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Blog Manual Interno de Gestión

3 de Septiembre de 2015

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

El abogado y el cambio: cómo enfrentarse a la transformación de nuestros despachos

Cuando me senté frente a la pantalla decidido a escribir el primer post de la temporada, me surgieron diversas temáticas de lo más variadas. Finalmente, tras sopesarlo concienzudamente, y teniendo en cuenta la situación de transformación continua en las que se halla nuestra profesión, he optado por empezar escribiendo sobre la capacidad de los abogados para gestionar el cambio, habilidad de la que hoy más que nunca debemos disponer.


Y para ello hemos de partir de una realidad, cual es que la Abogacía, como actividad profesional, está en permanente transformación, cambio éste que es inherente tanto a los despachos en tanto entidades que interactúan en un entorno muy competitivo, como respecto a los profesionales que los integran, pues en tal contexto, los abogados también nos vemos imbuidos en un proceso de transformación personal, a veces, imperceptible, pero implacable. Por ello, es fundamental que los abogados seamos conscientes de que nuestro universo profesional está condicionado por el cambio y que tenemos necesariamente que estar alerta y preparados para gestionarlo adecuadamente.

Dicho de forma más elocuente: ahora mismo, cuando te estás incorporando a tu despacho y haciendo planes, es muy posible que sin ser consciente de ello, la necesidad del cambio te esté acechando a ti y a tu organización.

Esta exigencia es clave, máxime cuando los abogados, como todos los seres humanos, no somos amigos del cambio, siendo resistentes y renuentes a asumir el costo de admitir y aceptar la contradicción que supone ver cómo nuevas creencias, valores, conductas y normas, que no resultan coherentes con los que venimos admitiendo, se quieren instalar en nuestra vida a costa de una buena dosis de esfuerzo e incomodidad,  cuestionando los presupuestos, perspectivas, estrategias e identidad tanto del despacho como del profesional, lo cual es muy complejo, especialmente por el apego emocional por todo aquello que hemos construido a lo largo de los años. De hecho, esta situación de vivir el cambio, provocará que muchos abogados se vean asaltados por el miedo, la ansiedad y un profundo malestar personal. Ilustra esta idea de la resistencia al cambio la anécdota en la que, a principios del siglo pasado, el presidente de un banco le dijo al abogado de Ford lo siguiente: "El caballo está aquí para quedarse, pero el automóvil es sólo una novedad, una moda pasajera"... ¿Resistencia al cambio?

Conscientes de dicha resistencia, y por supuesto, de la existencia de un contexto cambiante, es fundamental asumir la posibilidad de tener que gestionar el cambio, para lo cual podemos partir de los siguientes consejos ofrecidos por el psicólogo Walter Riso siguiendo a Albert Ellis:

    1º.- Hay que estar comprometido con el proceso de cambio y desearlo desde lo más profundo. Por tanto, hablamos de disciplina y motivación, o lo que es lo mismo, determinación.

    2º.- Sentir que el cambio es necesario y te será útil, es decir, saber por qué y cómo cambiar.

    3º.- Ser consciente de que la situación resultante del cambio constituirá una mejora en nuestra vida profesional y pasar a la acción.

    4º:- Para cambiar hay que tener fuerza de voluntad, es decir, persistencia.

Y la mejor herramienta para recorrer este camino no es otra que la capacidad de adaptación, una competencia emocional referida por Daniel Goleman en sus trabajos sobre la inteligencia emocional. Señala este autor que las personas que destacan en esta competencia disfrutan con los cambios y saben sacar provecho de la innovación. Son personas que permanecen abiertas a los nuevos datos y que pueden renunciar a sus antiguas creencias y adaptarse a los nuevos tiempos. No les molesta la incertidumbre que suele provocar lo nuevo o lo desconocido y se hallan siempre dispuestos a arriesgarse y buscar nuevas formas de hacer las cosas. La adaptabilidad requiere la flexibilidad necesaria para considerar una determinada situación desde perspectivas muy diferentes. Pero también exige de la fortaleza emocional que nos permita estar cómodos con la inseguridad y permanecer en calma ante lo inesperado.

Por ello, los abogados hemos de permanecer abiertos a las ideas y los enfoques nuevos y ser lo suficientemente flexibles como para responder rápidamente a los cambios que nos demanda el entorno cambiante empleando una adecuada adaptabilidad. Y ojo, por cambio puede entenderse desde la necesidad de modificar o dar flexibilidad a nuestro horario de trabajo hasta el incorporar nuevas habilidades a nuestro acervo profesional, pasando por una completa reestructuración de nuestro despacho.

Concluyo adaptando un pensamiento de Comte-Sponville a nuestra profesión:

En un mundo en el que todo cambia, la inmutabilidad sería imposible o mortífera. Un despacho solo puede conservarse con la condición de una adaptación permanente. Un abogado no puede seguir siendo el mismo si no evoluciona, aunque sea a regañadientes lo mínimo posible. Vivir es crecer o envejecer, dos maneras de cambiar.

Un saludo muy afectuoso a todos, con el deseo de que disfrutéis de un año extraordinario en lo personal y profesional.

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web y conoce sus obras en la página e-autor.


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