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05/03/2024. 02:08:20

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Tú eres yo y yo soy tú y juntas conformamos el todo

Milangela Tachon, abogada y secretaria general de la Sociedad Venezolana de Compliance

El pasado 08 de febrero de 2023 se llevó a cabo la 2° Edición de LIDEResA, en la cual se abordó el tema de “La Violencia de Género Digital”, donde se contó con expertos de diversas profesiones con el objetivo de visibilizar la problemática que implica la violencia de género en los entornos digitales.

La era digital avanza de manera exponencial en estos tiempos, los cuales nos exigen comprometernos, a todos los niveles, con aquello que compartimos y con quienes lo compartimos a través de las plataformas tecnológicas.

 Internet es una herramienta poderosa que, si bien es cierto que permite que la interacción e interconexión sean posible de manera rápida y en diferentes zonas geográficas, también es un espacio propicio para ejercer actos de violencia.

Como se expuso en el evento, en los espacios digitales se quebrantan la dicotomía de lo privado-publico, donde ambas esferas confluyen y en consecuencia generan nuevas maneras de comunicarse, de producir, de conectarse con los demás, lo cual también debe estar acompañado de nuevas reglas orientadas a generar espacios seguros para las mujeres.

Además, un elemento de gran importancia en la actualidad es la acumulación de los datos conductuales que nosotros mismos proporcionamos a las redes sociales, demás plataformas y compañías y cómo ello ejerce influencia en nuestros comportamientos. Justo allí, donde pensamos que existe una suerte de espontaneidad, donde todo aparece nuestra disposición por arte de magia o suerte de sincronicidad, les digo que nada más lejos de ello, pues ya nuestros gustos y orientaciones fueron condicionadas y direccionadas por nuestros datos.  Nos conocen más que a nosotros mismos.

Con respecto a las redes sociales, tal y como comentaba una de las ponentes, éstas actualmente parece que marcan las pautas conductuales de la sociedad, en especial de los jóvenes, y a ello se le añade un componente de gran preponderancia, la evolución de su sexualidad de manera precoz, así como su alta exposición. Toda esta serie de elementos deben ponernos en alerta y no tomar a la ligera la era digital y menos los riesgos que ello implica.

Ahora bien, aterrizando en el problema medular, la violencia de genero ha cobrado espacio ya no solo en los entornos domésticos, laborales y sociales, pues esta ha ido adaptándose a las nuevas tendencias, la era digital.

Para prevenir un problema lo primero que se debe tomar en consideración es su existencia, es decir, aceptar que este problema existe y que avanza con una vorágine que parece difícil seguirle el paso, difícil sí, pero no imposible. Es por ello que confluyen factores claves como aceptar, visibilizar, concienciar y sensibilizar sobre este problema a fin de tomar acciones en las diferentes esferas, como la social, política e institucional.

La violencia de género es un problema que no solo atañe a las mujeres, es un fenómeno que impacta y afecta a las sociedades e instituciones estatales. Es por ello que su prevención es corresponsabilidad de la familia, Estado y sociedad en general, quienes tienen la obligación de estrechar lazos para hacer frente a este tipo de situaciones complejas, entendiendo que el fundamento principal de la prevención se encuentra en la educación.

Los desarrollos y avances tecnológicos representan desafíos para la protección y garantía de los derechos, ya que la era digital pone en riesgo los derechos a la intimidad, imagen, libertad, autonomía y libre desenvolvimiento y en especial a la dignidad de la mujer. Derechos que al ser quebrantados traen como consecuencia, como en efecto ha sucedido, que la mujer esté sometida a los juicios de su propia mente, así como a las opiniones implacables del público en general, esto a modo de ejemplo. Muchas son las situaciones negativas que podrían incidir en la vida y desarrollo de la mujer y los entornos digitales no son la excepción.

Con respecto a lo mencionado en el párrafo anterior, resulta imposible entender los derechos y dignidad de la mujer desde una perspectiva que solo envuelve al género femenino, debido a que la dignidad se desarrolla y se entiende con los procesos de interacción y reconocimiento social. Sobre este tema, Peter Haberle expone, con base a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Federal de Alemania que la referencia al prójimo se configura como parte integrante de la dignidad humana. Esto quiere decir que los problemas de un individuo o de un determinado colectivo se entrelazan con la sociedad. No puede apreciarse de manera aislada o ser indiferente ante los problemas de violencia de género, ello no solo resulta perjudicial para las sociedades democráticas, sino que debilita los cimientos del Estado Constitucional de Derecho. Observar y apreciar los problemas de la violencia de género es atenderse a sí mismo como sujeto político del Estado.

Existen diversas modalidades de ejercer violencia contra la mujer en espacios digitales de los cuales resaltan: el ciberacoso, la pornografía no consentida, el sexting y el grooming.

Es por ello que el Estado, a través de sus instituciones, así como la sociedad civil, están en la obligación de poner su foco ante la violencia de género digital y sus avances para garantizar y proteger los derechos e integridad de la mujer. Para tales efectos es necesario comprender las nuevas problemáticas que suponen las plataformas tecnológicas y actuar en consecuencia para el desarrollo legislativo que permita prevenir y sancionar los delitos vinculados con la temática en cuestión.

Lo anterior no se agota allí, resulta necesario que los Estados, a través de sus autoridades, asuman la obligación de actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia de género y en especial la digital. Esto implica el reconocimiento que tienen las mujeres de contar con una tutela judicial efectiva, de igual modo que los órganos de investigación deben desplegar sus labores investigativas orientadas a garantizar los derechos de la mujer y su dignidad.

También resulta de gran importancia el desarrollo de protocolos para la atención y asistencia adecuada a las víctimas por parte de los cuerpos de seguridad y funcionarios, así como evitar la revictimización y la violencia institucional, entre otros aspectos, para que las víctimas o quienes acudan a ellos puedan sentirse en un entorno seguro y confiable.

La violencia contra la mujer es un problema que nos envuelve a todos y por ello estamos llamados a participar y asumir responsabilidad ante los nuevos desafíos que suponen las plataformas digitales. La indiferencia puede ser el peor de todos los males, es la que nos debilita y hace pasivos ante los problemas sociales. La indiferencia es aquella que paso a paso acalla nuestras voces, nos hace inertes y nos aliena de la realidad.

Por todo lo anterior cada día me convenzo más de que “nadie se salva solo”, de que afrontar los problemas de violencia contra la mujer no es una lucha aislada que pertenece a un determinado colectivo, no es una responsabilidad en la cual todos estamos llamados a asumir nuestras obligaciones y actuar en consecuencia por y para ella.

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