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07/10/2022. 12:20:21

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India, Occidente y el eterno debate nuclear

funcionario de la Carrera Diplomática

Samuel Huntington decía en su "Choque de Civilizaciones" que el lado hacia el que se orientara la "civilización hindú" sería clave en la reorganización del mundo en el siglo XXI, en lo que él concibe como tensión larvada entre el mundo sínico y el Islam, de una parte, y el occidente cristiano del otro. India sería una de tantas "bisagras", a caballo entre dos mundos y que pueden decantar la balanza haciendo que las envejecidas puertas de la civilización giren hacia uno u otro lado.

India, Occidente y el eterno debate nuclear

Huntington ha sido criticado por la imprecisión de algunos de sus análisis, pero en el caso de India hay razones históricas, económicas y políticas de peso para considerar que efectivamente se trata de un pieza clave del equilibrio de poderes internacional. La aprobación definitiva en el Senado norteamericano del acuerdo nuclear entre India y EE.UU. marca el punto final de una agitada etapa que busca anclar definitivamente a India en Occidente.

En 1974, India desafiaba el régimen internacional de no proliferación realizando un primer ensayo nuclear subterráneo. Se trataba de la operación "Sonrisa de Buda", y el objetivo era proteger a India frente a sus vecinos chino y pakistaní. La "sonrisa de Buda", sin embargo, no concitó grandes simpatías: con el enemigo Pakistán desató una carrera armamentística cuyas consecuencias aún se sufren. Bhutto, primer ministro pakistaní a la sazón, declaró que también su país se haría con el arma nuclear "aunque tengamos que comer hojas y hierba". La comunidad internacional, por su parte, había establecido desde 1968 un régimen de "No Proliferación" concretado en un Tratado que reservaba a las cinco grandes potencias que ya habían declarado tener el arma atómica el status de potencia nuclear. Por ello, los ensayos indios relegaron a este país al ostracismo internacional en todas las materias relacionadas con la cooperación tecnológica y el abastecimiento nuclear. Acontecimientos recientes le han dado la vuelta a esta situación; algunos son estructurales y responden a un análisis no lejano al de Huntington; otros son coyunturales y explican que sea precisamente ahora cuando se produzca la admisión de India en el "club" nuclear.

Las razones estructurales responden a la inestable situación en Asia, que no interesa a Occidente. China tiene cada vez más poder económico y más influencia política; Rusia se ha recuperado de su letargo postsoviético; Irán desafía a las resoluciones de Naciones Unidas y la situación en Afganistán e Irak genera una inestabilidad que exporta sus contradicciones a algunos vecinos, como Pakistán. En este contexto, India ofrece las mejores condiciones previas para convertirse en el foco de estabilidad que Europa y EE.UU. verían con buenos ojos en la región. Herencia de su etapa colonial británica, India tiene un sistema jurídico desarrollado y semejante al occidental, y pese a sus graves problemas de desigualdad su sistema socio-político es el de una democracia liberal. Económicamente, desde las reformas iniciadas en 1991, se trata de una economía de mercado cada vez más parecida a las europeas. Su gigantesca población la convierten en un gran mercado potencial y también en un poderoso aliado estratégico.

Coyunturalmente, hay toda una serie de razones que han dado su impulso definitivo a un acuerdo muy difícil. De parte de India, el agotamiento de los recursos propios de uranio en el medio plazo se erigía en acicate para concluir un acuerdo que garantizara el abastecimiento de la materia prima nuclear. Asimismo, las crecientes necesidades energéticas del país podían ser paliadas mediante más centrales nucleares con participación de tecnología foránea y, por tanto, más eficientes. A las empresas occidentales, por otra parte, y particularmente a las estadounidenses, les interesaba el inmenso mercado nuclear indio. Y a la comunidad internacional, en esta etapa de incertidumbres, vincular a India al régimen nuclear de la no proliferación, aunque sea mediante la técnica jurídica del acuerdo de salvaguardias ad hoc que se ha firmado en el seno del Grupo de Suministradores Nucleares y de la OIEA.

El acuerdo nuclear tiene, como casi todos los hitos políticos, defensores y detractores. Unos y otros tienen argumentos con que defender su postura. Desde el punto de vista del realismo político, lo indudable es que India iba a seguir con su programa nuclear con o sin acuerdo con las potencias nucleares preexistentes. Así las cosas, parece preferible que India se someta a controles, aunque sean parciales, de la OIEA, y que su industria nuclear pueda beneficiarse de tecnologías desarrolladas por otros Estados. Y es que muchos opinan que a veces lo "mejor" (el respeto estricto al statu quo legal internacional) es enemigo de lo bueno.

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