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24 de Noviembre de 2011

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Lealtad al cliente y/o compañerismo

  • La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota ( don Eduardo J. Couture).

Me contaba otro abogado que recientemente, en la declaración de un imputado en presencia judicial, éste, se dirigió hacía mí compañero en tono y agresivo llamándole la atención por el hecho del abogado del denunciante. Más o menos, vino a decirle que “¿cómo se prestaba a sostener dicha denuncia?”. El Juez, de forma inmediata, llamó al orden al declarante y la cuestión quedo zanjada. Lo que más sorprendió a mi buen amigo fue que el letrado contrario, al concluir la declaración, se marchó tranquilamente con su cliente sin pedir disculpas por el comportamiento de éste. Eso sí, se despidió correctamente, pero de lo que había pasado en el despacho de Juez, ni una palabra.


La anécdota, luego reproducida a mis colegas del despacho, generó un debate sobre situaciones protagonizadas por algunos compañeros, especialmente en los Juzgados, en las que se observa que actúan de forma poco amable o atenta con otros colegas, incluso con cierta hostilidad. La conclusión que alcanzamos es que el denominador común de estas actitudes no es otra que una mala entendida lealtad a sus clientes. Parece como que, saludar o hablar con el compañero antes o después del juicio es muestra de debilidad o quiebra a la lealtad del cliente. Y así, podemos detallar diversas situaciones por las que todos hemos pasado en las que se percibe cierta incomodidad entre los letrados.

Y es que en ocasiones (y digo en ocasiones, porque son excepciones), hay colegas que actúan con tal identificación con su cliente y la pretensión de éste, que olvidan la existencia de unos principios, latentes en nuestra profesión, que están por encima de la lealtad debida al cliente o, dicho de otra forma, que son plenamente compatibles y no empecen dicha lealtad.

Estamos hablando del compañerismo.  

Para que engañarnos, nuestra profesión es esencialmente bélica, si se me permite la expresión. Todos los días, los abogados nos enfrentamos unos a otros en los Tribunales de Justicia. Ello es así porque el conflicto y la lucha de intereses son ideas latentes en el trabajo de los abogados, ideas que jamás van a abandonarnos. Si fuera así, sencillamente no existiríamos. Pero, realmente ¿quiénes se enfrentan?, ¿los abogados?, ¿los clientes? o ¿todos a la vez? 

La respuesta en fácil y todos la conocemos: Se enfrentan los clientes que son los titulares de los derechos e intereses contrapuestos, y se enfrentan, cuando hablamos de enfrentamiento emocional, con una intensidad que dependerá de factores vinculados mas a cuestiones psicológicas que al propio contenido del derecho afectado. De ahí, que el abogado deba ser empático y comprender lo que el cliente siente y sufre, pero por esa misma razón deberá saber aislarse del torrente de emociones que le transmite su cliente y evitar caer en las conductas antes citadas.

¿Y los abogados? ¿Qué ocurre con los abogados? Pues que, naturalmente, los abogados se enfrentan, pero lo hacen en un nivel en el que las emociones y los intereses son sustituidos por la invocación del derecho. Es un enfrentamiento, como dice Martínez Val, ideal o doctrinal. Si se me permite el símil, es como una lucha deportiva. Mientras estamos en sala, hemos de actuar como verdaderos luchadores dando todo lo que podamos, pero al concluir, ambos letrados somos dos compañeros de profesión que quizás, en otra ocasión, hasta nos sentemos en el mismo banco. " Los clientes y los casos pasan, los abogados quedan" dice la máxima.

Por eso, cuando actuemos, hemos de mentalizarnos que "nosotros no somos nuestros clientes" sino defensores de sus intereses y de su "bienestar", hasta el punto que por ellos, como dice don Angel Ossorio, podemos sufrir de impopularidad, perder amigos o incluso afrontar injurias o amenazas. Pero dicha entrega no puede llevarnos a renunciar a la lealtad y el respeto debido a nuestros contrincantes.

Por ello, el compañerismo, como concepto general, está plenamente reconocido en el Código Deontológico de la Abogacía, que en su artículo 12, titulado "Relaciones entre Abogados" establece en su número primero: "Los Abogados deben mantener recíproca lealtad, respeto mutuo y relaciones de compañerismo", norma que persigue alcanzar un espíritu de hermandad y solidaridad entre los abogados, quienes con independencia de la competitividad inherente a su labor, deben mantener un respeto mutuo.

Dicho precepto, que nos conviene releer de vez en cuando, nos suministra todo un conjunto de conductas, tanto a seguir como a omitir para preservar el compañerismo. Concretamente, y en cuanto al tema que estamos tratando, el artículo 12 regula con detalle algunas de las conductas que integrarían esa lealtad y respeto debidos que, a modo de botón de muestra, pasamos a reproducir por su interés:

4. En los escritos judiciales, en los informes orales y en cualquier comunicación escrita u oral, el Abogado mantendrá siempre el más absoluto respeto al Abogado de la parte contraria, evitando toda alusión personal.

5. El Abogado desarrollará sus mejores esfuerzos propios para evitar acciones de violencia, de la clase que sean, contra otros abogados defensores de intereses opuestos, debiéndolas prevenir e impedir por todos los medios legítimos, aunque provinieren de sus propios clientes a los que exigirá respetar la libertad e independencia del Abogado contrario.

6. El Abogado, en sus comunicaciones y manifestaciones con el Abogado de la parte contraria, no comprometerá a su propio cliente con comentarios o manifestaciones que puedan causarle desprestigio o lesión directa o indirecta.

Pero no ha sido únicamente la reglamentación de los Colegios de Abogados, sino que han sido los propios abogados los que han recogido en sus máximas y decálogos el concepto del compañerismo de un modo tan sencillo como elocuente. Por ello, dejamos citados algunos de estos pensamientos:

Da a tus compañeros la estimación que merecen: luchan como tu mismo por el derecho y la justicia. (don Jose María Martínez Val)

Mantén relaciones de respeto, afecto, solidaridad y colaboración con tus compañeros de profesión, y de acatamiento y disciplina con los órganos representativos de tu Colegio profesional. (don Jose María Martínez Val)

Considera siempre a tu colega adversario imbuido en los mismos ideales que tú te revistes. Y trátalo con dignidad que la profesión que ejerces merece ser tratada (Da Silva Martins)

Para concluir, nos gustaría hacer una matización. No podemos confundir el carácter del abogado contrario, que puede ser áspero, seco o incluso ausente al estar concentrado en su tarea, con una actitud hostil o descortés con nosotros. Cada uno es como es y lógicamente no podemos esperar una actitud que se ajuste a nuestros deseos en todos los casos, pues no podemos olvidar que cada uno tenemos nuestra forma de ser.


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