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07/02/2023. 23:03:51

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Dignidad de la persona

Profesor de Investigación del CSIC

A. J. Vázquez Vaamonde

Los fundamentos del orden político y la paz social constan en el art. 10.1, CE: » La dignidad de la persona, … el respeto a la Ley y a los derechos de los demás …»

El respeto a la dignidad prohíbe la agresión física y la agresión ética: atropello de la igualdad ante las leyes, de la intimidad y privacidad en las comunicaciones que impide la entrada en nuestro domicilio o la interceptación de comunicaciones, práctica de la discriminación, etc.

Toda regulación legal de los comportamientos éticos, por ser parte de la dignidad de la persona deberían emerger en todos. Por eso, es obligado plantearse si ciertas actividades deben ilegalizarse y menos aun tolerar que sean lucrativas. Sin duda significa una limitación a la libertad personal, pero no es la única que existe en nuestro ordenamiento, por lo que pueden abstenerse de rasgarse las vestiduras los farisaicos defensores de la libertad.

La ley prohíbe la esclavitud pactada entre adultos libres; que un cónyuge pueda exigir del otro unas relaciones sexuales que no desea ¡aun estando casados!; l el maltrato físico de los hijos por sus padres; la explotación sexual de personas, en su mayoría mujeres; etc. Todos estos comportamientos atentan a la dignidad de las personas, ¡pero un día fueron legales!..

Maltratar a un animal, dándole palos porque no transporta una carga, está prohibido; ¿cómo no prohíbe maltratar al que vanamente  se defiende de unas agresiones con técnica depuradísima para diversión del público que ha pagado para disfrutar de ese alarde de la técnica de la agresión".

El "arte" que algunos reivindican, es una metáfora de lo que no es más que una técnica depuradísima. Se dice del profesional manual, sea pintor, cristalero o fontanero, jugador de tenis o de futbol, etc., que es "un artista".

Las artes para los griegos eran todo lo que pretendía recrear la belleza ideal: la escultura, la arquitectura, la pintura, etc. No eran artes los juegos olímpicos, ni la tauromaquia cretense. Eran lo que son: diversiones del pueblo y para el pueblo. Como los circos romanos con sus luchas de gladiadores entre sí o contra fieras salvajes o la matanza de cristianos por las fieras. Diversiones tradicionales, en suma.

Hay tradiciones – incluso vigentes – que el trato que merecen es su ilegalización tanto más rápida cuanto más remoto sea su origen. Es decir, durante cuanto más atropello la dignidad del ser humano produjo:, e. g., el sometimiento de la mujer al marido u otros miembros varones de su familia; el de los hijos al derecho omnímodo de sus padres; el de obligar a hacer la guerra a quien no quiere; el del maltrato a los animales para divertirse.

Éste está empezando a prohibirse legalmente, empezó Canarias. Pero ya más espectáculos "naturales" ilegales; e. gr.,, las pelea de perros, algo natural que se logra educándolos; la de gallos, algo natural que se evita no colocando dos en el mismo corral, etc., etc. ¿Por qué excluir el maltrato de un toro por una persona?. No es natural y sólo es una depuración del mal trato.

Este paso lo ha dado otra región, Cataluña, Por 68 votos vs. 55 y 9 abstenciones, su Parlamento ha aceptado la Iniciativa Legislativa Popular de prohibición de las corridas de  toros a partir de 2012. Esta demora es, en mi opinión, el único error de lo aprobado: "Lo que hayas de hacer, hazlo pronto".

Así lo hizo con la ley que prohibía la trata de negros. Se aprobó y entró en vigor. Como ahora pretenden los beneficiados de lo ilegalizado, también entonces se indemnizó a los marinos dedicados a ese lucrativo e inmundo negocio bendecido por todas las religiones, que ninguna se opuso a la existencia de la esclavitud. Sólo pedían buen trato al esclavo.

Se enseña a los niños la maldad de maltratar a un insecto; de tirar piedras a los perros, por "artista" que sea el que siempre les da; y, en general, a toda confrontación sin equidad – no existe frente a un animal – como exige la dignidad humana y aunque se, como en el caso de los gladiadores.

