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26/05/2022. 16:02:05

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El potencial de la tecnología

Inés Molero Navarro. Socia Abdón Pedrajas
Inés Molero Navarro

Allá por el año 2000, las cifras de hombres y mujeres que se manejaban en las grandes firmas legales se movían en torno a un 60% de mujeres en los primeros estadíos de la carrera, junior y asociados, pasando a ser tan sólo un 6% el volumen de mujeres abogadas senior o socias, la gran parte de estas últimas sin pareja y/o familia directa. Las cifras actuales mejoran la situación, pero no son todavía buenas; los ránkings de la prensa especializada establecen que en 2014 ya se llegaba a un 14% de socias y en 2020 se alcanzaba el 20% de socias, siendo un 49% el total de abogadas en las firmas (un 56% con profesionales mujeres no abogadas), sin apenas representación femenina en la dirección de los despachos.

Entiendo que la cuestión de la conocida brecha no debería solucionarse a base de cubrir cuotas concretas de mujeres socias o directivas que, en sí, nos discrimina de alguna manera, sino que nuestro deber como sociedad debería ser formar y educar para evitar que las jóvenes, en general, tengan la idea preconcebida de que es mejor no plantearse tener una vida personal para llegar a ser alguien en su profesión.

Se va cambiando de mentalidad en las nuevas generaciones de mujeres en cuanto a la igualdad, dado que ya tienen algún referente en casa de una madre socia, directiva, consejera, científica….. esto es, una generación anterior de la que aprender a coordinar lo personal y profesional; pero lo cierto es que no ayudan a un cambio más significativo los largos horarios que se siguen exigiendo (y aplaudiendo), sin que casi nadie se plantee que una persona que dedica diariamente al trabajo 12 horas sea ineficiente, tenga un problema de capacidad o de organización. Más bien, todo lo contrario.

Es relevante destacar que, a estos efectos, la tecnología puede venir a ayudarnos, hombres y mujeres, dado que muchos problemas asociados a la brecha actual podrían minimizarse gracias a ésta. La flexibilidad que otorga el trabajo en remoto o el teletrabajo nos permitiría avanzar para ver de forma más clara, al pasar más tiempo en los domicilios, la necesidad de asumir las mismas responsabilidades, hombres y mujeres; deberíamos ser coherentes con incentivar el trabajo en equipo no sólo en el mundo profesional, sino también en el personal.

Pero claro está, que ni todos los sectores, ni todos los puestos de trabajo, o tareas a desarrollar permiten recurrir a este régimen de trabajo a distancia más flexible.

Quizás por esa razón, sería otra opción a considerar usar la tecnología para limitar determinados excesos de horarios incentivando más la productividad, los resultados; que los sistemas tecnológicos nos sirvan no sólo para ganar en eficiencia sino para mejorar el rendimiento sin necesidad de darlo por hecho por tener leoninas jornadas de trabajo en la oficina, que muchas veces son el mal resultado de sumar los malos horarios u organización de otros. Formar y evaluar a los socios, directivos o responsables con herramientas para la gestión de equipos y organización de tareas está pendiente y puede resultar definitivo -qué duda cabe que nadie nace siendo jefe-.

Herramientas como la desconexión digital, que podría incluso servir para limitar las entradas o conexiones a la red pasadas determinadas horas según el puesto, o las reuniones virtuales están facilitando una interlocución muy similar a la presencial y una mejor gestión de la duración de las reuniones y las agendas para, a fin de cuentas, poder plantearse ser menos rígidos y más maduros con el uso de los horarios.

Aplicaciones que permitan distinguir entre colectivos de trabajadores, sus responsabilidades y posiciones, la razonabilidad de las jornadas de cada trabajador, también pueden ser un avance de cara a valorar y tener más presente quién es productivo y, a su vez, darle el espacio que le corresponde a su vida personal durante la semana profesional.

Pero no nos confundamos, que la cuestión no consistiría en implementar toda clase de herramientas, apps, plataformas o regulaciones utilizadas únicamente de cara a crear una apariencia irreal o ficticia de innovación e igualdad; se trataría de aplicar medidas que sinceramente permitiesen conseguir el (complicado) equilibrio entre la eficiencia y la flexibilidad que eviten que la brecha continúe.

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