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11 de Septiembre de 2014

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Inteligencia emocional y abogados: cuando las emociones suman

Los abogados se han caracterizado secularmente por un dominio del conocimiento técnico jurídico, por lo que la capacidad de estudio y análisis ha sido esencial en su desarrollo profesional. Tan es así, que el abogado tradicional ha despreciado, si no marginado, todo lo relativo a la gestión de las emociones.


¿Para qué me sirven las emociones, se preguntaba? ¿No es suficiente que resuelva el asunto empleando al máximo mis conocimientos técnico-jurídicos?  ¿Qué me importa lo que sienta el cliente?, ¡bastante tengo con hacer mi trabajo! En este contexto, la prioridad absoluta del abogado ha sido el caso/encargo y no el cliente, de manera que las habilidades intelectuales (hard skills) ha prevalecido en demérito de las habilidades emocionales (soft skills). Es más, al lidiar con emociones negativas (lo cual es habitual en nuestra profesión), se las ha considerado un mal menor que hay que soportar.

Sin embargo, estudios realizados en el campo de la neurociencia y de la psicología han demostrado, de forma sorprendente, que las habilidades emocionales incrementan notablemente las funciones intelectuales y dan acceso otras habilidades de considerable importancia en la persona. Así, Mayers y Salovey publicaron el primer trabajo sobre la Inteligencia Emocional (en adelante IE) y su medición experimental, concluyendo que la combinación de emoción y pensamiento favorece una mejor capacidad de análisis y  la toma de las decisiones óptimas.  Estos descubrimientos fueron popularizados en 1995 por Daniel Goleman, dándose a conocer al público en general la denominada IE.

¿Qué es la inteligencia emocional?

El concepto de IE no es pacífico, pues existen numerosas definiciones, si bien todas mantienen una unidad conceptual. Para esta colaboración vamos a tomar la definición de Salovey y Mayers que la definen como una forma de inteligencia social que implica la habilidad de controlar los sentimientos y emociones de uno mismo y de los demás, con el fin de discriminar dicha información y emplearla con el fin de guiar nuestro pensamiento y acción. Por lo tanto, de lo que se trata con la inteligencia emocional es disponer de habilidades que nos permitan reconocer, comprender, emplear y gestionar las emociones tanto para resolver problemas como para regular nuestro comportamiento.

Dependiendo de los autores, la IE suele componerse de diversas capacidades que representan diferentes conjuntos de información muy valiosa para gestionar las emociones. Siguiendo el modelo de Goleman (quizás el más conocido), podemos encontrar la autoconciencia, la autogestión, la empatía y las capacidades sociales.

Por otro lado, la IE, no puede confundirse con el Coeficiente Intelectual, con una clase o tipo de personalidad particular, con ser una persona agradable o con alguien que gusta a la gente.

¿Por qué es importante la inteligencia emocional para los abogados?

Para comprender la importancia de la IE para los abogados, es fundamental partir de la base de que la práctica de la abogacía implica trabajar con terceras personas. Efectivamente, interactuamos diariamente con clientes, compañeros de profesión y con otros profesionales de la Administración de Justicia, por lo que el abogado está obligado a desarrollar aquellas competencias y habilidades que faciliten su desenvolvimiento en este contexto con el fin de ser más eficaces. Y es precisamente la IE el factor determinante del desarrollo de dichas capacidades, pues ya hemos explicado que según numerosos estudios las habilidades emocionales incrementan notablemente las funciones intelectuales y da acceso otras habilidades de manifiesta importancia.

Veamos a continuación, al amparo de dichos estudios, el perfil ideal de un abogado que dispone un alto grado de IE:

  • Sabe identificar los valores y necesidades de los clientes y responder a los mismos adecuadamente.
  • Es consciente y sabe manejar sus sentimientos y emociones y las de los demás.
  • Es más proclive a escuchar y a emplear el denominado feedback.
  • Sus decisiones son más seguras y fiables.
  • Saben transmitir decisiones impopulares al equipo o a sus clientes y gestionar adecuadamente la respuesta a las mismas.
  • Sabe motivar a sus compañeros y empleados contagiando el buen hacer.
  • Es un extraordinario trabajador en equipo, pues sabe cómo gestionar las emociones internas y externas del mismo.

Por lo tanto, a tenor de dicho perfil, el fomento de la IE en los despachos de abogados (algo que se viene haciendo desde hace dos décadas en los Estados Unidos) es fundamental para el éxito de la organización. En tal sentido, podríamos aventurarnos a señalar aquellos beneficios a los que la IE podría contribuir.

  • Se fomenta la lealtad de los clientes, de los miembros del despacho (abogados y personal), y se establecen fuertes relaciones con terceras personas o entidades vinculadas al despacho.
  •  La IE favorece el desarrollo de extraordinarios líderes dentro de la organización, lo que a su vez coadyuva a un clima laboral positivo incrementando la calidad del trabajo desarrollado por los integrantes del despacho.
  • Igualmente, los equipos de trabajo son más creativos y productivos al alcanzar una mayor participación, colaboración y cooperación entre sus miembros.
  • Finalmente, el despacho, mejora en logros y resultados.

En definitiva, un despacho formado por profesionales que sepan liderar equipos, identificar las preocupaciones de los clientes, establecer fuertes relaciones, son el elemento clave para incrementar la productividad,  fortalecer el liderazgo y alcanzar altos niveles de influencia e impacto de la organización constituye un factor diferencial a tener muy en cuenta en un en un mercado global y competitivo como el nuestro.

¿Puede aprenderse la IE?

Para concluir, creo que es justo tratar sobre este aspecto, pues es obvio que ante las ventajas de la IE más de uno se habrá planteado la posibilidad de profundizar más en esta materia.

La respuesta es evidentemente afirmativa, pues la IE puede aprenderse como cualquier otra habilidad, si bien el grado de aprendizaje dependerá de la habilidad natural de cada uno, pero ciertamente, puede aprenderse y los resultados suelen ser rápidos y espectaculares. En Estados Unidos se emplean diversas técnicas de enseñanza de IE para abogados (desgraciadamente, en nuestro país este tipo de formación no está tan popularizada, aunque existen algunos seminarios sobre la materia), entre las que se encuentran el coaching, programas dirigidos a fomentar concretas habilidades, etc.. No obstante, creo que una vía de acceso a la IE es ilustrarse profundamente sobre esta materia a través del considerable material existente, siendo aconsejables algunas de las técnicas que se encuentran en los tratados que se ocupan de la materia. No obstante, dicho aprendizaje deberá ser completado con la asistencia a cursos y seminarios.

Un buen comienzo puede ser la lectura del artículo El desarrollo de la inteligencia emocional, incluido en el libro de Daniel Goleman "Liderazgo, El Poder de la Inteligencia Emocional", donde el autor explica técnicas elementales de aprendizaje.

Seguiremos hablando sobre esta materia de verdadero interés para nuestro colectivo.

Este y otros post y artículos de Legal Today podrá encontrarlos en la página web del autor



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