Pero cuando esos niños se convierten en adultos abusan de los animales, los toros, ¿por qué no hacerlo también con las personas más débiles: los pobres, las mujeres, los viejos, los niños, ….?. Pues también lo hacen convirtiendo al trabajador en una mercancía.

Ese derecho a la protección de la dignidad tiene un valor superior del art. 38, CE: "Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación".

La libertad de empresa y la defensa de la productividad prohíbe la financiación con recursos públicos – festejos donde se maltrata a los toros para diversión de los espectadores – para que una actividad mercantil privada pueda obtener y repartirse beneficios privados.

Lo socialmente indeseable, y divertirse maltratando a un animal lo es aunque se haga con "arte", es decir con destreza, debe erradicarse por la vía activa y no sólo por la pasivamente activa o activamente pasiva que propone Canarias ni por la demoradamente activa que ha aprobado Cataluña.

Tampoco cabe justificar las tradiciones por la creencia en que un extraterrestre nos manda hacerlas. La ley 32/2007, de 07,11 dice en su art. 6.3: "Cuando el sacrificio de los animales se realice según los ritos propios de Iglesias, Confesiones o Comunidades religiosas inscritas en el Registro `.. y las obligaciones en materia de aturdimiento sean incompatibles con las prescripciones del respectivo rito religioso, las autoridades competentes no exigirán el cumplimiento de dichas obligaciones siempre que las prácticas no sobrepasen los límites a los que se refiere el artículo 3 de la Ley Orgánica 7/1980, de 05.07, de Libertad Religiosa. Dice así: "El ejercicio de los derechos dimanantes de la Libertad Religiosa y de Culto tiene como único límite la salvaguardia de la moralidad pública, elementos constitutivos del orden público protegido por la Ley en el ámbito de una sociedad democrática".

La moralidad pública es un concepto que se amplía al progresar éticamente la sociedad. En las anteriores se admitía la esclavitud, hoy es ilegal en todas;  la supeditación de la mujer al marido, hoy es ilegal en los países racionales, mal llamados laicos, pero legal en los irracionales donde creen en ciertos extra terrestres; el martirio de los animales para ganar los favores del extraterrestre en el que creen, hoy es ilegal en los países racionales, pero pervive en los países irracionales cuyas leyes dictan los extraterrestres.

En cualquier sociedad hay un número suficiente de personas cuyo desarrollo moral muy bajo dispuesto a apoyar cualquier actividad socialmente indeseable. Diariamente millones de personas disfrutan con la práctica ilegal de la esclavitud en la que viven sometidas adultas y menores objeto de trata sexual. Pese a este apoyo democrático esta actividad es ilegal en todos los países, incluso en los que las autoridades los promueven.

Leo en internet que 140.000 personas de todo el mundo han firmado el manifiesto de protesta contra la prohibición en Cataluña. Son menos que las que apoya la esclavitud sexual de adultas y menores de edad. Apenas el 0,000 007 %; es decir siete millonésimas por ciento. Es para felicitarnos que haya tan pocos

El PP al apoyar la continuidad de esa indignidad sigue la línea de los partidos cuya ética permite el abuso del poderoso sobre débil, hoy un animal, mañana un semejante. Por eso mismo es indigno que el PSOE robara parte del sueldo a sus funcionarios porque falta de dinero, pero varios cientos de millones se dedicaron a fomentar esta indignidad que, con la constitución en la mano debe ser declarada inconstitucional, pues lo es se financiar los beneficios de empresarios privados y toreros.

Los políticos tienen que ir a la vanguardia de la ética social. Aunque una mayoría votaría a favor de la recuperación de la pena de muerte, deben votar su supresión. Aunque una minoría vote diariamente a favor de mantener los burdeles con esclavas sexuales,  deben votar su supresión. Aunque una minoría aun menor vote a favor de financiar el martirio de los toros con fondos públicos, deben votar en contra.

Ése es – en una democracia representativa – el camino democrático  del progreso ético de una sociedad. Ilegalizar lo socialmente incompatible con la dignidad de las personas.

 

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