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Blog Manual Interno de Gestión

2

de

Enero

Óscar Fernández León

Experto en habilidades profesionales del abogado
@oscarleon_abog

Las diez prioridades del abogado para 2014: sobrevivir y sentar las bases para crecer

El año que acabamos de despedir ha sido un año muy duro para los abogados debido a la crisis económico-financiera y a otras circunstancias que han afectado de lleno a nuestro colectivo (léase, entre otras, tasas judiciales).


Da fe de ello el último Barómetro Interno de Opinión de la Abogacía Española 2013, que concluye que uno de cada tres abogados (35%) reconoce que, como consecuencia de la actual crisis de la economía española, está teniendo ahora dificultades para salir adelante económicamente con el ejercicio de su profesión. Se trata, ciertamente, de un porcentaje sustancial. La preocupación que origina en el conjunto de la Abogacía queda reflejada en el hecho de que este porcentaje se dispara, llegando al 77 %, cuando a los entrevistados se les pide que evalúen el efecto de la crisis no sobre su propia situación económica, sino sobre la del conjunto de sus colegas (discordancia ésta conocida como sesgo optimista, en el que la apreciación de lo que nos concierne o afecta directamente tiende a ser más positiva u optimista que la de lo que afecta o concierne a los demás) Lo que parece razonable concluir - continua el informe- es que, como mínimo, algo más del tercio de los abogados españoles parece estar pasando ahora importantes dificultades económicas; y tres de cada cuatro están al tanto de ello.

Por tanto, la situación que contempla la abogacía desde la perspectiva de la viabilidad económica de sus despachos a comienzos de este 2014 no es nada acogedora. Ello me ha llevado a reflexionar sobre aquellos aspectos que, en mi opinión, debemos priorizar durante este nuevo ejercicio, no solo teniendo en consideración que la situación de crisis económica-financiera seguirá acompañándonos, sino igualmente los efectos de la transformación que está sufriendo el sector que auguran la llegada de una nueva forma de ejercicio profesional.

Vayamos pues con estas reflexiones que planteo como respuesta a la siguiente pregunta:

¿Qué debo hacer para continuar con mi ejercicio profesional y garantizar la supervivencia de mi despacho?

