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07/02/2023. 22:50:56

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Los Diez Mandamientos del Contrainterrogatorio (Irving Younger): 5º.- Escucha al testigo

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Continuamos con nuestras reflexiones sobre los Diez Mandamientos del Contrainterrogatorio elaborados por Irving Younger (la exposición completa de los mismos puedes verla en video al final de este texto), y en esta ocasión nos detendremos en el quinto mandamiento: escucha al testigo.

Al tratar este aspecto, Irving Younger resume este mandamiento a través de un par de ejemplos en los que el abogado, al contrainterrogar, se concentra exclusivamente en la pregunta y no escucha la respuesta del testigo, prosiguiendo en la realización de nuevas preguntas que, o bien no guardan conexión con la respuesta ofrecida o bien pierden la oportunidad de alcanzar el éxito durante el interrogatorio al no reparar en la información suministrada por el testigo. Esta conducta la atribuye el autor a una reacción humana del interrogador por la propia presión y tensión que conlleva el acto de contrainterrogar.

Ciertamente, durante la celebración del juicio oral los abogados tenemos que estar pendientes de toda una gama de conductas que se manifiestan por el juez, el letrado contrario, las partes, los testigos e incluso el público asistente en la sala, actitudes cuya observación puede ser clave para el desarrollo del acto, y cuyo máximo exponente se manifiesta por el lenguaje verbal y no verbal de los asistentes (comentarios, miradas furtivas, gestos de contrariedad, una leve sonrisa, etc.).  Por ello, cuando nos encontremos en sala, hemos de estar completamente focalizados en el objeto de nuestro trabajo, viviendo al máximo nuestra experiencia y tratando de extraer el máximo provecho de la misma.

Esto exige desterrar toda opción de pensar en cuestiones ajenas al juicio, o discurrir en pensamientos sobre otras cuestiones relacionadas con el mismo, pero inocuas, que pueden impedir captar lo que está ocurriendo en sala en cada momento. No es la primera vez que por falta de concentración nos hemos perdido una respuesta de un testigo o el comentario del juez (especialmente en vistas de larga duración), lo que ha condicionado nuestra actuación posterior. Hay, por tanto, que focalizarse al máximo y ser conscientes de ello.

Todos sabemos que contrainterrogar consiste precisamente en tratar de alcanzar una serie de objetivos a través de las preguntas que vayamos realizando, si bien estas van a estar condicionadas en todo momento por las respuestas que ofrezca el testigo; de este modo, preguntamos, escuchamos la respuesta y, en muy poco tiempo, hemos de decidir el contenido de la siguiente pregunta para crear la trama que queremos ir creando a través de nuestro interrogatorio y así lograr aquellos objetivos.

Sin embargo, si nos centramos tanto en las preguntas que vamos a hacer que no prestamos la debida atención a las respuestas del testigo, el interrogatorio será un absoluto fracaso por falta del necesario equilibrio pregunta-respuesta. Todo lo anterior lo explica de forma muy sencilla Leticia Lorenzo «Cuando el litigante da lectura a las preguntas es que suele estar más preocupado por el orden de sus preguntas que por las respuestas que da el testigo; esto lo lleva no escuchar esas respuestas».

Para estos casos, nuestra recomendación es aplicar las técnicas de la escucha activa, es decir, vivir el proceso de comunicación con los demás tratando de comprender al máximo lo que se está transmitiendo y, por tanto, extrayendo el máximo partido de la interacción, lo cual es vital en el desarrollo de un juicio. Una escucha activa nos permitirá controlar el desarrollo del proceso y entender las razones que motivan cambios de conducta y decisiones que se adopten. Por tanto, la concentración debe complementarse con un proceso de escucha activa y atenta, pues de este modo dispondremos de una comprensión total de lo que está ocurriendo en sala.

Al hilo de lo anterior, uno de los grandes enemigos de un buen interrogatorio, y concretamente, un elemento que coadyuva a la falta de atención a las respuestas del testigo es la lectura de las preguntas por el abogado.

Las razones de ello son varias:

  • Al estar concentrados en la lista de preguntas (concretamente de la próxima pregunta) dejamos de estar pendientes de la respuesta del testigo, lo que va a motivar no sólo que descuidemos el hilo conductor del interrogatorio, sino que perdamos oportunidades para introducir aclaraciones o concretar aspectos confusos o poco concretos o incluso para enfatizar informaciones esenciales.
  • Se merma nuestra capacidad para intervenir con plena concentración ante cualquier imprevisto (denegación de una pregunta, planteamiento de una impugnación de preguntas, respuesta agresiva de un testigo, etc.).
  • Nuestra intervención pierde espontaneidad y frescura, lo que puede incidir en la atención que el juez esté prestando al interrogatorio.
  • El ritmo y la velocidad, que deben ser rápidos durante el interrogatorio, se ven afectados, pues es muy difícil llevar el ritmo y a la vez estar pendiente de las preguntas. Además, inevitablemente se generan entre pregunta y pregunta pausas y silencios nada recomendables durante el contrainterrogatorio.

Ante esta situación, lo más apropiado para llevar a cabo el interrogatorio es, una vez estudiado el caso a conciencia (lo cual es imprescindible), elaborar una ficha  por cada testigo que nos facilite la práctica del contrainterrogatorio en función de las necesidades y exigencias del mismo. Para ello, es recomendable disponer en dicha ficha una delimitación clara de los objetivos, hechos a probar, pruebas de las que disponemos y líneas de interrogatorios temáticas a seguir.

 Por lo tanto, a través de esta planificación, dispondremos de una información valiosísima para, durante el interrogatorio, ir efectuando las preguntas que correspondan a cada objetivo, tema y línea de interrogatorio sabiendo, además, la cobertura probatoria de la que disponemos.

Concluyo con esta frase de Colman que resume con toda claridad la importancia de escuchar al testigo:

«Por mucho esfuerzo que haya hecho el abogado en planificar la secuencia del interrogatorio, deberá abandonar dicha planificación cuando sea necesario o prudente. A veces, no basta con previsión y trabajo, sino que se requiere flexibilidad y adaptarse a las oportunidades.»

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