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13/08/2020. 13:29:07

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Carta bajo la manga

Profesor Universitario
Especialista en técnicas de litigación oral

José Luís Vegas

Se atribuye esta frase a las personas que jugaban a los naipes y estaban dispuestas a esconder y sacar la baraja de mayor valor en un momento determinado para así ganar el juego y por supuesto la apuesta. Esto era entendido como una trampa, como un timo, como un engaño o como una fullería.

Evidentemente que esto no solo era antes, ya que no me cabe duda que mientras usted se encuentra leyendo este artículo, alguien en algún lugar del mundo estará tratando de sacar debajo de la manga su mejor carta para así resultar vencedor, al igual que se hacía en el viejo oeste.

Tener una carta bajo la manga en el aspecto estrictamente jurídico no es malo, pues, al contar con un recurso bastante valioso, lo ideal es no mostrarlo desde un primer momento, sino guardarle para la oportunidad procesal en el cual este pueda rendir una mayor utilidad, un mayor beneficio o se le pueda sacar el mayor provecho posible. Claro está, justo es saber que en los procesos penales actuales, no hay sorpresa, es decir, no existe la posibilidad de sacar el as cuando el fiscal o el defensor lo consideren prudente intentando sorprender a su contraparte. Hay una etapa en el proceso, en donde se tiene que mostrar la prueba que se pretende ofrecer para desahogar o evacuar en juicio; pero eso sí, hay que hacerlo tratando de minimizar la importancia o el impacto que pudiera causar dicho recurso dentro del debate o juicio.

Una carta que se debe sacar y con la que muy pocos  abogados cuentan es la baraja de la creatividad, de la imaginación o de la inventiva; y esto no puede y no debe considerarse como una trampa o como un engaño. La creatividad consiste en hacer cosas en la sala que nadie antes pudiera imaginar que fueran a ocurrir. El proceso oral, permite al abogado hacer uso de su elocuencia, de su oratoria, de su retórica; y en razón del principio de la libertad probatoria, se pueden probar los hechos por cualquier medio siempre que este hubiere sido obtenido lícitamente.

Así las cosas, para tratar de demostrar como ha ocurrido un hecho, el litigante debe hacer uso de la vitalidad y el dinamismo. La fuerza, el vigor y la energía más la laboriosidad, la aplicación y la diligencia; combinadas con la creatividad permiten crear realidades que penetrarán en la psiquis del juez haciendo que este vea –y sienta- los hechos de un modo más perceptible.

Hay que tratar de ser lo más descriptivo posible al estar alegando, al estar argumentando, al estar interrogando o al estar contrainterrogando. Para ello hay que hacer uso tanto de las tecnologías, como de cualquier recurso que permita que el juez “vea” las palabras, que el juez “sienta” las heridas, que el juez le “duelan” los golpes.

Necesario es dejar de ser tradicional en este sentido, hay que utilizar nuevos procedimientos para superar las dificultades que tiene un juicio oral. La carta bajo la manga la puede constituir por ejemplo la figura de un maniquí en la sala de juicios en donde se evidencie –con sangre incluida- cual fue la región anatómica comprometida producto de la herida causada por el acusado. El as bajo la manga, pudiera ser la de llevar un trozo de carne de cerdo (los entendidos señalan que es la más parecida a la de los humanos) a la sala de juicios y con un cuchillo de idénticas características al incriminado propinarle unas puñaladas tal cual como las debió haber recibido la víctima. Te aseguro que al juez nunca se le va a olvidar como entraba y salía el cuchillo de la piel, así tampoco borrará de la memoria como quedaba ensangrentada la mano y el puñal de quien hacía uso de tal arma, todo esto producto del principio criminalístico de intercambio. De esta forma se pudiera recrear como se causaron las heridas, con qué medio de comisión se produjeron y por qué en el cuchillo colectado en el sitio del suceso había sangre tanto de la víctima como del acusado.

Una imagen dice más que mil palabras, y si esto es así, ¿Por qué no hacer uso de esa baraja?, ¿de esa carta?, ¿de ese naipe? ¿Qué tiene de malo entonces llevar un juguete con apariencias similares al arma de fuego que fue usada y representar lo que tuvo que hacer quien ejerció el legítimo derecho a la defensa?  ¿Por qué no utilizar el as tecnológico de la animación tridimensional, donde se represente la velocidad, la tara, el volumen y la dimensión de los vehículos involucrados en el accidente de tránsito? ¿Por qué no colocarse un traje donde se observen los órganos del cuerpo humano y mostrar cuál de estos fue el que lesionó el proyectil disparado por el arma de fuego? ¿Qué tiene de malo llevar una cabeza de cerdo a la sala y darle tantos golpes con un instrumento exactamente igual al mismo objeto contundente que fue usado para fracturar el cráneo y así causar la muerte?

Por supuesto, nada, absolutamente nada de cuanto te estoy recomendando hacer, es prueba. En el expediente tienen que existir las experticias del arma de fuego, del cuchillo, de la sangre, de las heridas, entre muchas otras. La carta bajo la manga la representará el dramatizar cómo se produjeron los hechos. El as bajo la manga será el representar como el puñal penetraba la piel y se impregnaba de sangre. La baraja bajo la manga, consistirá en proyectar en imágenes 3D la última vista que tuvo antes de morir el conductor del vehículo que fue impactado por otro que transitaba en contra vía.  

El juicio oral no es una obra de teatro; es lo más similar, lo más parecido. Por ello, hay que imprimirle toda la pasión posible, toda la pasión necesaria y toda la pasión permisible, para así poder convencer al juez y al igual que en el póker; ganar la partida. La creatividad es tomar riesgos, inventar, romper reglas. La creatividad requiere el coraje de hacer lo que otros no se atreven a hacer. La creatividad invita, exhorta y estimula a hacerle ver al juez, lo que nadie antes se había atrevido a mostrarle. 
Si para persuadir al juzgador, se hace necesario sacar una carta bajo la manga; ¡¡pues habrá que hacerlo!!!

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