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29/09/2022. 13:52:18

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Como las palmeras

Profesor Universitario
Especialista en técnicas de litigación oral

La palmera datilera, la washingtonia así como la canaria; se adaptan con mucha facilidad a entornos bastantes salobres. Es por ello que a las mismas se les encuentra con mucha regularidad en las playas. La altura de la washingtonia se coloca entre 9 y 15 metros; mientras que, en el caso de la datilera y canaria, se ubica entre 25 y 30 metros de altura.

Adonidia merrillii es la palmera que encontramos comúnmente en el área de Miami, estas alcanzan una altura aproximada de seis metros. En la región del Caribe se ubica a la palmera Roystonea regia o palma real, la cual puede alcanzar hasta los 30 metros de altura.

Bien sean originarias de Asia, África, Canarias o del Caribe; las palmeras tienen en común que deben ser resistentes a los suelos de alta salinidad, deben ser capaces de soportar la arena, así como el alto grado de humedad; pero, sobre todo, deben estar preparadas para sufrir fuertes rachas de viento y las cambiantes condiciones climatológicas que suelen producirse en esos espacios donde ellas se encuentran. Una característica más es que pueden ser regadas con agua de mar, por lo que su tolerancia a estos entornos es bastante alta.

Quizás pudiéramos encontrar el ambiente en donde se desenvuelven los abogados litigantes menos hostil. Claro, el litigante no se debe enfrentar a las tormentas de arena; pero si debe sufrir -en algunos casos-, un torbellino de trabas, dificultades u obstáculos, para poder lograr que le practiquen una determinada diligencia de investigación o para poder demostrar su teoría del caso

El abogado litigante, tiene que saber que, a lo largo de su ejercicio profesional, se va a encontrar -en determinadas oportunidades- con unas contrapartes que al igual que las ráfagas de viento, lo doblarán casi hasta partirlo en dos. Pero, es allí donde la personalidad del abogado, debe ser como el tronco de las palmeras, el cual se dobla, pero no se parte. Por ello vemos en algunos casos que los huracanes literalmente las arrancan del suelo. El litigante, al igual que las palmeras, debe saber aguantar esas ventoleras. Para ello, es necesario refugiarse en el derecho, en la doctrina, en la jurisprudencia; y así poder salir airoso de ese embate a veces hasta irracional que se sufre. Sobre todo, si es un defensor que, en algunos momentos, tiene que luchar contra el poder que les otorga el Estado a algunos funcionarios.

Así como un día soleado se convierte de repente en la más lúgubre tormenta, acompañada de precipitaciones, descargas eléctricas, presencia de lluvia, hielo, granizo, nieve, incluso rayos nube-nube o nube-tierra; de idéntica manera puede suceder en un caso cuando un operador del sistema hace que los días de acudir a los tribunales, o a alguna otra institución relacionada directamente con la procuración o administración de justicia, sea toda una odisea, una calamidad, una tempestad.

Estos son lugares en donde en algunas ocasiones, impera el mal trato, la negatividad o la dificultad para poder realizar cosas que en situaciones normales son tan sencillas de ejecutar. Como abogado litigante, tienes que aprender a resistir ese temporal, ese chaparrón. La manera de resistirlo, es aguantar, como aguantan las palmeras, sentirse confiado en sus raíces, que son profundas en conocimientos, en estudios, en dignidad. Demostrar cultura, frente a la incultura; decencia ante la inmoralidad; en fin, no caer en provocaciones que le hagan desviar de su objetivo, así como hacerle salir de concentración con respecto a lo que debe y tiene que hacer en ese momento.

Las palmeras son tan versátiles que pueden ser regadas con agua del mar. De idéntica manera, el litigante puede nutrirse de todo aquello que en un primer momento parezca malo, si se traga un poco de agua de mar, se beneficia al intestino grueso, y se desintoxica al organismo. Así que hay que tragar esas cosas malas, desintoxicarse el alma, la mente y los pensamientos, y seguir siendo ese buen litigante. Es necesario demostrar la versatilidad en todos los momentos.

No existirá un tiempo totalmente soleado en la playa, lo más seguro es que en alguna oportunidad se nuble y se produzca una gran tormenta; así las cosas, tampoco habrá siempre buen clima para el abogado litigante. En algún momento atravesará campos minados de inconvenientes, impedimentos o dificultades. Frente a ello, el litigante debe ser, COMO LAS PALMERAS, que aguantan de todo y solo precisan luz para adquirir de esta la fuerza que requieren tener en los momentos complicados. Así el abogado, solo requerirá de sus conocimientos y de su ética profesional para soportar todo aquello que soporta un buen litigante en el ejercicio de su profesión.

Te podrán doblar; pero no te partirán.        

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