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30/09/2022. 17:08:30

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Mujeres por derecho: el síndrome del impostor

Clara Hernández, Abogada en Unive Abogados

Hace tiempo que pude percatarme de que un ingente número de mujeres abogadas o profesionales del Derecho se identificaría perfectamente con lo que se ha conocido como síndrome del impostor; situación que, por el contrario, es muy difícil de encontrar entre los hombres abogados.

Las mujeres tradicionalmente se han desarrollado, tanto personal como profesionalmente, bajo un constante juicio que pesa sobre su inteligencia, su físico, su estilo de vida, su maternidad o falta de ella, y un larguísimo etcétera. Este juicio, que no se produce sobre los hombres y que no es nada benevolente, provoca que desde muy jóvenes las mujeres padezcan una inseguridad que puede ser, bien generalizada, bien referida a alguno de los aspectos concretos de su vida como el profesional. Al mismo tiempo, los hombres habitualmente han visto reforzada su seguridad simplemente porque la sociedad no expone tantos aspectos de su vida al juicio de los demás y porque, además, siempre ha sido muy fácil identificarse con referentes sociales masculinos.

En el caso de letradas o mujeres juristas, esta inseguridad en el plano profesional da lugar a que, por mucho tiempo que se haya invertido en formación legal y especializada o por mucha experiencia que pueda acreditarse, muchas abogadas tengan la percepción de que no están a la altura de su profesión, lo que implica que tengan que hacer un sobreesfuerzo para poder alcanzar un estándar que pueden haber llegado a conquistar, pero no lo sienten así en ningún caso.

Resulta especialmente ilustrativa para este aspecto y su relación con las abogadas o mujeres juristas la teoría que explicó Michelle Obama en una entrevista concedida a Vogue en marzo de 2020: “El síndrome del impostor es durísimo. Las niñas y las mujeres llevamos tantísimo tiempo escuchando que nuestro sitio no está en el aula, en la sala de juntas o en cualquier espacio donde se toman grandes decisiones que, cuando conseguimos llegar a esos sitios, no paramos de cuestionarnos una y otra vez. Nos sentimos inseguras, no tenemos claro que merezcamos estar ahí. Dudamos de nuestras ideas, de nuestras capacidades y de las razones para estar donde estamos.”.

Este síndrome del impostor aumenta en el ámbito del Legaltech debido a que el sector de la tecnología en el que se intenta desarrollar la automatización del servicio jurídico tradicionalmente ha estado ocupado por hombres en su mayor parte.

Las reuniones son muy reveladoras de lo expuesto. En ellas la mujer abogada que sufre el síndrome del impostor no participa apenas aportando ideas, planes, opiniones o razonamientos porque está convencida de que no serán tan buenas como para que los demás (o ella misma) las deban tener en cuenta. De manera que va a resultar muy sencillo sentirse desplazada en esos escenarios en los que tradicionalmente los compañeros varones no han encontrado tantos reparos (impuestos por sí mismos) para exponer sus propias ideas u opiniones.

Pese a que esta situación actualmente la percibo de forma habitual, creo que las mujeres abogadas de las siguientes generaciones no se verán tan afectadas porque el refuerzo positivo que están recibiendo por parte de varios sectores de la sociedad lo más probable es que conlleve que se puedan sobreponer a esos juicios que devienen en inseguridades.

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