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10/12/2022. 00:03:53

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El significado del uniforme

Profesor de Investigación del CSIC

A. J. Vázquez Vaamonde

“Cuando era un niño, hablaba como un niño y pensaba como un niño; ahora que soy un hombre, hablo como un hombre y pienso como un hombre” dijo Saulo de Tarso. Tras caer del caballo recorrió el breve camino que lleva a los conversos que persiguen a la minoría a perseguir a la mayoría, cumpliendo así el clásico dicho: “nada se parece más a un tonto de derechas que un tonto de izquierdas”.

Los creyentes intolerantes, hay creyentes razonables sólo en lo ajeno a sus creencias, quieren imponer sus normas privadas a toda la humanidad. Confunden su derecho a ceder su libertad a sus sacerdotes, imanes, rabinos, gurúes, etc., con el atropello de la libertad a todos los demás, que la libertad sólo existe si es íntegra.

Bajo regímenes totalitarios de creyentes, trascendentales o contingentes, uno no se reía de sus creencias irracionales porque en ello les iba la vida. Obsesos, lo que les disgusta era blasfemia contra "su dogma", divino o humano, que les autoriza a asesinar a todos. En una sociedad democrática uno no se ríe de la irracionalidad ajena como un acto de buena educación; no porque merezca respeto.

La Constitución establece la racionalidad como norma de conducta y base de la convivencia pacífica entre aborígenes (españoles), y peregrinos, (inmigrantes por motivos turísticos o laborales). Aunque su texto hay incoherencias notables, seamos indulgente con sus autores; la CE se redactó bajo la amenaza de proseguir la dictadura nacional-católica. Estaba lista para renacer de sus rescoldos (23-F), aun no apagados visto lo que el Sr. Camps et al., ¿ex abundantia cordis?, atribuyen a otros.

La CE reconoce y "garantiza la libertad ideológica" (art. 16.1) del ser humano. "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho", (art. 1.1) por eso quedan fuera de su ámbito de competencia todos los extraterrestres: gnomos, hadas, brujas, dioses y demonios, únicos o múltiples, verdaderos o falsos. Quizá no debiera hacerlo. Muchos colectivos, tras el disfraz de la religión, burlan la CE evitando ley de Asociaciones que exige democrática y no discriminación de las personas, lo que las ilegalizaría, ¡como Dios manda!..

Hoy ya es posible pensar, imaginar y creer lo que uno quiera. La CE terminó con siglos de intolerancia religiosa iniciados con el Decreto de Teodosio en 380. Él abrió el inmenso paréntesis, ¡XVI siglos!, de creciente intolerancia religiosa y política, en cómplice alianza. En ellos, el mero hecho de tener un libro, ¡aunque no se supiese leer!, bastaba para que te asesinaran en nombre del extraterrestre de turno o del Rey, al que dicho extraterrestre obligaba a respetar – no importaba cuan necio y vil fuera – o de su Sumo Ingeniero de Caminos, que eso significa Pontífice.

La libertad, dice la CE, es uno de los "valores superiores de su ordenamiento político" (art. 1.1.). Un partido político ¿por qué no una religión? puede tener cualquier ideología; "su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley". Uno puede imaginarse lo que quiera pues el "libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social".

La CE es reiterativa como el maestro que de ese modo quiere eliminar la mala educación recibida en el seno familiar; pretende así eliminar la mala educación recibida en el seno de la dictadura. Y así leemos, una vez más, "Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y de las comunidades sin más limitación en sus manifestaciones, que las necesarias para mantener el orden público protegido por la ley" (art. 16.1).

