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06/07/2020. 04:38:01

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Un entierro en Formentera

Consejero académico de “Gómez Acebo & Pombo”, abogados y Catedrático de Derecho Civil

¿Por qué 15? ¿Hay un estudio epidemiológico que ancle el riesgo de contagio en esa frontera? No me confunda, agente, yo no vengo en absoluto a despedir al muerto, a quien detestaba

Ángel Carrasco Perera

Los afortunados isleños (nunca mejor dicho) de Formentera, La Graciosa, El Hierro y la Gomera nos llevan una semana de ventaja en el disfrute de la última golosina que a los otros españoles nos acaba de conceder el Gobierno-COVID (BOE 9 mayo). Me refiero a asunto tan sensible como los entierros. Es el caso que ahora “la participación en la comitiva para el enterramiento o despedida para cremación de la persona fallecida se restringe a un máximo de quince personas, entre familiares y allegados, además de, en su caso, el ministro de culto o persona asimilada de la confesión respectiva para la práctica de los ritos funerarios de despedida del difunto”.

¿Por qué 15? ¿Hay un estudio epidemiológico que ancle el riesgo de contagio en esa frontera? Y puestos así, ¿no será más seguro limitar a 14? Y puestos a no tentar la suerte… ¡Aparta la tentación, no bajemos de 15, aunque sólo sea por los merecimientos del muerto! Ya, pero si 15, ¿por qué no 16? Y ¿dónde está dicho que, donde comen 16, no coman 17? Seguro que el agente de la autoridad de turno que se inmiscuya en la cola del sepelio pidiendo acreditaciones será sensible al enorme argumento de autoridad de Aristóteles, según lo cual lo que está muy cerca de una cosa vale como la cosa misma.

Y me sigo preguntando de dónde salió el número 15. ¡Ya caigo! El asesor monclovita en materia de entierros recordó seguro en ese momento, como recuerdo yo ahora, la canción del pirata de la novela de Stevenson: “Quince hombres van con el cofre del muerto, yo-ho-ho, ¡y una botella de ron!”. Pues ahí vamos. Ya están contados los 15, ¿y usted dónde va? Yo no acompaño la comitiva, sino que son las 8 de la tarde y es mi hora de paseo y puedo pasear por donde quiera. ¿Y usted? ¿Pero, agente, me ve a mí de muertos ahora con estos dos críos que llevo en la bici? ¡Niños, apartaos de la comitiva del muerto! Usted hace el 16, dispérsese. No agente, porque yo vengo en la siguiente comitiva. ¡Pero no puede formarse esta cola! Agente, repare que yo soy el primero de la cola del segundo muerto, y me separan dos metros del último de la cola del primer muerto y otros dos metros del segundo de mi cola. ¿Usted también viene con el siguiente entierro? No señor, yo soy el enterrador. Y yo el que tiene la llave de la verja del cementerio. El cura más el monaguillo cuentan por uno. Yo vengo todos los días, dice la viejecita, que regularmente pasa a limpiar el mármol del hijo muerto. No me confunda, agente, yo no vengo en absoluto a despedir al muerto, a quien detestaba. Yo soy el de las flores, oiga, que lo mío es profesional, que yo no estoy aquí para “participar en los ritos funerarios de despedida al muerto” y por eso no cuento. Para mí, agente, esto no es una despedida, porque el pobre difunto, que tenga Dios en su gloria, estará siempre presente en mi vida. Acabo de contar y van ustedes 25, a despejar de aquí. No guardia, espere, no ve usted que la cola de atrás sólo es una magra comitiva de 5, el pobre, que no tenía quien le quisiera, y nos acomodamos a que yo le comprara 10 plazas en la comitiva, que buena pena debe tener ya el señor si supiera que de su familia sólo viene una hija. Ana tonta, tú vete metiendo ya, con esas flores, como si fueras a ponerlas en otra tumba, y nos vemos dentro.

El agente de la autoridad se sienta plácidamente en el banco de la puerta enrejada y saca un pitillo. Ha parado de contar. Ve a un chiquillo que viene corriendo. Venga chaval, dime que tú tampoco cuentas para el número. Guardia, déjeme pasar, acuérdese de mí, soy Jim Hawkins, el hijo de la dueña del Almirante Bembow, y vengo a intentar que alguno de estos bribones que van con el muerto me paguen la cuenta que dejó el viejo capitán Bill. Adentro muchacho, hace un gesto el guardia, en el fondo hay sitio. “La bebida y el diablo se llevaron al resto, yo-ho-ho, ¡¡and a bottle of rum!!

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