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26 de Junio de 2014

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Enseñanzas del fracaso de 'La Roja' para abogados

La selección española ha fracasado en el Mundial de Brasil. De esto no hay duda. Nuestra propia intuición y la de los medios de comunicación no pueden equivocarse: el descalabro ha sido absoluto. Ni los más pesimistas podían augurar este rápido y triste desenlace.


Afortunadamente para todos, el fracaso se ha suavizado gracias a lo conquistado en los últimos años por este extraordinario equipo. De hecho, con el paso del tiempo nadie se acordará del batacazo y si de los tres títulos que lucirán en las vitrinas de la Federación.

No obstante, con independencia del lenitivo que suponen dichos trofeos, lo cierto y verdad es que la selección (la Federación, el cuerpo técnico y los jugadores) son partícipes de un fracaso que a todos nos ha hecho sentirnos mal, frustrados y tristes. Pero la vida sigue, y los responsables tendrán que encarar el fracaso con nuevas decisiones y medidas.

Y es precisamente de estas medidas y otros elementos conexos al fracaso sobre lo que pretendo escribir en este post, pues los abogados, al igual que en otras actividades del ser humano, pero quizás con mayor intensidad, viven con el éxito y con el fracaso de forma permanente, y ello esencialmente debido a la confrontación que subyace en gran parte de nuestra actividad, especialmente la litigadora y negociadora. Efectivamente, la mala noticia es que no podemos negar que con cierta reiteración vivimos escenarios en los que el resultado de nuestro trabajo (las más veces complejo y exigente) concluye de forma insatisfactoria para las expectativas de nuestros clientes, lo que supone a ojos de éstos un menoscabo del profesional, percepción ésta que genera en nosotros la inevitable frustración y desasosiego.

Sin embargo, también hay una buena noticia, y es que el fracaso, bien gestionado, tiene un componente enormemente beneficioso para el abogado, y no es otro que el de oportunidad para nuestro crecimiento personal y profesional. Así pues, vamos con ello.

Cuando el fracaso llama a nuestra puerta, podemos adoptar dos posturas, una primera, consistente caer en la inacción, lamentándonos de nuestra desgracia, mala suerte, etc... frustrarnos y rendirnos. La segunda, centrada en actuar y sacar el máximo provecho de la experiencia de la decepción.

Cuando tenemos un fracaso y lo digerimos emocionalmente (no está de más enfadarse, lamentarse y entristecerse), hemos de iniciar inmediatamente un curso de acción que supone replantear nuestra actuación y encontrar las causas, es decir, analizar los hechos y encontrar el por qué de nuestro fracaso. Volviendo a la selección, sus técnicos tendrán que determinar las causas del desastre ¿Convocatoria "política" de jugadores? ¿Convocatoria de jugadores en baja forma e incluso lesionados? ¿Error en la elección del cuartel general? ¿Introducción de jugadores ajenos al esquema de juego de la selección? ¿Falta de ilusión y motivación en la plantilla? ¿Falta de reacción del técnico al plantear el partido contra Chile tras el repaso de Holanda?

Supongamos ahora que se han encontrado las causas ¿Qué hacer? Pues sencillamente aprender de los errores cometidos y realizar un planteamiento alternativo para que esta situación no vuelva a ocurrir en otra competición en la que participe la selección ¿Renovación del equipo? ¿Cambió del técnico? ¿Cambio de la organización de las pretemporadas de competiciones? De lo que se trataría aquí es de ponerse los manguitos y planificar posibles soluciones a corto, medio y largo plazo a través de una estrategia.

Finalmente, una vez establecida la estrategia, pasar a la acción, con ilusión y confianza, sabedores que no se van a volver a cometer los mismos fallos sino que, al contrario, se volverá a la senda del éxito.

Pues así de sencillo, cuando el abogado se encuentre frustrado ante un fracaso, debe superar rápidamente la fase emocional (que insisto, es buena) para sentarse y reflexionar, si es posible con lápiz en mano, detectar en que hemos podido contribuir al infeliz desenlace y una vez dispongamos de dicha información, establecer qué medidas adoptaremos en el futuro para que esto no vuelva a suceder. Luego, en la medida de lo posible, implementar aquellos cambios que sean necesarios.

Personalmente, cuando me he llevado un varapalo tras un juicio (bien sea porque el compañero me ha dado un revolcón, o he cometido errores durante el juicio o la sentencia ha sido desfavorable) y me ha afectado profundamente, tras la "bajona", necesito dedicar tiempo a analizar lo que ha ocurrido y reflexionar sobre la forma de mejorar en el futuro. Y puedo asegurar que me ha ayudado a hacerlo mucho mejor y así, poco a poco, se va creciendo.

Todo esto parece obvio, pero el hacerlo de forma consciente produce una sensación renovadora muy gratificante que nos hará coger fuerzas que sin duda nos ayudarán a mejorar, porque, no lo olvidemos, el fracaso entraña numerosos beneficios. Veamos algunos de ellos:

  • La experiencia del fracaso nos ayudará a estar más avisados en el futuro.
  • El fracaso te endurece, ya que te hace más fuerte ante la frustración que lleva aparejada toda derrota.
  • Daremos más valor y estaremos más preparados para el éxito.
  • Aprenderemos a convivir con lo inevitable, pues no siempre salen las cosas como uno quiere (y a veces esto es difícil de aceptar)
  • Nos ayudará a aceptar que no somos perfectos ni infalibles.
  • Descubriremos que nuestra vida va más allá de un resultado exitoso.

Dicho esto, no me resisto a traer a colación una idea relacionada con el fracaso que influyó notablemente en mi desarrollo personal y profesional y que encontré en el extraordinario libro de Bernabé Tierno "Elegir el éxito". En dicha obra, al describir los rasgos de la persona de éxito, Tierno indica que éstas saben que han de avanzar hacia su objetivo de manera gradual, alterando los fracasos con los éxitos, pero sin perder nunca de vista la meta, con espíritu invencible, con tenacidad y siendo conscientes de que cualquier revés, dificultad o problema es un paso más que los aproxima con toda seguridad al logro de su objetivo.

Dicha afirmación la ilustra a través de la gráfica transcrita que combina la relación de porcentaje de logros y tiempo que se tarda en realizarlos.

Tabla 1. Relación de porcentaje de logros y tiempo que se tarda en realizarlos.

Como vemos, la línea ondulada representa a las personas de éxito. El perdedor o fracasado espera que el éxito sea una línea ascendente y recta, un camino llano sin dificultades ni contratiempos que vencer. Por eso el perdedor se siente inútil, fracasado e incapaz ante las primeras dificultades y se rinde y abandona. Este ciclo negativo se produce cada vez que comete un error y así, las profecías negativas se van cumpliendo alcanzándose un estado de renuncia absoluta.

En fin, esperemos que "La Roja" demasiado acostumbrada a los constantes éxitos (si bien bastante tuvimos que aguantar los años anteriores a esta etapa dorada) no se identifique con la línea ascendente, y comience con la ondulación que necesita, para cosechar nuevos éxitos.

Juventud y calidad hay, y esto es una pista Sr. Villar...

En cuanto a nosotros, los abogados, nada, a lidiar con el fracaso cuando llegue y a crecer, pues como dice Enrique Rojas "El fracaso enseña lo que el éxito oculta: la capacidad de crecerse en los obstáculos y no darse por vencido"

Este y otros post y artículos de Legal Today podrá encontrarlos en la página web del autor


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