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02/12/2022. 07:38:36

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¿Qué significa relativizar cuando afrontamos conflictos?

Mediadora y abogada, consultora experta en resolución de conflicto

Mediador y psicólogo, consultor experto en resolución de conflictos y diseño de estrategias colaborativas

“La vida es 10% de lo que me ocurre y 90% de como reacciono a ello.”

Charles Swindoll

Tal y como expone el psicólogo Ferran Salmurri (2015), los pensamientos negativos involuntarios nos acechan y, después, con el paso del tiempo, nosotros mismos podemos considerar estos pensamientos como excesivos, catastrofistas, de exagerada importancia o que han supuesto una anticipación negativa sin suficiente fundamento que lo sustente. El propio Salmurri añade que “(…) son casi infinitos los comportamiento propios o ajenos de la vida diaria que (…) por percibirlos de forma desproporcionada y catastrófica, es decir, de forma negativa, nos afectan y perturban nuestro estado de ánimo, provocando sentimientos y emociones como miedo, ansiedad, cólera, angustia, celos, envidia, tristeza, etc.”    

En este sentido, en muchas ocasiones, cuando los mediadores debemos intervenir en la gestión de un conflicto, observamos que alguna de las partes (o todas) atribuyen una desmesurada relevancia a aspectos negativos relacionados con acciones o actitudes (presentes o pasadas) de la otra parte. Esto genera sentimientos de agravio, injusticia, desconfianza, hostilidad, impaciencia, dificultad para la escucha y valoración de propuestas, predisposición negativa hacia el otro e incluso deseos de ataque o venganza.

De igual manera, tal y como hemos desarrollado en anteriores posts, en las situaciones de conflicto, también existe la tendencia a sobredimensionar la razón, justicia, legitimidad y bondad las propias acciones y propuestas.

Según aumenta la intensidad del conflicto y el tiempo de permanencia en desacuerdo, es fácil observar (desde un punto de vista objetivo) que las partes suelen atribuir una “excesiva importancia” a cuestiones que, valoradas racionalmente, no parecen tan relevantes.

La activación emocional que conlleva ser parte de un conflicto, interfiere en la capacidad para razonar, minimizar e ignorar circunstancias que, en otra situación y, con otras personas, podríamos llevar a cabo sin un gran esfuerzo. Es decir, la propia activación emocional asociada al conflicto, multiplica la posibilidad de que surjan y se afiancen estos “pensamientos negativos exagerados” y, además, tal y como exponíamos al inicio de este texto, cuando estos pensamientos se “apoderan de nosotros”, a su vez, provocan un aumento en la intensidad de estos sentimientos y emociones, creando un bucle que se retroalimenta constantemente, como si no pudiésemos parar de “echar leña al fuego”.

Para cortocircuitar este bucle y contribuir a que las partes puedan valorar sus pensamientos de una manera más racional y objetiva, en el proceso de mediación, los mediadores, intentamos que las partes sean capaces de relativizar su “pensamientos negativos exagerados”, mientras dialogan o negocian, pero ¿qué significa esto realmente?

Podemos definir “relativizar”, como; considerar un determinado asunto introduciendo argumentos que contribuyan a disminuir su importancia o valor. Es decir, realizar la valoración de un hecho, percepción o acción, desde un punto de vista pragmático, racional, objetivo y desapasionado para minimizar su impacto o relevancia.

Este afrontamiento atenúa los efectos del asunto en cuestión e incrementa las opciones aceptables para actuar o decidir. Además, contribuye a que nos sintamos mejor, porque relativizar resta trascendencia a los asuntos y, por tanto, favorece que podamos afrontarlos con mayor tranquilidad, distancia, generosidad e incluso buen humor.

De hecho, cuando tenemos una preocupación, nos sentimos enfadados, tristes, culpables o tenemos miedo ante una determinada situación, pocas sensaciones son más motivadoras y liberadoras, como tomar conciencia de que el asunto que ha provocado nuestro malestar “no es para tanto” y que existen muchas opciones válidas para afrontarlo y que “todo vaya bien”.

Sin embargo, también es fácil comprobar que, para que podamos relativizar y llevar a cabo una valoración más funcional de nuestros conflictos o preocupaciones, no basta con que alguien nos lo diga directamente. Es decir, que trasladar estas situaciones a un tercero y que su repuesta sea: “te preocupas demasiado, estás exagerando, quítale importancia, sigue adelante y olvídate de eso”, etc. no nos hace sentir mejor y considerar sus consejos, sino que nos aleja de esa persona por no sentirnos comprendidos ni apoyados.

Entonces, ¿Cuál es la solución? ¿Cómo podemos los mediadores ayudar a las partes a que relativicen determinados aspectos relacionados con el conflicto? ¿Cuáles son las estrategias o intervenciones más adecuadas para lograr este fin? En próximos posts continuaremos reflexionando sobre estas interesantes cuestiones…

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Este blog nace con la ilusión de crear y compartir un espacio de reflexión sobre la mediación. Durante algunos años hemos formado equipo de mediación, participando en más de 1000 procesos de resolución de conflictos.  De esta experiencia conjunta  hemos obtenido inspiración y múltiples aprendizajes que nos gustará compartir, así como, también explorar los nuevos retos y replanteamientos que vayamos encontrando en nuestro camino. Félix es psicólogo y Mónica abogada, ambos somos mediadores y consultores en resolución de conflictos.