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1 de Febrero de 2018

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

La pérdida del cliente, un alto coste para el abogado

Entre las diversas enseñanzas de las que nos ha proveído la crisis económica a los abogados podríamos destacar el valor que para todo despacho tiene el cliente, máxime cuando a resultas de aquélla, nos encontramos ante un mercado de servicios profesionales más competitivo (especialmente en los precios), en el que el cliente se ha vuelto más exigente en su demanda y menos leal en su relación, sabedor de que en un escenario de falta de liquidez, cualquier esfuerzo económico que realice deberá ser justamente compensado por uno de los muchísimos profesionales que le ofrecerán sus servicios.


Uno de los principales riesgos de este escenario lo constituye la mayor probabilidad de que el cliente, atraído por una amplia oferta de servicios, pueda dejar de contar con su abogado, pérdida que, en la actual situación económica, será más costosa que nunca.

En este contexto, es fundamental para el abogado desplegar todas sus habilidades para fidelizar al cliente y evitar su pérdida, si bien, en el presente post vamos a referirnos al coste que supone para el despacho la pérdida de un cliente.

Los costes que suponen la pérdida del cliente pueden clasificarse en costes directos y costes indirectos. Los primeros se refieren a aquellos costes que son percibidos por el profesional de forma inmediata; los segundos, son aquellos que no son aparentes y que sólo se manifiestan a largo plazo. A continuación, procedemos a su detalle:

    1. Costes directos.

    • La pérdida de ingresos: Lógicamente, la pérdida del cliente supone un quebranto económico para el despacho, ya que el cliente nos proporciona unos ingresos periódicos o irregulares, pero en cualquier caso ingresos. Basta con realizar una estadística de la facturación relativa a dicho cliente para tener una idea aproximada de este coste tangible y directo. Naturalmente, la pérdida de ingresos supondrá una reducción del beneficio o, a veces, una mayor pérdida del ejercicio.

    2. Costes indirectos.

    • Pérdida de oportunidades de recomendación: Un cliente satisfecho con nuestros servicios es nuestro mejor embajador (prescriptor) ante potenciales clientes, ya que cuando tenga la ocasión, nos recomendará a sus amigos, familiares y conocidos. De hecho, el boca a boca es uno de los sistemas de publicidad más eficientes con los que cuenta el despacho. Aunque sea difícil de imaginar, gran parte de los ingresos futuros de la firma dependerán de cómo se resuelva esta situación.
    • Pérdida de reputación: Un cliente insatisfecho no se limitará a marcharse del despacho, sino que en cuanto disponga de la oportunidad, transmitirá su insatisfacción en su círculo personal, generándose así un daño a la reputación de la firma y, lógicamente, la pérdida de oportunidad de captación de futuros clientes que se dirigirán a otro despacho que disponga de mejores referencias. Si bien hay multitud de estadísticas al respecto, un cliente insatisfecho contará su experiencia a una media de 10 personas.
    • Costes generados en la captación del cliente: Aunque sea un concepto difícil de cuantificar, lo cierto es que la captación del cliente perdido nos supone un importante coste que en numerosas ocasiones no habrá podido ser compensado en el momento de la marcha del cliente, y por tanto supondrá una pérdida económica.
    • Costes necesarios para captar nuevos clientes: Los expertos estiman que captar a un cliente cuesta siete veces más que mantenerlo. En consecuencia, la pérdida de un cliente conlleva necesariamente la realización de nuevos esfuerzos para la captación de otro cliente con el que podamos recuperar la facturación perdida, esfuerzos éstos que nos supondrán un elevado costo añadido.
    • El daño generado a la moral del equipo: En la mayoría de los casos, cuando un cliente se marcha, el resto de los abogados del despacho y el personal administrativo sienten la pérdida del cliente desde una perspectiva más vinculada a la reputación del despacho que respecto a la pérdida de ingresos. Si las pérdidas se reiteran, es probable que esta situación sea causa de una rotación peligrosa para el despacho que impida crear al mejor equipo.

Por lo tanto, cuando nos encontremos ante una situación de potencial pérdida de un cliente, deberemos valorar el coste directo e indirecto que su marcha puede generar para el despacho y, de esta forma, con más razones que el simple prurito profesional, deberemos esforzarnos por evitar que se vaya, máxime cuando está demostrado que si hacemos un esfuerzo por satisfacer las demandas de un cliente insatisfecho, entre un 82 y un 95 % permanecerá con nosotros. Por el contrario, el 95 % de los clientes insatisfechos (incluso los que no nos han abandonado) jamás volverá a contratar nuestros servicios.

Por lo tanto, hemos de esforzarnos en prestar constantemente un servicio de calidad que asegure la satisfacción del cliente, evitando con ello su pérdida.

Concluyo con un par de reflexiones que nos ayudarán a perseverar en esta idea de evitar perder al cliente:

"Nunca subestimes el poder de un cliente enojado" Joel Ross.

"Aunque a tus clientes no les guste que les des un mal servicio, a tu competencia si". Kate Zabriskie.

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web.


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