabajo diario. “La calidad de la respuesta está determinada por la calidad de la pregunta”. Elaborar buenas instrucciones requiere conocer la herramienta, sus posibilidades y también sus límites. Entre ellos se encuentran las conocidas alucinaciones, respuestas que pueden parecer perfectamente construidas y, sin embargo, contener errores. “Siempre es importante acudir a fuentes primarias para validar los resultados de los modelos de IA”, insistió.
Casos reales
Las ponentes expusieron algunos casos reales de aplicación de la inteligencia artificial generativa. En Pérez-Llorca, explicó Molina, cuentan con un inventario de prompts adaptados a diferentes áreas y realizan formaciones específicas por equipos. En mercantil y societario, por ejemplo, pueden emplearse para preparar borradores de actas; en laboral, para realizar comparaciones entre políticas, y en procesal, como apoyo en la preparación de interrogatorios.
En áreas como litigación también existen numerosos ámbitos de aplicación. Rodríguez apuntó a la preparación de índices de documentación, la investigación, argumentación, revisión o la presentación de escritos. Sin embargo, la clave está en saber poner los límites. “La IA es una herramienta potentísima, pero no sustituye nuestro criterio profesional”, subrayó Elicia Rodríguez. De ahí que la abogada solo recurra a estas herramientas en materias en las que cuenta con el conocimiento suficiente para detectar posibles errores. “Solo uso la IA en las materias en las que soy experta”, afirmó. El riesgo, de lo contrario, es acabar sustituyendo la propia expertise por una respuesta aparentemente convincente sin tener el conocimiento necesario para cuestionarla.
Desde la perspectiva fiscal, Alexandra Tobajas introdujo otro matiz. Antes de pensar en un prompt hay que tener claro el caso de uso. “No es lo mismo elaborar una pregunta que elaborar un proceso judicial concreto”, señaló. En fiscalidad, matizó, las posibilidades abarcan desde el análisis y elaboración de informes sobre nuevos productos y servicios hasta liquidaciones tributarias, asesoramiento fiscal, operaciones societarias o tareas documentales para localizar normativa y preparar escritos.
Pero hay otro desafío. La IA tiende a ser complaciente y a responder a aquello que se le pregunta, cuando el profesional puede necesitar precisamente lo contrario. “Necesito que determine si entiende lo que yo le escribo, si hay incoherencias y que establezca controles para saber si hay lagunas. Nos interesa que haga visible las posibles incongruencias”.
Esta cautela es especialmente importante porque utilizar una herramienta especializada no garantiza que su respuesta sea correcta. “Hay veces que se inventa las leyes de tributos”, advirtió Tobajas. Por eso, insistió, los controles y la revisión humana son un pilar fundamental. “Cuanto mejor definamos el perímetro del análisis, menos espacio le vamos a dar a la IA para que complete por su cuenta”, resumió Tobajas. Para la asesora fiscal, por tanto, el objetivo no consiste tanto en encontrar la pregunta perfecta, sino de decidir qué información debe utilizar, qué debe comprobar y qué debe hacer cuando detecte una laguna.
Demostración con Allegra, la IA de Aranzadi LA LEY
La sesión culminó con una demostración de Allegra, la herramienta de inteligencia artificial de Aranzadi LA LEY. Jaime Barbero, responsable de Propuesta de Valor, Producto y Soluciones de Mercado de la compañía, mostró de forma práctica sus funcionalidades y su aplicación al trabajo jurídico. La presentación permitió trasladar al terreno práctico algunas de las claves abordadas durante el encuentro, como la formulación de instrucciones, la consulta de información jurídica y la revisión de los resultados generados por la IA.

