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06/12/2022. 21:36:00

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Las firmas y Latinoamérica

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El autor sostiene que la expansión de las firmas españolas no puede responder a un patrón homogéneo. Cada región, especialmente en Latinoamérica, es depositaria de una cultura especial que ha de ser reconocida en el proceso de internacionalización.

La singularidad latinoamericana es un hecho incontrastable, aunque siempre existan corrientes ideológicas que aboguen por la importancia de una u otra tradición. Lo cierto es que, de la mixtura de numerosas culturas -fundamentalmente la hispánica y la indígena- se forjó un nuevo continente y emergió una síntesis viviente, según la clásica doctrina del que fuera Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el peruano Víctor Andrés Belaunde.

Esta originalidad continental se expresa, también, en el ámbito jurídico. No, por supuesto, en el aspecto doctrinal y científico en el que los juristas latinoamericanos, en gran parte,operan como glosadores y operadores de las corrientes innovadoras que emergen en otros mundos. Sí, por el contrario, en una serie de patrones, rutinas y protocolos que, tomados del mundo hispánico y del anglosajón, se imponen como modelo en la conformación de los estudios (firmas, despachos) más importantes de Latinoamérica.

Muchos de ellos, con acierto, son porosos a la influencia norteamericana y a la par de sus parientes españoles supieron incorporar una serie de métodos y compartimentos propios de la abogacía posmoderna y especializada. Otros, sin embargo, se mantienen reacios a los cambios, aferrados a una tradición decimonónica que les permite sortear, merced a su prestigio, las turbias aguas de la crisis global. Algunos, los más importantes desde el punto de vista económico, apelan a una estrategia mixta: incorporan mejoras pero mantienen el control absoluto sobre la sociedad.

Me parece, sin embargo, que el futuro de las firmas latinoamericanas, pese a la particular coyuntura de la región, no es muy distinto al de los despachos en otros lugares del mundo. Lo importante, lo distinto, sin embargo, es la manera de aproximarse a los partners adecuados, las formas para convencer a los socios de la utilidad de fusionar una marca o adherirse a una megafirma y el proceso que ha de seguirse para que la operación se mantenga a flote pese a los vaivenes de la política y la economía. Hay un derecho semejante, cierto, pero el protocolo, a la hora de la verdad, es distinto. Radicalmente distinto. En Latinoamérica, el apellido cuenta tanto como aquí. No todos están por la labor. En algunas cosas nos parecemos mucho. En otras, pese al maquillaje, somos muy distintos. Por eso, negociar la expansión de un despacho español con los agentes adecuados es vital si se pretende llevar a buen puerto la galera de un proyecto global.

Además, con frecuencia observo que muchos despachos europeos se dejan seducir por la pompa y el oropel del lobby político en el que se hallan inmersos algunos estudios latinos. Eso es, permítanme recordarlo, absolutamente coyuntural. La región con la mayor volatilidad electoral del planeta se acuesta de derechas y amanece chavista. La relación con el establishment político asegura poco y por un breve lapso de tiempo. Por eso, tu socio puede ser in por un periodo de gobierno -si no cae el presidente- y, en unos meses, convertirse en una especie de apestado político. Crear un lazo permanente pasa por otros factores: el conocimiento adecuado de la realidad socioeconómica, el marco político general y la prospectiva de desarrollo. Los operadores sociales también cuentan para esta ecuación. Hay mucho campo por desarrollar en este aspecto y somos, lamentablemente, pese a la demagogia fraterna con que solemos adornar nuestros discursos de integración, bastante ignorantes sobre lo que pasa al otro lado del Pacífico.

El mundo de la abogacía se ha convertido en algo demasiado complejo como para dejarlo en manos de inexpertos que se dedican tan sólo a un aspecto puntual del infinito jurídico. Se necesita, para abrir puertas y ampliar horizontes, gente preparada para un entorno global. Profesionales capaces de asumir los retos del derecho en varios idiomas, en diversos marcos conceptuales y en un sinfín de escenarios sociales. Precisamos, pues, de abogados globales. Felizmente, hay en marcha algunos proyectos sumamente interesantes, liderados por gente capaz que conoce el universo macondiano de la región. 

Gran parte de la inversión española está allende los mares. Si pretendemos servir a nuestros clientes cumpliendo estándares de excelencia y calidad, es menester que desarrollemos una estrategia amplia que vincule varias dimensiones de actuación. La académica, la social, la política, la económica. Me dirán, por supuesto, que se trata de una empresa ambiciosa. Les respondo: Pero ¿acaso no estamos para eso los abogados? 

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