  • Conocer profundamente tanto las circunstancias por las que atraviesa la abogacía como la forma en la que hemos enfocado nuestra actividad hasta hoy: Son tiempos de cambio, no lo dudes, lo que nos obliga a todos los abogados a preocuparnos y ocuparnos de conocer los aspectos que afectan al sector y que, lógicamente, van a incidir de lleno en nuestro ejercicio.  En la medida que estemos informados y conozcamos las tendencias que afectan nuestra práctica profesional, dispondremos de la capacidad necesaria para reaccionar y tomar los cursos de acción adecuados.
  • Establecer alianzas: Tenemos que fortalecer nuestras relaciones con otros despachos locales, nacionales e incluso internacionales (los best friends) a través de la creación de redes, alianzas, convenios de colaboración. La unión entre los abogados con el fin de ofrecer servicios más competitivos y que logren satisfacer la demanda del cliente es una cuestión de pura supervivencia que no puede limitarse a los despachos grandes y medianos. Ahora ha llegado el turno de los pequeños.
  • Empleo de las nuevas tecnologías: Ya no hay excusas, todos, absolutamente todos los abogados debemos lanzarnos al uso indiscriminado de las herramientas tecnológicas que esta nueva era nos ha traído. Ya está siendo un factor diferenciador, pues aquellos que han sabido adaptarse están recogiendo los frutos que representa un servicio de calidad más rápido y eficaz y, sobre todo, a un coste inferior.
  • La utilización de las redes sociales: Las redes sociales ofrecen infinitas posibilidades no solo para que nuestra firma y nuestros abogados obtengan la adecuada visualización (herramienta de marketing), sino que es una vía para compartir y, por tanto, también adquirir conocimientos jurídicos (formación) y para comunicarnos con clientes y personas afines a nuestra actividad.
  • Incrementar las relaciones sociales: Hace años que los clientes no buscan a los abogados. Ahora son los abogados quienes tienen que buscar a los clientes. Para ello, y sin perjuicio de la adopción de las necesarias medidas de marketing, hemos de salir a la calle, relacionarnos, asistir a eventos, seminarios, charlas. La mínima ocasión que tengamos para conocer a gente nueva (naturalmente de forma metódica y organizada) es quizás uno de los pasos más importantes que hemos de adoptar para crecer (por cierto, volver a leer el punto 4º)
  • Fidelizar a nuestros clientes: Ya no basta con dar un buen servicio, hay que prestar un servicio excelente, de calidad, y para ello hemos de aplicar todas las técnicas necesarias para dar valor a nuestra relación con el cliente. Y quizás la más importante es involucrarnos en su negocio conociéndolo y dominándolo, prueba ésta de nuestro mayor interés por el mismo y garantía de una segura fidelización.
  • Cuidar los procesos de facturación: No caben medias tintas con los honorarios profesionales, pues ahora es más que nunca una cuestión de supervivencia.  Tenemos que hacer todo lo posible para garantizar la entrada de ingresos, pues, ya se sabe en época de crisis hay menos asuntos  y mas morosidad, un cóctel desastroso.  Un presupuesto anual que nos permita examinar las desviaciones, un proceso de contratación estandarizado (hoja de encargo, presupuesto, contrato, etc...) y un sistema de gestión de cobro eficaz (control de pagos, sistemas de cobro y adopción de medidas ante el impago)  evitarán muchos lamentos.
  • Priorizar la comunicación interna: Los despachos, en periodos económicos difíciles y de cambio, son más eficaces en obtener el compromiso de sus abogados y empleados para conseguir los resultados deseados. Ello es así dado que los despachos que tienen abiertos los canales de comunicación y transmiten a su personal la situación real del negocio se encuentran en mejores condiciones para mantener a sus empleados comprometidos con el mismo,  retener a los principales talentos  y  ofrecer un valor consistente a los clientes, factores éstos que inciden directamente en un funcionamiento más competitivo de la firma. La transparencia en la comunicación cohesiona y fortalece al equipo.
  • Disponer de unos objetivos estratégicos bien definidos: En tiempos de crisis no podemos andarnos por las ramas y pretender alcanzar muchos objetivos que suelen ser poco realistas. Es tiempo de establecer solo unos pocos objetivos estratégicos clave (tres o cuatro) acordes con nuestra situación y perspectivas de futuro y, a partir de ahí,  desarrollar  con el compromiso de todos los miembros del despacho una estrategia dirigida a la consecución de los mismos.
  • Especializarse: Sobre el sector se cierne la amenaza de la estandarización de los procesos. Me explico; el uso de las herramientas tecnológicas va a llevar a la estandarización y simplificación de los procesos para prestación de servicios en asuntos clásicos de los pequeños despachos (divorcios, herencias, reclamaciones, contratos, siniestros, etc...) lo que se va a producir, en un futuro cercano, a través de portales on line regentados por empresas, abogados o por las denominadas segundas marcas (low cost) patrocinadas a su vez por grandes despachos que se lanzarán sin rubor a ésta, su "segunda división"  La salida está en la especialización, única vía para ser más competitivos y acceder a una demanda menos estándar. Por ello, los abogados debemos analizar con detenimiento nuestra situación, capacidades y alternativas para, apoyados por las alianzas y redes de colaboración, poder enfrentarnos a esta marabunta silenciosa.

Y para concluir, vuelvo, como hice el año pasado por estas fechas, a apelar a tú intuición y a tú capacidad de reinventarte para redirigir tú vida profesional, pues no olvides que todo, absolutamente todo está sometido, y más en esta era que nos ha tocado vivir, a un cambio permanente, por lo que emplea esas facultades para estar atento y actuar, pues de lo contrario te quedarás atrás y, aquí, desgraciadamente, no se hacen prisioneros.


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