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07/10/2022. 20:57:18

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Mujeres por derecho

Alejandra Gútiez Sainz-Pardo. Socia y Abogada Laboralista AE Abogados Laboralistas

Escribo este artículo desde mi posición actual: mujer, abogada y socia de mi propia firma especializado en Derecho Laboral. Desde esta perspectiva, pudiera aplicarse la premisa de que con constancia y trabajo se alcanzan los objetivos y metas deseados. No me cabe duda alguna de que así es, si bien no puede perderse de vista que muchas profesionales como yo, hemos tenido que construir nuestro propio camino, arriesgando una estabilidad económica y laboral a favor de un crecimiento y enriquecimiento profesional que no hemos podido encontrar en despachos de gran envergadura. Efectivamente, es un dato objetivo que, en la actualidad y a pesar de los progresos que abogan por la igualdad entre hombres y mujeres que se vienen detectando en el sector legal -concretamente en los despachos de abogados-, tan solo un 20% de los socios en las grandes firmas nacionales son mujeres.

Teniendo en cuenta lo anterior, al plantearme un análisis de mi trayectoria profesional, no puedo evitar retrotraerme al inicio de mi carrera laboral, concretamente a mis años de ejercicio en un despacho de gran implantación a nivel nacional. Pues bien, recuerdo una primera etapa de aprendizaje constante e ilusión que, sin duda, me llevó a adquirir las herramientas y la experiencia que exige este tipo de profesión y que me han permitido consolidar mi posición actual. Ahora bien, también recuerdo un alto grado de exigencia y de trabajo que implicaba la realización de jornadas maratonianas, así como una disponibilidad absoluta a favor del despacho. En este contexto, transcurridos algunos años y habiendo afianzado cierta estabilidad y reconocimiento profesional conforme a las expectativas proyectadas en mis años de estudio y los primeros años de experiencia laboral, fue inevitable hacer una valoración de mi recorrido en el despacho y de la realidad que me esperaba en un futuro a medio/largo plazo.

Precisamente, a raíz de esta reflexión, fui consciente de la realidad de otras mujeres que, como yo, habían iniciado su trayectoria en mi  bufete con gran esfuerzo e ilusión sacrificando horas de ocio, sueño… Lamentablemente, el panorama resultaba ciertamente desolador al comprobar que, muy residualmente alguna había logrado acceder a la culminación profesional que suponía ser nombrada SOCIA del despacho, todo ello al margen de que, en muchos casos, dichas abogadas se habían asegurado el mismo recorrido y los mismos éxitos profesionales que los abogados que por el contrario sí habían sido nombrados socios. Pero aún más, tristemente, aquellas mujeres que por necesidades conciliadoras habían optado por recurrir a la reducción o adaptación de su jornada, veían su carrera truncada al quedar su promoción interrumpida.

Siendo consciente de la realidad que acontecía en mi despacho -cuyo modelo se repetía en la gran mayoría de las firmas de gran envergadura del país- consideré valorar mis opciones, máxime teniendo en cuenta el valor que estaba dispuesta a otorgar a mi vida personal conforme al proyecto vital que tenía en mente. En este contexto, tras probar experiencia en el mundo empresarial y constatar que echaba muchísimo de menos el ejercicio, sopesé muy seriamente la opción de arriesgar y de fundar mi propia firma junto con una colega que, a día de hoy, es mi amiga y socia: Eva Mirón. Pues bien, tras cinco años de intensísimo esfuerzo e incertidumbre dirigiendo mi propia firma, puedo concluir que sin duda es la mejor decisión que he tomado.

De un lado, la satisfacción de ejecutar mi trabajo conforme a mis valores y a la calidad del trabajo que considero exigible a todo profesional del sector que se precie es sin duda incalculable. A mayor abundamiento, el hecho de que las dos socias que integran la marca seamos mujeres, ha supuesto sin duda que ambas nos hayamos facilitado mutuamente el camino al ser absolutamente empáticas la una respecto de las necesidades conciliadoras de la otra. Así las cosas, lo cierto es que, sin ser inicialmente conscientes de ello, han sido muchas las mujeres que han acudido al despacho solicitando asesoramiento laboral reconociéndonos haber seleccionado nuestra marca frente al resto por una cuestión de buscar, además de consejo profesional, poder sentirse comprendidas y auxiliadas por profesionales que, como ellas, luchan por hacerse un camino laboral a la altura de su valía profesional y esfuerzo. En este sentido, nuestro trabajo nos permite tomar conciencia de que, desafortunadamente, aún hay mucho camino por recorrer en lo que a la desigualdad laboral se refiere y a pesar de los avances que, insisto, se detectan con respecto a unos años atrás.

En conclusión, teniendo en cuenta el relato de mi experiencia, concluyo que los despachos profesionales de cierta implantación deberían trabajar en retener el talento femenino puesto que, actualmente, las oportunidades entre mujeres y hombres en el seno de sus negocios no gozan de igualdad. Desde mi experiencia, animaría a las grandes y medianas firmas a depurar la transparencia y objetividad en los criterios de selección y de promoción profesional de sus empleados, garantizando las mismas posibilidades tanto a los hombres como a las mujeres. Del mismo modo, en mi humilde opinión, considero trascendental la revisión de los planes de igualdad y flexibilidad orientados a la adaptación del trabajo conforme a las exigencias personales de los profesionales, centrando en todo caso el foco en el rendimiento real del empleado en contra de las horas de trabajo que efectivamente registren. A pesar de que este cambio pudiera parecer insubstancial, sin duda marcaría una gran diferencia en el sector legal y, concretamente, en el ámbito de los despachos de abogados.

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