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21/03/2023. 04:40:15

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Mujeres en el liderazgo: una carrera de fondo para alcanzar un futuro igualitario

Gemma Piqué. Counsel del Departamento de Derecho Laboral. Baker McKenzie
  • Partimos de un evidente sesgo social que se ha mantenido fuertemente arraigado en nuestra colectividad después de varios siglos
  • El liderazgo femenino avanza sin prisa, pero sin pausa hacia una meta que nos permitirá mejorar el funcionamiento de nuestra sociedad

A lo largo de la historia, las mujeres han jugado un papel relevante en el ámbito familiar vinculado a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos. No fue hasta siglo XVIII cuando estas empezaron a incorporarse en el mundo laboral estando, desde un inicio, marcadas por una premisa disruptiva que, desafortunadamente, 250 años después aún se sigue arrastrando: Un hombre y una mujernunca tuvieron las mismas condiciones de partida, ellas disponían de un salario notablemente inferior y ellos de mejores derechos laborales.

Partimos de un evidente sesgo social que se ha mantenido fuertemente arraigado en nuestra colectividad después de varios siglos y, si bien es cierto que actualmente se legisla por y para la igualdad, no es menos cierto que todavía se remolcan prácticas heredadas vinculadas al poder y a la gestión de este poder tradicionalmente ejercido por los hombres.

Fue la Organización Internacional del Trabajo (OIT) quien, a principios del siglo XX, impuso el lema «igual trabajo, igual salario«, marcando un punto pionero de inflexión que de facto el peso del sesgo seguía paralizando pero que permitió visualizar una salida al final del túnel: era una carrera de fondo, pero cualquier paso, por mínimo que fuera, contaba.  

Cambios lentos y un tanto torpes

Afortunadamente, en los últimos años se han producido avances en el ámbito de la dirección de empresas que evidencian que el número de mujeres en puestos directivos y en consejos de administración se ha incrementado, así como también lo ha hecho en puestos de responsabilidad política, institucional y de múltiple naturaleza (académicas, sanitarias, etc.). Sin embargo, estos cambios aún se nos antojan lentos y un tanto torpes, hecho que nos hace parar un minuto en la vorágine de la vida diaria para efectuar la siguiente reflexión: ¿dónde está el punto de inflexión? ¿cuándo llegaremos a la meta?

Según los datos publicados por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (2020), en las empresas del IBEX 35 a finales del año 2019 el porcentaje de consejeras era de 27,52 %, y solo el 15,7 % de los puestos de alta dirección estaban ocupados por mujeres. Según los datos del año 2017, los porcentajes eran del 22,8 % y 14,3 % respectivamente, cifras sobre las que yo me pregunto: ¿por qué tanta lentitud cuando formalmente todos parecemos estar de acuerdo? Hay sin duda alguna un elemento clave: la llegada de los hijos. Este hito natural y biológico en la vida de todo ser humano (incluido el hombre) ha tenido y sigue teniendo en muchos casos un impacto muy diferente en el empleo de ambos sexos: ellos siguen trabajando mayoritariamente en iguales circuntancias y ellas suelen verse abocadas a abandonar sus puestos de trabajo o a reducir su jornada.

Esta pauta se repite en muchos países de la Unión Europea en los que se ha podido constatar que, a más hijos, mayor brecha laboral entre mujeres y hombres, hecho que provoca una clara desigualdad de género en el trabajo fuertemente asociada a la maternidad.

No hay bandos, sino un solo barco

Pero más allá de esta circunstancia física indefectible pero superable, nos topamos con un comportamiento social que debemos combatir, no solo con leyes, sino también con acciones, con comportamientos y, sobre todo, con formación y educación a nuestros hijos. El cambio al trato igualitario debe iniciarse no sólo en las empresas, sino también en nuestras casas, en nuestros matrimonios, en nuestras mentes y en las de nuestros hijos.

Con todo, y a pesar de los avances de los últimos años, la sociedad tiene que seguir luchando por revertir la menor representación de las mujeres en los puestos de responsabilidad, máxime cuando la mitad de los licenciados y licenciadas de nuestras universidades son mujeres con expedientes académicos brillantes. 

Quiero acabar esta reflexión con un mensaje claramente positivo: el liderazgo femenino avanza sin prisa, pero sin pausa hacia una meta que nos permitirá mejorar el funcionamiento de nuestra sociedad. No hay bandos, sino un solo barco.

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