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28/09/2022. 14:10:25

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Yolanda López-Casero, socia de EY, Litigation Services – Responsable Massive Litigation

“El grado de madurez tiene que ver con dejar de luchar con la tecnología y entenderla como una herramienta que suma”

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  • “Este cambio de mentalidad parte de la idea errónea de que el concepto Legaltech significaba sustituir al abogado por la máquina, y nada más lejos de la realidad”
  • “Los abogados hemos interiorizado el concepto Legaltech y estamos siendo capaces de tomar las riendas de la transformación digital”

Yolanda López-Casero De La Torre es socia de EY Abogados desde su incorporación en marzo de 2022 y forma parte del área legal, como abogada procesalista y especialista en massive litigation. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, es experta en negociación y mediación En los últimos años ha participado como Legal Project Manager en diferentes proyectos en los que ha sido necesaria la implementación de la tecnología para alcanzar objetivos de eficiencia y ahorro de costes significativos.

Asimismo, ha asesorado en materia procesal a grandes empresas y entidades del sector financiero, actuando ante tribunales de justicia de los diferentes órdenes jurisdiccionales. Cuenta, además, con un curso de Legal Proyect Management impartido por el IILPM. Desde su incorporación en EY Abogados aporta, además de su experiencia como abogada procesalista, su experiencia tecnológica en el desarrollo de herramientas de gestión y control de procesos (RPA, BPM, OCR, Plataformas, etc…), para el desarrollo de servicios jurídicos alternativos, en los que la digitalización de la función jurídica se hace imprescindible en las asesorías jurídicas.

Legaltech es un término que debe asimilar el sector. ¿Cobran hoy en día los algoritmos la misma importancia para el profesional del Derecho que la legislación, la jurisprudencia o la doctrina?

El termino Legaltech está en la práctica del día a día del abogado. El mundo legal se ha transformado y ya podemos decir que nos encontramos en la era de las firmas jurídicas New Law, en las que los proveedores de servicios legales alternativos se desenvuelven en un entorno digital, que les obliga a conocer las tecnologías y su potencial en la prestación de servicios legales. Se han incorporado, por tanto, nuevas competencias y habilidades al sector legal y los despachos han de transformarse para seguir siendo competitivos. Los abogados nos estamos enfrentando a la era de la digitalización y partimos de una práctica muy tradicional que nos ha podido jugar en contra durante un tiempo, por lo que hemos tenido que cambiar la mentalidad a la hora de hacer las cosas cuando nos apoyamos en tecnología. Pensemos que este cambio de mentalidad parte de la idea errónea de que el concepto Legaltech significaba sustituir al abogado por la máquina, y nada más lejos de la realidad.

Considero que actualmente los abogados hemos interiorizado el concepto Legaltech y estamos siendo capaces de tomar las riendas de la transformación digital. Nos hemos visto obligados a acercar a los servicios legales la transformación porque nuestros clientes se han visto obligados también a ello. Respecto a la Inteligencia Artificial (IA), los algoritmos están en todo lo que hacemos en nuestra vida y no podía ser menos su importancia y presencia en el sector legal. Pero siempre desde el punto de vista de complemento y apoyo, de desarrollo de eficiencia, de investigación legal más exhaustiva, para que los procesos legales sean más ágiles y permitan al abogado ser un profesional más eficaz en su trabajo y para sus clientes.

¿Con qué grado de madurez cuentan las firmas respecto a las sinergias que debe haber entre el Derecho y la tecnología?

Las firmas de abogados lo afrontan a día de hoy con un grado de madurez significativo. Por su parte, los grandes despachos han ejecutado planes de transformación internos para, entre otras cosas, implementar tecnología en el ámbito legal. Incluso los despachos más tradicionales saben que para seguir adelante han de hacerlo también. El grado de madurez, en todo caso, tiene que ver con dejar de luchar con la tecnología y entenderla como una herramienta que suma. Este pensamiento es ya una realidad. Pero aún estamos en pleno proceso de transformación y todo proceso tiene sus fases. De hecho, un error que nos puede ralentizar el avance es entender que hay que ir muy rápido y quedarnos con lo más básico por el hecho de pensar: “si no nos transformamos de un día para otro nos quedamos atrás” o “ya vamos tarde”. Lo importante es comprender el proceso e imbuirse en él, ser conscientes que hay que ir completando el camino del conocimiento que nos haga crecer, que nos haga evolucionar. Y en estas fases considero que se ha avanzado mucho. La sinergia entre derecho y tecnología ha pasado de entenderse como un robot que hace las cosas que antes hacia el abogado, a ayudar al abogado a identificar tendencias y patrones de comportamiento del sector legal.

El dato es el rey de reyes. ¿Qué análisis están pudiendo extraer y a qué conclusiones les está llevando?

El que maneja bien los datos tiene el poder y sin tecnología es difícil explotar los datos, pudiendo ser una tarea con resultado menos o poco fiable. Las grandes compañías necesitan extraer conocimiento de sus propios datos, lo que les permitirá estar en disposición de tomar buenas decisiones de negocio que impactan directamente en sus estados financieros.

En mi experiencia en litigación masiva, los clientes demandan que el servicio incluya data analytics, lo que hace que nos enfrentemos al reto de transformar la práctica del derecho procesal con un conocimiento profundo de las nuevas tendencias. Gracias al análisis de los datos y la jurimetría obtenida a través de dicho análisis, estamos siendo capaces de resolver problemas ocasionados por la alta litigiosidad existente actualmente en todos los sectores (financiero, energía, telecomunicaciones), que impactan en los estados financieros de nuestros clientes. Gracias a la tecnología, nuestra práctica procesal mejora la productividad y la eficiencia y reduce los costes asociados a la misma.

¿Debe invertir el sector más en educación digital? ¿Es este el caballo de batalla del sector?

Por supuesto. El cambio de mentalidad en el sector legal pasa por tener una educación digital que permita a los abogados abrir la mente hacia experiencias innovadoras en la práctica. El abogado tiene la necesidad de testar y de comprobar y eso solo lo puede conseguir trabajando su educación digital, que también le ayudará a fortalecer relaciones con clientes clave en todas las áreas del derecho. Desde mi punto de vista, la cultura digital pasa porque el abogado sea capaz de crear y trabajar en un equipo multidisciplinar de juristas, tecnólogos e ingenieros y que se convierta en el propio agente del cambio. Esto le permitirá ser capaz de tener naturalidad en la incorporación de nuevas herramientas y servicios tecnológicos y adquirir un mindset digital a la altura de sus clientes.

¿Transformarse es un riesgo necesario?

No podemos engañarnos y pensar que transformarse no conlleva riesgo alguno. Entre otras cosas, porque toda estrategia debe definirse sobre escenarios de riesgo y la de transformación digital es uno de ellos. La identificación del riesgo y cómo gestionarlo es determinante para que todo proceso de transformación sea exitoso. La transformación en el sector legal pasa por una serie de riesgos bien identificados por las organizaciones como, por ejemplo, la resiliencia, lo estratégico, las operaciones, la tecnología, la privacidad, etc. Por esto son tan relevantes en las organizaciones los responsables de transformación digital, porque son profesionales que tienen identificados los riesgos a los que se enfrenta la organización en su proceso de transformación, riesgos que deben ser controlados permanentemente. La estrategia de transformación digital en sí misma necesita de una gestión del riesgo bien identificada. Pero el riesgo real está en no transformarse. Transformarse es avanzar, es evolución y está en la naturaleza del hombre. Por supuesto que todo cambio nos supone asumir riesgos, pero son necesarios para la propia evolución.

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