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15 de Enero de 2015

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

No subestimes al abogado contrario

Cuando tenía doce años jugaba en el equipo de fútbol de mi clase y era habitual que los sábados por la mañana se organizaran en colegios de otros barrios partidos de fútbol en los que la discusión sobre las bondades del respectivo colegio o barrio, era el desencadenante del reto que nos llevaba a visitar tierras ignotas para resolver nuestras cuitas.


Recuerdo que en una de estas ocasiones jugamos contra un equipo en el que entre los once adversarios había al menos tres o cuatro benjamines de unos nueve o diez años y los más llamativo, dos chavalas de igual estatura que estos. Al verlos calentar, comenzamos con la guasa sobre la paliza que íbamos a darles, la cual sería más sonada al ser "a domicilio", máxime a la vista del ambiente hostil que se había creado contra los visitantes.

Sin embargo, a pesar de la confianza en nuestra ventaja, fuimos literalmente arrollados por aquellos locos bajitos y al final del partido perdimos por un elocuente 8-3, siendo los benjamines y las chicas,  los principales artífices de tan sonada victoria. Tras el partido, y con las orejas gachas, no nos quedo más remedio que padecer un regreso, quizás más amargo y devastador, por el pateo kilométrico que tuvimos que darnos hasta nuestros reinos.

¿Qué pasó? Pues que subestimamos a nuestros oponentes, y ello les proporcionó la ventaja suficiente para machacarnos futbolísticamente.

Esta anécdota real contempla una situación plenamente extrapolable a nuestra actividad profesional, pues en más de una ocasión, los abogados, confiados por la ventaja de las razones que apoyan nuestro caso, nuestra mayor preparación, formación o veteranía, o incluso la existencia de precedentes (tanto de casos similares que hemos llevado como de otros asuntos resueltos por la jurisprudencia) nos plantamos en sala o en una negociación subestimando la capacidad del compañero de realizar una defensa que, contra todo pronóstico, puede dar al traste con nuestras "fundadas" expectativas.

Para evitar estas situaciones, más frecuentes de lo que nos pueda parecer, los abogados siempre debemos estar alerta y practicar una especie de empatía procesal, que consistirá en valorar debidamente a nuestro oponente, el otro o los otros abogados o fiscales, siendo conscientes de que, al menos, son tan inteligentes y estarán tan preparados como nosotros. Pero esta valoración no debe limitarse a la capacidad del contrario, sino que tendremos que dejar de lado las posibles ventajas de nuestro caso y partir de la base de que para nuestro oponente su posición es la correcta, ya que habrá racionalizado perfectamente todos los pros y contras del mismo, y defenderá a su cliente en el bien entendido de que tiene la razón de su lado y va a defender con uñas y dientes su verdad.

Esta última reflexión, es decir, la capacidad del abogado de mentalizarse para realizar la mejor defensa del caso,  me recuerda a la frase que Shakespeare pone en boca de Polonio cuando ofrece una serie de consejos a su hijo Laertes en su partida a Francia:

"Guárdate de entrar en pendencia; pero, una vez en ella, obra de modo que sea el contrario quien se guarde de ti".

Esta aproximación, bastante sencilla de practicar, y que supone un plus de preparación en nuestro caso (estaríamos recorriendo la conocida como milla extra) no solo representa un trabajo psicológico e intelectual, sino que nos ayudará en la mejor preparación, puesto que estaremos mucho más concienciados en todos los aspectos que pueden afectar al mismo, lo que nos permitirá, a la hora de preparar nuestra defensa, ser más incisivos en los interrogatorios , valorar los argumentos de contrario y ser más solventes en la refutación de los mismos.

 El asunto es muy fácil: nuestro trabajo se desenvuelve en el conflicto entre personas, y la mejor resolución del mismo no puede depender de nosotros y de nuestra brillante defensa si la limitamos a controlar los aspectos que dependen de nosotros sin evaluar aquellos aspectos del contrario en los que podamos actuar. Saber, por tanto, cómo es nuestro oponente, sus capacidades, aptitudes, y sus aspiraciones en la defensa del caso, será fundamental para nuestra mejor defensa.

Este planteamiento tiene una extensión muy importante, cual es que el cliente, desde el primer momento, sepa que en el lado contrario va a encontrarse un abogado igual de preparado que nosotros que defenderá ferozmente a su cliente. De esta forma, contribuiremos a la formación más realista de las expectativas del cliente.

En conclusión, no subestimemos a nuestros oponentes y, si tenéis dudas, hacer un arqueo por vuestra memoria, y seguro que no tendréis que retroceder hasta el patio del colegio....

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