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25/07/2024. 06:07:25

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Educar en la NO violación

A. J. Vázquez Vaamonde

Profesor de Investigación del CSIC

Los niños no violan las normas; las desconocen o ignora su utilidad. “NO” es el primer concepto que aprendemos. NO hagas esto; NO hagas lo otro, NO hagas lo de más allá, mientras exploramos el espacio de su libertad a medida que aumenta nuestra capacidad. No se debe reprimir este proceso sino fomentarlo con orden. Eso es educar.

Todo tiene un coste; aprender a andar suele pasar la factura del coscorrón; se aprende a coger cosas tas ver que algunas se nos caen de la mano; al hacerlo vemos que algunas se rompen y otras no; y para aprenderlo las tiramos; también o hacemos para probar nuestra puntería ¿acaso no tiramos piedras a los árboles y las hacemos saltar en el agua aun siendo mayores?

El niño no rompe “por maldad”; lo hace sorprendido al ver como algo sólido se desmenuza en partes ¿no es eso mágico? Enseñar exige explicar el riesgo de rotura de las figuras de porcelana o de vidrio que no existe con las de trapo o de plástico; que las pelotas al botar pueden golpear lo que no queríamos golpear y romper lo que no queríamos romper; y así, una y mil cosas..

Pero se nos enseña mal. Se nos riñe agriamente; a gritos: “¡eso NO se hace!”- O se nos pega en la mano y lloramos más por la falta de cariño que por el dolor. Se nos pregunta con indignación “¿has visto que se ha roto?”. ¡Vaya pregunta más tonta!; ¡pues claro que lo ha visto! Pero eso exige varias explicaciones: la fragilidad de algunas cosas, el riesgo de que se rompan, la pérdida de valor de lo roto; no poder disfrutar de su belleza. Tras comprenderlo no será necesaria la vía experimental; habremos aprendido a reflexionar y razonar antes es mejor que actuar alocadamente. Utilicemos el error cometido para ofrecer esa vía. Todos saldrémos ganando.

El NO violento; viola la libertad experimental. La reflexión racional la hace innecesaria. La norma no es una imposición, es un acuerdo inteligente porque produce beneficios. El niño no viola la norma; no sabe que existe ni la ha interiorizado como algo bueno porque no se le ha explicado. Él sólo ve una imposición; un límite a la libertad de hacer que aumenta cuando crece. El niño es una persona lógica ¡a tope! Aprovechemos su lógica, enseñémosle a reflexionar.

Hemos tenido dos hijas; nuestros amigos decían que eran dóciles y buenas. Como todos, teníamos figuritas delante de los libros en la estantería, pero no las fuimos subiendo de estante a medida que crecían para que no las rompieran. No las rompieron no porque fueran dóciles sino por inteligentes pues entendieron que jugar con esas figuritas bonitas tenía un riesgo que no tienen los juguetes; se podían romper y había que tirarlas la basura porque los trozos eran feos. Fueron buenas porque entendieron lo que entiende cualquier niño si se le explica: lo roto es inservible; dejamos de tenerlo; lo perdemos; no podremos disfrutar viendo algo bonito; la basura es fea. Si eso se entiende no hay que prohibir nada. Nadie quiere perjudicarse.

El sentido de la propiedad y la posesión nace de repetir “es para ti”, “es tuyo”. Se puede decir. “te doy eso para que lo cuides y puedas jugar tú y con tus amigos”; cuidarlo para que no se rompa y que no se pierda; y que como no se puede jugar con dos juguetes a la vez hay que “compartir”. Sin duda hay niños menos receptivos; educar exige paciencia invitando a la reflexión: “¿qué es mejor, esto o lo otro?”. Quien interioriza algo decide libremente lo mejor; respetar la convivencia es como regar un árbol: dará frutos toda su vida. Decía-Costa “escuela y merienda”; ¡lo decía en el S. XIX.

Disculparse revela que reconocemos el error; lo que parecía bueno resultó peor. Aceptar las ,disculpas educa si se invita a la reflexión antes de actuar. Decir “eso no se hace porque lo digo yo” educa en la violencia; en imponer la fuerza sobre la libertad ajena ¡porque se puede!; educa en violar al más débil. Enseñar el placer del acuerdo es educar en la no violencia. La norma pactada, no es una imposición; es un acuerdo; protege mejor nuestra libertad; respeta al otro como igual y engendra el placer de convivir. Permite disfrutar de los bienes Ajenos compartidos. Nos convierte en futuros ciudadanos democráticos.

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