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Blog Manual Interno de Gestión

21

de

Noviembre

Óscar Fernández León

Socio Director de LEON & OLARTE FIRMA DE ABOGADOS, SLP y Experto en Gestión y Organización de Despachos Profesionales
@oscarleon_abog

Las habilidades del abogado del siglo XXI (bueno, algunas)

Es muy habitual que cuando se hable de las habilidades del abogado caigamos en la tentación de limitarnos a identificar unas pocas, si bien pronto reparamos en que éstas son verdaderamente insuficientes. Ello es así, debido a que la amplitud y dificultad de las actividades que desarrollamos los abogados, unida a la complejidad de los vínculos humanos que se crean durante nuestra prestación, hacen que el abogado, como hombre renacentista que es, venga obligado a disponer de innumerables conocimientos y habilidades necesarios para “sobrevivir” en su quehacer diario.


Por lo tanto, si me preguntaran cuales son las habilidades que deben constituir prenda del buen abogado, yo diría un número quizás inabarcable, puesto que si reflexionamos sobre esta cuestión, todas las habilidades necesarias para vivir adecuadamente en sociedad, es decir, para disfrutar del ocio y del negocio, van a ser absolutamente ineludibles para el abogado debido a la especial naturaleza y características de su trabajo.

No obstante, teniendo en cuenta el propósito de este post, vamos a identificar y sistematizar aquellas que consideramos más importantes desde nuestra perspectiva, quedando por tanto abierta la inclusión de cualquier otra que pueda encajar en la relación.

Pero, ¿Qué entendemos por habilidad?

Nuestros diccionarios suelen definirla como la capacidad de una persona para hacer una cosa bien y fácilmente, o como aptitud, competencia capacidad de hacer algo correctamente, con facilidad, destreza e inteligencia. Sin embargo, en nuestro caso, cuando hablamos de habilidades, vamos a referirnos no solo a dicho significado, sino que igualmente vamos a incluir algunas virtudes y principios que social, culturalmente y profesionalmente vienen aceptadas como esenciales para el desarrollo íntegro de la persona y que, por su contenido, son plenamente aplicables a la actividad del abogado.

Expuesto lo anterior y entrando en materia, a continuación vamos a realizar un ejercicio de clasificación de las habilidades del abogado teniendo en cuenta tanto el carácter profesional de nuestro trabajo y, cómo no,  las funciones más representativas de la actividad del abogado. Una vez expuestas, realizaremos una reflexión final a modo de conclusión.

Una última cuestión, clasificaremos las habilidades en los siguientes grupos: Generales; Profesionales; Sociales; Empresariales; Comerciales y Psicológicas.

HABILIDADES GENERALES:   Entendemos por habilidades generales aquellas destrezas que se consideran recomendables para toda persona y cuya posesión se entiende socialmente como un componente positivo y favorable para su personalidad, pues su disfrute facilitará el crecimiento tanto personal como profesional de su titular.

En nuestra profesión, participada de factores como la necesidad de realizar un trabajo y un esfuerzo continuo prolongado en el tiempo, sometido a innumerables tensiones e imprevistos, y en el que la interacción con los clientes y operadores jurídicos es esencial, serán de relevancia las habilidades que nos permitan actuar con responsabilidad en el cumplimiento de nuestra actividad y en la relación con los demás.

Para ello, el abogado deberá estar revestido de habilidades como la constancia, la  disciplina y laboriosidad (esenciales para el trabajo diario); la prudencia, paciencia, serenidad y autocontrol (necesarias para la interacción con terceros) y, finalmente, como un principio informador de los anteriores, la honestidad y sinceridad.

HABILIDADES PROFESIONALES: Las habilidades profesionales serán aquellas que  empleamos activamente en nuestra profesión como una herramienta directa para el desarrollo de nuestra actividad  y que sin ellas no podría concebirse la figura del abogado. Por lo tanto, son habilidades  indispensables tanto para el ejercicio de la profesión como para la propia conceptualización del profesional como tal.

Estas habilidades podríamos dividirlas en dos clases, las derivadas de estatuto privilegiado que informa el desempeño de nuestra función y las obligaciones principales en su desempeño, reglas éstas que constituyen fiel reflejo de la tradición y cultura profesional y que nutren nuestro Código Deontológico. Por otro lado se encontrarían las habilidades que son necesarias para el desarrollo de las tres actividades que realiza el abogado en su actividad profesional ya citadas: el consejo jurídico, la mediación y negociación y, finalmente, la defensa ante los tribunales.

Respecto a las primeras, debemos señalar que tras siglos de experiencia, nuestros códigos profesionales han entendido que nuestra profesión se rija de acuerdo con determinados postulados, lo que ha sido precisamente pensando en garantizar que nuestra función se desarrolle a satisfacción de los intereses del cliente y de la sociedad, por lo que el abogado deberá dar cumplimiento a los mismos. Entre estas habilidades o principios rectores de nuestra actividad se encuentra la independencia, diligencia, lealtad, responsabilidad y cualquier otro principio que derive de nuestro estatuto profesional.

En cuanto a las segundas,  es decir, las necesarias para realizar la mejor ejecución de nuestras diversas funciones, podemos  realizar la siguiente clasificación:

Generales: Competencia técnica, comunicación oral y escrita, inteligencia, imaginación, capacidad de estudio, comprensión lectora, habilidad para utilizar las tecnologías de la información y las comunicaciones más avanzadas, capacidad de análisis y síntesis, capacidad de abstracción, flexibilidad y adaptación mental.

