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25/05/2024. 13:11:49

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Directivos narcisistas (I)

Director de Marketing e Innovación de Nanfor Ibérica joseen@nanforiberica.com

Casi todos hemos digerido mal algún logro y, desde luego, muchos de nosotros dedicamos una significativa parte de nuestra atención a cultivar el ego; pero en algunos casos, este consumo de atención parece realmente excesivo y nuestro rendimiento profesional se resiente. Para quienes, tras algunos éxitos iniciales, llegan al extremo de perfilar una personalidad narcisista, lo que viene después suelen ser sucesivos traspiés.

Directivos narcisistas (I)

En el entorno del narcisista hay personas a quienes consigue engañar, pero también hay otras que le perciben casi como es, y hasta sienten algo de vergüenza ajena. A veces se acompaña de algún grado de corrupción, pero el narcisismo ha de ser visto como un trastorno de la personalidad, como un grave e indecoroso exceso de autoestima.

Resulta curioso que sea precisamente la atención al ego lo que les desactive el sentido del ridículo, aunque no todo el mundo les percibe impecablemente absurdos o extravagantes, ni -obvio esto- todos los que hacemos el ridículo somos narcisistas. El narcisista es una persona que se sobrestima en muy visible medida y precisa ser admirado por los demás, a los que considera inferiores y desprecia. Fantasea sobre sus logros y méritos pasados y aun futuros, muestra falta de empatía, se manifiesta de forma arrogante y no tolera las críticas; el culto a sí mismo le lleva además a cuidar en extremo su aspecto e indumentaria. Con su falsa imagen propia, ya se ve lo peligroso que puede ser un narcisista en puestos directivos. Llega a considerar que sus subordinados están a su servicio en vez de al de la empresa, y su propio interés predomina sobre la legitimidad. Piensa que las normas no están para él y se las salta sin conciencia de culpa. Aunque sean muchos los estirados, los arrogantes o los engreídos, el narcisismo parece ciertamente algo más grave, sobre todo en quienes administran poder.

He leído que ésta es la enfermedad de nuestro tiempo en el mundo empresarial, y parece ciertamente una enfermedad porque, con juicio sano, un posible narcisista podría pensar casi lo mismo de sí, sin quedar tan en evidencia. Creo que vale la pena que dediquemos unos minutos a reflexionar sobre esta perturbación de la personalidad, en prevención de la misma o, en su caso, persiguiendo una posible, aunque difícil, toma de conciencia. Pero también podemos reflexionar juntos sobre la forma de convivir con un directivo narcisista porque, en ese caso y según reaccionemos, nos puede ir bien o podemos correr serios riesgos. Diría ya que me sorprende que las organizaciones no se prevengan más contra estos trastornos, pero sea el lector quien llegue a sus conclusiones.

Puede que casi todos hayamos pasado por alguna etapa de exagerada autoestima -yo lo admito-, pero en la madurez deberíamos estar ya curados y conocernos mejor. El tema me interesa desde hace tiempo. Siendo yo niño, había un empresario amigo de la familia, que era siempre el centro de atención allá donde estuviera; todos le consideraban una persona especial y a él le gustaba mucho que lo escucharan. Ahora lo identifico como algo narcisista, pero entonces me parecía una referencia a considerar: acabó mal, por cierto. Luego, ya en mi trayectoria profesional de docente y consultor, he sufrido -y me han sufrido- más de diez jefes distintos, uno -sólo uno- de los cuales me parecía narcisista en grado de trastorno. No me siento animado a evaluar a mis jefes, considerando además que tampoco yo mismo he debido ser el colaborador ideal; pero creo poder reconocer a un directivo narcisista, distinguiéndolo de quienes lo parecen pero no lo son, y de quienes simplemente amenazan serlo. De todos modos, es más seguro acudir a los expertos, y lo hacemos a continuación.

Leído en un interesante libro (Mobbing) de Iñaki Piñuel que releo de vez en cuando, la DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) apunta comportamientos característicos de la personalidad narcisista. Ya cabría hablar de tal, si se diera la mitad de los siguientes:

  • El sujeto posee una idea grandiosa de su propia importancia.
  • Le absorben fantasías de éxito ilimitado y de poder.
  • Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido por otras personas especiales.
  • Tiene una necesidad excesiva de ser admirado.
  • Tiene un sentido de "categoría", con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable.
  • Explota a los demás y se aprovecha de ellos para conseguir sus fines.
  • Carece de empatía.
  • La envidia, por pasiva o activa, reside en su conciencia.
  • Se manifiesta prepotente y arrogante.

Quizá todos podemos ponerle cara a estos rasgos porque se ven por la tele: no se dan sólo en la empresa. Pero el propio Piñuel, en un capítulo de su libro sobre el acoso psicológico, nos traslada al entorno de las organizaciones, para identificar características más específicas del narcisismo. El autor sitúa al narcisista, entre otros perfiles, como un posible acosador u hostigador, y por eso le dedica varias páginas. Entre las características de este trastorno en la empresa, nos señala:

  • Pensamientos o declaraciones de autovaloración profesional.
  • Historias de grandes logros en el pasado.
  • Hipersensibilidad a la evaluación de los demás.
  • Utilización de los demás como espejo o auditorio.
  • Violación de los códigos éticos de la organización.
  • Sentimiento de imprescindibilidad y aun de infalibilidad.
  • Monopolización del mérito ajeno o colectivo.
  • Autoatribución de gran visión estratégica.
  • Evitación de que otras personas destaquen.
  • Propagación de la mediocridad, para brillar sin obstáculos.
  • Creencia de que las reglas no son para ellos.
  • Atención al nivel jerárquico en su relación con los demás.
  • Desprecio a colegas y subordinados.
  • Fobia al fracaso.

Ya se va viendo lo pernicioso que puede resultar la perturbación que describimos. Probablemente, el daño que pueden hacer a sus organizaciones es proporcional a su poder y no podemos sorprendernos de que un primer ejecutivo narcisista acabe llevando a su empresa al fracaso. A un observador, no pocos ejecutivos de grandes empresas pueden parecer distantes, fríos, estirados y egocentristas -como les suelen gustar los actos litúrgicos multitudinarios, uno puede observarlos bien-, pero eso no les hace siempre narcisistas. A mí, en experiencia propia, me llamó la atención que alguien a quien yo tenía por tal, respondiera siempre de manera muy abstracta a las preguntas que le hacíamos en las grandes reuniones, y que, cuando le pedíamos concreción, se fuera ya a detalles minúsculos; ahora sé que éste también parece ser un síntoma del trastorno.

El lector podría llegar a otra conclusión, pero a mí me parece que el narcisismo podría tener su origen en una mala digestión de un éxito temprano y verse favorecido por un exagerado reconocimiento del entorno. Si, aún inmaduro, el individuo sigue cosechando buenos resultados, puede ir acentuando el perfil o no; pero cuando, como parece normal, llega algún traspié, puede que sea ya demasiado tarde y la conciencia del individuo no pueda aceptarlo: ahí podría consolidarse, en su caso, la personalidad narcisista que describimos, quizá como defensa ante la adversa realidad. Puedo estar simplificando demasiado y aun especulando, pero el lector puede así contrastar su modo de verlo con el de un observador autodidacto que en la universidad no estudió Psicología, sino Electrónica.

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