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02/03/2024. 15:17:50

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Compliance y Dirección de Personas, una alianza estratégica necesaria

Directora de Personas y Cultura y miembro del Comité de Compliance de Fundación Juan XXIII

Cuando una organización apuesta por implementar un sistema de gestión de Compliance son muchos los desafíos a los que se enfrenta. Con motivo de la reciente certificación obtenida por Fundación Juan XXIII en Sistemas de Gestión de Compliance UNE-ISO 37301 por parte de AENOR y desde la experiencia de trabajar activamente en los ámbitos de Personas y Compliance, es necesario considerar el impacto que genera en ellas apostar por una cultura de cumplimiento normativo, excelencia y ejemplaridad en los estándares éticos.

La gestión de personas en el contexto de una fundación implica manejar un equipo diverso y motivado por la misión y valores de la organización. Entre las competencias de la Dirección de Personas, además de la selección de calidad, la formación continua y la atracción y retención del talento, está también la búsqueda de un entorno laboral saludable y el fomento de la cultura organizacional. Sin embargo, la introducción de un sistema de gestión de Compliance puede añadir una capa adicional de complejidad a estas responsabilidades.

Este sistema busca garantizar que la organización, además de cumplir con la normativa vigente, se compromete de manera voluntaria a establecer una serie de normas, protocolos y controles que la ayuden y guíen en este camino a la excelencia. Todo este procedimiento interno que se va generando tiene vocación de permanencia y pasa a formar parte de la cultura de la organización como la brújula que marca el rumbo y, en algunos casos, puede entrar en colisión con la cultura preexistente en la organización.  

Implica, por lo tanto, dar un paso adelante con la voluntad auténtica de ser una organización mejor, de exigirse más a sí misma y de ser referente en la autoexigencia. Sin humo, sin florituras, sin magia, pero con mucho esfuerzo y conscientes de que es una tarea que compromete a la entidad a largo plazo.

Sin embargo, las verdaderas protagonistas del cambio son las personas que componen la organización. Sin su compromiso de trabajar hacia la excelencia desde la mejora continua, no es posible alcanzar estas cotas de exigencia marcadas por la certificación.

Garantizar una comunicación transparente, ofrecer formación efectiva y fomentar la participación activa de la plantilla, son elementos cruciales para superar los desafíos y lograr una transición fluida hacia un entorno organizacional más ético y cumplidor. En este sentido, la colaboración estrecha entre el órgano encargado de la implantación y la Dirección de Personas también es clave y, por supuesto, contar con la comprensión y el entendimiento de los equipos que son los que convertirán en real y auténtica esta cultura de cumplimiento. Es un trabajo de todos, es un trabajo del día a día.

Solo con este esfuerzo conjunto será realmente viable esa transformación. Y no será fácil, pero merece la pena a largo plazo por los beneficios que esta conducta ejemplarizante conlleva: mayor certidumbre, contar con profesionales más capacitados y éticos, contribuir a que la entidad cumpla con sus objetivos de manera coherente y transparente, fortalecer la confianza en los órganos de gobierno y de gestión y fomentar un ambiente laboral más seguro y equitativo.  

En última instancia, la alianza estratégica entre Compliance y Dirección de Personas se erige como el cimiento para una transformación exitosa hacia una organización ética y comprometida con la excelencia. Cuanto más transparente sea la comunicación y mayor la información proporcionada, más libertad se otorga a las personas para tomar decisiones informadas. Este enfoque transparente de cómo se ejecutan las operaciones se convierte en un atractivo para aquellos que buscan colaborar o participar, resaltando la esencialidad de la transparencia en la senda hacia una cultura organizacional ejemplar.

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