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05/03/2024. 15:34:51

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De todo un poco…

Profesor Universitario
Especialista en técnicas de litigación oral

Lo primero que se nos viene a la mente cuando leemos de todo un poco, son aquellas tiendas de los pueblos en donde siempre se encontraba algo exiguo de cada cosa.

Así podíamos ubicar allí un poco de comida, unas tantas cosas de ferretería, como igualmente podía hallarse en esos locales algo de librería, mercería, repuestos para bicicletas, aceite de motor; en fin, de todo se lograba encontrar en esos lugares, que, sin ser tan amplios, ni tener tanta mercancía, solucionaban cualquier necesidad o apuro que tuviera el cliente.

Por otro lado, aquellas personas que asisten a los gimnasios y que desean tener un cuerpo esbelto y en ese sentido, deberán hacer de todo un poco, tienen que comer sano, no ingerir gaseosas, hacer sentadillas, abdominales, efectuar ejercicios que tonifiquen la musculatura, por supuesto realizar adiestramientos para los brazos, hombros y pecho; entre muchas otras cosas.

Algo poco más o menos parecido ocurre con los abogados, pues, el profesional del derecho que pretenda convertirse en un abogado litigante, deberá dominar diversas áreas tanto del derecho como de otras especialidades para que poseyendo de todo un poco pueda ser considerado, incluso por sus iguales, un buen profesional del derecho, pero; sobre todo, un excelente experto de la litigación oral.

Uno de los grandes ejercicios que debe realizar un abogado, es practicar la lectura, pero no leer, por leer. Tiene que convertirse en un buen lector, es decir, es necesario que disfrute la lectura, analizando la misma, buscándole sentido a aquello que está leyendo, cuestionando -de ser viable- algunos puntos de la misma, preguntándose el porqué de algunas cosas. Es justo que el abogado sepa que cuanto más lee, más conocimientos atesora, y que esta sapiencia le permite alcanzar mejores resultados en los estrados judiciales.

Un buen lector debe tener memoria, esto para que le permita relacionar alguna lectura con otra, o en todo caso, enlazar un hecho con algo que previamente hubiera leído.

Es indispensable que el abogado posea una buena fluidez lectora, esto es, leer con buena velocidad y entonación, lo cual le permitirá favorecer la compresión. Debe igualmente ser capaz de leer entre 250 y 300 palabras por minuto.

Al igual que las sentadillas, las cuales se realizan para fortalecer una parte del cuerpo, es importante que el abogado, sea un orador elocuente, es decir, que se exprese con claridad, que en su discurso implique al oyente, en este caso a los jueces. Que hable con concisión, que al hablar sea breve, pero por sobre todas las cosas, preciso, conciso.

Resulta imprescindible que el litigante utilice los matices al pronunciar el discurso; intercalando de manera sublime el arte de la velocidad y el tono de voz, por supuesto, es necesario que domine el espacio donde interpretará su alegato, así como igualmente resulta obligatorio que los gestos y los ademanes estén íntimamente imbricados con el discurso.

Un aditivo sumamente importante, en eso de todo un poco, es que el litigante al momento de interpretar el discurso, utilice el poder de la pausa, y que por supuesto utilice el tiempo necesario para que el receptor del mensaje que es el juez, tenga claro cuando se estaría frente a una coma, un punto y coma, un punto y seguido o en todo caso, un punto y aparte.

Que en el mismo sentido sepa hacer valer de manera verbal, los signos de interrogación, así como de exclamación, esos que le otorgarán brillantez a la interpretación. 

Así como en una tiendita se ubican cosas de mercería o ferretería, y una persona que acude al gimnasio hace diferentes ejercicios; el abogado litigante, en ese de todo un poco que cada profesional del derecho debe poseer, tiene que sumar el vestir elegantemente.

Y para ello, el litigante debe poseer prendas básicas, y estas deben tener sus respectivas combinaciones. No estamos hablando de tener forzosamente ropa de marca. Es justo que el abogado litigante conozca, el poder de la camisa blanca, la cual una vez se encuentre debidamente planchada, puede ser perfectamente combinada con cualquier traje o vestido del color que se desee. Resulta importante destacar que tendrá que poseer un par de zapatos que se encuentren en buen estado, y que estos se vean siempre limpios.

Si eres una dama, no puedes dejar de combinarte con accesorios, los cuales nunca deben ser muchos, ni pretender que sean más importantes que los conocimientos que poseas sobre el derecho.

En idéntico sentido, es de suma importancia vestir de manera elegante, pero, también, de forma sencilla. Nada extravagante, nada que permita que los jueces recuerden más aquello que llevabas puesto, a aquello que alegaste o probaste en sala.

Dentro de ese de todo un poco que debe atesorar un abogado en ejercicio, está el saber que tiene practicar o ensayar todo aquello que vaya a realizar en la sala de audiencias. Nunca se debe dejar nada a la improvisación.

Como abogado litigante, unca dejes de ser como aquellas tienditas en donde se encuentra siempre de todo un poco.  

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