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03/10/2022. 11:03:34

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Se puede estar en los dos lados

Lorena Salamanca, socia directora de Afiens

Desde muy pequeña, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, mi respuesta siempre era la misma: Quería ser madre. Era lo que más ilusión me podía hacer. Luego estaban todo tipo de profesiones a las que me quería dedicar, pero mi prioridad nunca cambió.

A medida que fueron pasando los años, me iba dando cuenta de lo difícil que era compaginar ese sueño de ejercer de madre con convertirme en una gran profesional. Los medios con los que se contaban para desempeñar nuestro trabajo se basaban principalmente en la presencialidad con jornadas larguísimas de trabajo en la oficina, aunque siempre tenía metido en la cabeza lo que mi madre siempre me transmitió: “Tú puedes lograr lo que te propongas”.

Tras la finalización de mis estudios universitarios, estuve opositando para Inspección de Hacienda. Me gustaba combinar conocimientos adquiridos tanto en mi carrera de Derecho como en la Administración de Empresas. Además, pensaba que si la sacaba, podría compaginar mi gran sueño de pequeña con una profesión que me llamaba mucho la atención, pero por motivos varios, lo abandoné comenzando a trabajar como auxiliar contable en AUXADI.

Esta empresa la fundó mi padre en el año 79 y qué mejor decisión podía haber que dejar mi posible carrera como Inspectora de Hacienda o abogada en algún despacho para aprender del mejor mentor que he podido tener tanto en el plano personal como profesional. 

En el 2003 surge la oportunidad de crear el Departamento Legal de AUXADI y por supuesto, no me lo pensé dos veces. Quería aprovechar la oportunidad y emprender este reto tan ilusionante y terrorífico a la vez. ¿Sería capaz de hacerlo? Para irme adaptando e ir aprendiendo la profesión de abogado, por las mañanas seguía trabajando de contable y por las tardes de “aprendiz” de abogado, complementando mi formación práctica con un Master de Asesoría Jurídica por las tardes. El Máster me ayudó muchísimo. Gracias a los profesores que tuve durante ese año, pude resolver muchas dudas que me iban surgiendo cada vez que salía un asunto legal de clientes.

Por aquellos tiempos, los ordenadores no eran portátiles. Eran CPUs.  Y quien tuviera móvil es que tenía un puesto directivo. No era mi caso. Así que tenía que hacer lo posible para poder llegar a todo. Trabajar, demostrar que era capaz, sacar el trabajo adelante y formarme para ser una buena profesional del derecho. Y todo, siempre con el factor de la presencialidad. La conciliación era inviable.

Ese mismo año, me caso y a los pocos meses de mi matrimonio, me quedo embarazada.

Ya había dicho que mi gran ilusión en la vida era ser madre por lo que la noticia, tenía que haber sido un notición. Pero como nos pasa a muchas mujeres, nos entra el pánico. Estaba montando un proyecto apasionante. Me habían dado la oportunidad de combinar lo aprendido en la carrera. Lo primero que pensé al enterarme de la noticia fue que no era el momento. Ahora lo pienso y me pregunto ¿El momento para qué? ¿Para ser madre? ¿Por qué? ¿Porque trabajas? No puede ser.

Como algunas mujeres, tuve problemas durante el embarazo. Tenía una combinación de sentimientos donde el miedo se apoderaba de mí. No iba a ser capaz de sacar todo adelante.  Tenía miedo de no poder continuar desarrollándome como profesional, de no tener tiempo para disfrutar del bebé cuando llegara. Tenía una ilusión bárbara en el proyecto tanto profesional como personal, pero tenía un embarazo de riesgo. Tenía que cuidarme y estar en reposo. Necesitaba ayuda.

Gracias al lugar donde me encontraba trabajando, me facilitaron herramientas para poder seguir realizando mi trabajo desde casa. La tecnología entró en mi vida para quedarse. Era una auténtica privilegiada. Pude dedicarme a lo que me gustaba y poner todo el empeño en lo que estaba creando pero, a la vez, pude cuidarme y cuidar al bebé que estaba de camino. En esta empresa, nunca sentí discriminación por ser mujer. Tuve la suerte de estar en un lugar donde se respeta por igual a todo tipo de personas. Eso no quita que los temores en cuanto a tu futuro profesional y la crianza de tus hijos se tuvieran. Hay que sortearlos empleando la lógica.

Ese fue el comienzo a mi cambio de mentalidad de cómo enfrentarse al trabajo sin miedo ni complejos. ¿Es verdaderamente tan necesaria la presencialidad en el trabajo? ¿Es verdaderamente necesario calentar, a veces más de la cuenta, la silla para demostrar lo gran profesional que eres? ¿No podemos conciliar y adecuar nuestra carrera profesional a nuestra vida personal sin preocuparnos de estar presente para ser mejor valorado? Hoy en día no puede haber impedimentos en la igualdad. Las mujeres podemos seguir apostando por nuestros retos y crecer profesionalmente sin miedo a, también, ejercer como madres.

La tecnología hoy en día nos brinda todo tipo de soluciones para llevar a cabo nuestro trabajo. Los profesionales, con independencia de su sexo, raza o religión, deben ser valorados por el cumplimiento de los objetivos y su eficiencia y productividad.

Cuando fundé AFIENS en el año 2012, tenía claro que en esta empresa se valoraría a las personas por su profesionalidad y que, para poder ayudar a la conciliación, era responsabilidad de la empresa poner a disposición de su equipo todos los elementos necesarios para que no se produjera una brecha en la continuidad del trabajo y, por ende, del servicio al cliente por el mero hecho de tener que estar fuera de la oficina por cualquier asunto de índole personal, ya sea del tipo que sea.

La inversión que hemos ido realizando en tecnología a lo largo de estos últimos años, hizo que, en un momento tan traumático para toda la sociedad como fue el estado de alarma provocado por la COVID-19, estuviéramos preparados dentro de AFIENS para trabajar desde casa salvaguardando la salud de todo el equipo. Disponer de soluciones como una plataforma colaborativa con la que compartir el conocimiento con el equipo y los clientes, contar con firma electrónica tanto avanzada como cualificada, así como con nuestro servidor y programas de gestión interna en la nube, entre otros, ha hecho que podamos trabajar desde cualquier sitio, siendo más eficientes y productivos, además de permitirnos disponer de mayor tiempo para nuestra vida personal.

Los que podemos trabajar sin estar presencialmente toda la jornada en la oficina, somos unos privilegiados. Hay profesiones que no se lo pueden permitir, pero para los que nos dedicamos al Derecho, buena parte de nuestro trabajo no creo que requiera de jornadas maratonianas en la oficina. Solo falta que lo pongamos en práctica y nos convenzamos de las bondades que nos brinda la tecnología para ser mejores profesionales y dispongamos de mayor tiempo para lo que verdaderamente nos puede hacer feliz, más allá del trabajo.     

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