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17/04/2024. 14:06:36

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“Errare humanum est”

Profesor Universitario
Especialista en técnicas de litigación oral

Errar es de humanos, ese es el significado de la alocución latina que aparece en el título de este artículo. Refiere la misma que equivocarse, fallar, no dar pie con bola, meter la pata, etc, son propios de la naturaleza humana y que aun cuando se realicen algunos actos creyendose que están bien, lo más seguro es que luego de ejecutados estos las personas se den cuenta que han cometido un error.

Alexander Pope, el autor de dicha frase, quiso señalar –entre otros supuestos- que una de las causas por las cuales se yerra, es por el exceso de confianza. El estar sumamente seguro en algo, puede dar lugar a que ocurra algún olvido y que, en ocasión a dicha inadvertencia, se tenga un resultado no querido o no aspirado.

En idéntico sentido, puede ocurrir, que por un pequeño desliz se produzca un efecto que traiga como consecuencia una perdida cuestionable.

Tales errores cuando se suceden en la vida diaria, cotidiana o habitual; pudieran no generar consecuencias graves, por ejemplo, una persona que es olvidadiza y no tiende la cama, o deja en casa el almuerzo que se debe llevar a la oficina, o, por el contrario, se distrae y no felicita a su pareja por el día de su cumpleaños, o aniversario (aunque de verdad no sé si esto último no ocasionaría consecuencias graves para la persona que se le pasó la fecha).

Estos desaciertos humanos, estos deslices, estas distracciones; pueden ocasionar gravísimos resultados si se producen en el campo del derecho. Ejemplo, una decisión perfectamente recurrible y la cual tenía bastantes probabilidades de ser declarada con lugar en la apelación, termina quedando firme; por el descuido del abogado que consideró que le quedaba un día más para introducir el escrito recursivo, y resulta que el pronunciamiento del tribunal de alzada, es que la impugnación es inadmisible por extemporánea.

Otro garrafal descuido, -entre muchos- es el no tener apuntada la fecha de la audiencia y considerar que esta se pospondrá, y por desconocer la misma, el abogado litigante no se preparó, no estudió, no practicó lo que debería hacer. Y, resulta, que el día señalado, la vista no se difiere, encontrándose frente a una situación para la que no está preparado, y no realiza, lo que, en condiciones normales debió haber realizado, y por ello, abandona la sala de audiencias con un resultado adverso, aun cuando tuvo la posibilidad de salir de otra manera.

El abogado litigante, debe reconocer los errores que ha cometido. Aprender de ellos, e incluso, ilustrarse con los yerros que en algún momento han tenido otros juristas.

En la medida en que visualice lo que no le ha salido bien, más pronto tendrá oportunidad de remediarlo, enmendarlo o corregirlo; y así podrá aprender la lección para evitar cometerlo en una nueva ocasión.

Aprender de los errores le otorga al litigante el tener la seguridad de que la inteligencia es algo en lo que se puede trabajar, y, por supuesto, este reconocimiento le brinda la oportunidad de desarrollarla para ser un mejor profesional.

El admitir que se ha equivocado, le permite al abogado, rectificar, aceptar las consecuencias, responsabilizarse por las mismas, y trabajar para no reincidir en ellas. Esto, además, le hará madurar como letrado y le colocará en la posición que en teoría debe tener el abogado litigante, que es aquella de no dejar nada al azar. Que la mejor improvisación en sala, es no improvisar nunca.

Al estar dentro de las salas de audiencias la actuación del abogado debe ser la improvisación más planificada que exista. En este sentido, no existe la posibilidad de que algo se le olvide o lo pase por alto, pues, la preparación para la audiencia le otorgará la probabilidad de avizorar qué es lo que puede acontecer, en qué momento sucederá, quién lo hará o de qué manera pudiera ocurrir.

La preparación de cara a la audiencia, y el hacer intercambio de roles, le permitirá al litigante estar bastante alejado de los errores, ya que, por medio de la preparación, tratará de tener milimétricamente proyectada su actuación al estar ante el juez litigando. Pero, por más planificada que esté una vista, siempre ocurren imponderables, estos podrán ser sobrellevados si se está instruido y además se conoce el caso. De no estar preparado, sin duda alguna sobrevendrán los yerros y sus fatales consecuencias.  

“ERRARE HUMANUM EST”, pero no debería pasar así en el caso de los letrados, ya que, aun cuando estos sean personas naturales; deben tratar de estar suficientemente separados de ellos, pues, en sus manos muchas veces se encuentra la vida, la libertad, los bienes o los derechos más importantes de una persona.

Frente a todo ello, forzoso es considerar que muchas veces errar es propio de aquellos litigantes que no se preparan, que no estudian, y que no ensayan. Trate usted, de cometer en el ejercicio del derecho la menor cantidad de errores que pueda, y, en todo caso, si llegara a cometerlos, aprenda de ellos.

 

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