No hay redundancia en hablar de la libertad ideológica y religiosa. Son dos conjuntos disjuntos. La libertad ideológica nace de la razón: su base es que todos los seres humanos somos iguales en derechos y obligaciones; la razón es la que guía el conocimiento y ordena nuestra realidad democrática. La libertad religiosa nace de la imaginación: su base son unos seres extraterrestres que hay en otro doble mundo: uno feliz al que irán los creyentes, otro de infelicidad al que serán condenados los no creyentes. Su guía es el "derecho" a imponer "su verdad".Eso exigen sus intermediarios autoerigidos en únicos intérpretes de los extraterrestres. Pero su fe es poca; por si no fuera cierto el castigo extraterrestre anticipan la condena eterna asesinándote aquí.

Al creyente fanático debemos las cruzadas y guerras de religión que han ensangrentado nuestra convivencia. Sólo el triunfó la razón, paz de Westfalia, dio una opción a la convivencia pacífica reiteradamente incumplida.

Pero el creyente intolerante no atiende a razones. Si logra el poder impone su "derecho" a atropellar al resto del mundo en nombre de su verdad religiosa que nunca respeta en los demás; teniendo el poder, para ellos no existe la libertad religiosa.

Pero la Constitución sólo reconoce el derecho a creer en las quimeras que cada uno se invente y al culto de los individuos, i. e., a cultivarlas. La CE no permite el atropello de normas democráticas alegando libertad religiosa o de culto.

Un uniforme es un uniforme y sus piezas son todas. No admite cucuruchos de hada adicionales, ni tolera la falta de botones. Hay uniformes militares y civiles que se utilizan, reglamento dixit, en actos oficiales. Uno de los actos más importantes es el del juicio público. Se oficia en el templo de la justicia que son los juzgados. El respeto, no al templo, sino a la justicia, es uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico (art. 1.1 CE).

La CE protege la libertad individual y, por eso, no porque respete a ningún extraterrestre cuya existencia ignora, el derecho a creer en lo que cada uno quiera.

Las normas de educación obligan a los varones a ir destocados en España en los lugares cerrados y en presencia de la autoridad. Las mujeres, mientras estuvieron sometidas a normas de los creyentes en extraterrestres no podían enseñar su cabello. Sus sacerdotes decían que eran pecadoras que incitaban al pecado al justo varón y les obligaban a llevar una toca. De tal atropello surge el derecho de las mujeres a ir tocadas en lugares cerrados. Hoy libres de esos fanáticos pueden ir destocadas y sin velo ¡hasta en sus propios templos!. Sólo en ellos rigen sus normas, voluntariamente aceptadas.

La toga es parte de un uniforme que se completa con el birrete, que puede ser de licenciado o de doctor. Como los abogados eran varones; en el templo de la justicia iban destocados ante la autoridad del juez, único con derecho a ir tocado con birrete. Uno de los errores de la abogada deriva de carecer de memoria histórica.

El error del juez fue decir "aquí mando yo", porque quien manda es la ley. Él, como juez, es su ministro y la hace cumplir. Eso es algo muy diferente que no hay que confundir o acabaremos con la misma confusión de los ministros de los dioses que acaban creyéndose dioses ellos mismos.

El error de los periodistas fue el especular, insensatamente, sobre si hubiera exigido o no quitarse la toca a una monja. Pensemos un poco; ¡bastan dos segundos para comprender que si la monja va como persona privada puede ir vestida como le venga en gana. El juez, le guste o no, soportará su vestimenta como lo hacen sus equivalentes, los profesores de secundaria, ministros del templo de la sabiduría que son los institutos. Carmen Mirando tendría derecho a declarar con su sombrero exótico lleno de piñas tropicales y bananas y no tendría que quitárselo, ¡le gustara al juez o no!

Pero si actúa de abogada vestirá el uniforme, ¡que no incluye la toca!. Seamos sensatos, ¿se imagina Vd. a una agente de la Guardia Civil reivindicando en nombre de la libertad religiosa su derecho a llevar un burka, aunque fuera verde?

Pues eso; tengamos un poquito de sensatez y la fiesta en paz. Un abogado en el juzgado debe de contribuir a terminar con la pendencia; no a organizarla.

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