Asesoramiento: Saber escuchar, empatía, cortesía, concentración.

Negociación: Capacidad de negociación, vocación conciliadora, alta resistencia a la frustración.

Intervención en el Foro: Oratoria en su más amplio sentido, y derivada de la misma, dominio del lenguaje verbal y no verbal, argumentación, memoria,  imaginación, claridad de ideas, previsión, naturalidad.

HABILIDADES SOCIALES: El abogado desempeña su labor en un contexto en el que tiene necesariamente que interactuar con otras personas desde perspectivas bien diferentes. Con los clientes interviene primero para captarlos. Una vez captados, para recorrer el largo camino de la resolución del asunto encomendado y, cómo no, para fidelizarlo. Con los restantes operadores jurídicos actuará bien para persuadirlos y convencerlos de la bondad de nuestra argumentación (jueces) o para negociar o trabajar en equipo (otros abogados).

Consecuentemente, el buen abogado deberá ser una persona sociable que domine las técnicas de comunicación, ser extrovertido y saber relacionarse con los demás en cualquier contexto. Igualmente deberá saber transmitir una imagen adecuada (presencia)

HABILIDADES EMPRESARIALES:  Los despachos de abogados son empresas de servicios, extremo éste que, a estas alturas, resulta incontrovertido. Por ello, nuestros despachos deben gestionarse como verdaderas empresas, adoptando los sistemas, procesos y herramientas propias del mundo empresarial de modo que el abogado pueda liderar, organizar, planificar y controlar su negocio. Para ello es inevitable el acceso y permanente aprendizaje de habilidades de dirección, gestión y organización de empresas.

En este campo, el abogado deberá ser un buen estratega, tener liderazgo, ser proactivo, saber gestionar, organizar y planificar el tiempo, dominar las técnicas de trabajo en equipo, saber delegar, etc...

En este apartado incluimos igualmente el dominio de un segundo idioma, que a nuestro juicio debe ser el inglés, actualmente vinculado estrechamente con el mundo de los negocios, pues debido a la globalización ya más que consolidada, la habilidad del dominio de este idioma será fundamental para nuestro crecimiento.

HABILIDADES COMERCIALES: Hay que destacar la necesidad que tiene el abogado de disponer de las habilidades que lo conviertan en un verdadero comercial, entendiéndose por comercialidad la capacidad de atraer y captar clientes. Para ello, el abogado deberá concienciarse de la importancia que la actividad comercial tiene para la creación y crecimiento de los despachos profesionales, y el papel que dichas competencias y habilidades jugarán en su propio crecimiento profesional, bien individualmente, bien en la jerarquía profesional de la firma.

A tal efecto, el abogado deberá formarse en técnicas de marketing, y especialmente las materias comerciales, deberán ser un referente continúo, ya que las capacidades comerciales se adquieren a través de su conocimiento y puesta en práctica.

Igualmente, el abogado deberá dominar las técnicas de atención al cliente, indispensables para generar la satisfacción del cliente a través de un servicio excelente y de calidad.

HABILIDADES PSICOLOGICAS: La profesión de abogado requiere de conocimientos psicológicos, entendiendo por éstos, desde un concepto amplio,  todos aquellos que pueden guardar una relación con el comportamiento humano de las personas con las que interactuamos ya citadas.

Efectivamente, el componente humano, aunque a veces se olvide, es un elemento esencial de nuestra actividad que tiene una repercusión constante, consciente o inconsciente, en el devenir de todos y cada uno de nuestros trabajos. Conocer estas habilidades psicológicas es de inestimable ayuda para la interacción diaria con esas otras personas.

Los conocimientos psicológicos en nuestra actividad tienen innumerables aplicaciones, tanto para regular nuestra actuación como para la interacción con terceros. Respecto al empleo para el propio abogado podemos destacar la capacidad del pensamiento positivo, la resistencia a la frustración, el emplear las técnicas de la visualización y el empleo de todas las técnicas que nos permitan estar con nosotros mismos, aprender a conocernos y obtener la tan ansiada relajación mental y corporal.  Respecto a los demás, toda técnica que nos ayude a conocer la forma de ser de las personas será bienvenida, destacándose igualmente la empatía, el saber escuchar de forma activa, la atención, etc...

CONCLUSION:

Estoy seguro que a medida que hayas ido leyendo esta clasificación, te habrán surgido numerosas ideas sobre otras herramientas, destrezas, virtudes o principios que son igualmente aplicables. También te ha podido ocurrir que consideres que algunas habilidades no son aplicables a nuestro sector. Todo es posible. Lo importante de esta experiencia es llegar a sorprendernos con la ingente cantidad de habilidades que debemos dominar, lo que nos debe hacer reflexionar sobre cuestiones de suma importancia y que paso a epigrafiar:

  1. Que nuestra actividad es de una riqueza impresionante en todos los aspectos del conocimiento teórico y práctico.
  2. Que para el necesario desarrollo de nuestra actividad hemos de estar creciendo constantemente en el conocimiento de nuevas habilidades y destrezas.
  3. Que desarrollamos un trabajo muy importante en nuestra sociedad, dotado de una gran complejidad y que requiere de una altísima preparación técnica y humana de quienes lo realizamos.

Vamos, que ser abogado es algo grande, muy grande.


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