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2 de Agosto de 2016

Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de la Administración Local, categoría superior

Delitos y ciberdelitos: cuando la víctima “lo pone en bandeja”

Vivimos una realidad cambiante, que va muy por delante del Derecho y de la capacidad de reacción del sistema, en la que ni siquiera los hackers –más precisamente los crackers- son ya los de antes, cuando se dedicaban básicamente a hacer “cibergamberradas”.


Ahora son capaces de la más tremenda destrucción: acceso a información de carácter médico, a información de nuestras tarjetas de crédito, a nuestros sistemas informáticos de empresas, Administraciones y equipos particulares... Acceso y uso, claro. Mal uso. Y sobre todo son muy capaces de cometer todo tipo de ciberdelitos, que no son exacta o necesariamente esos delitos relativamente nuevos de los cuales últimamente se hacen eco los medios, como phishingspambulling o sexting, que también, sino los "de toda la vida" cometidos a través de la Red.

Este cibercrimen evoluciona mucho más deprisa que las medidas de seguridad que intentan combatirlo. Vivimos una época de gran aceleración digital. El desarrollo de Internet, en sentido amplio, es notablemente más veloz que la implantación de las oportunas medidas de seguridad en el sistema. En muchos casos concebimos y creamos servicios mucho antes de verificar si son seguros. En los últimos tiempos se ha producido un empeoramiento en el estado de la seguridad debido a que los criminales se han sofisticado, mientras las empresas, las Administraciones y los usuarios han aumentado su presencia electrónica, pero de forma contradictoria se mantienen escépticos ante la posibilidad de ser vulnerados. Esta es una cuestión de cultura; el legislador difícilmente podrá reaccionar contra la falta de cautela de los particulares.

Y es que muchas veces el peligro no viene del cracker. Existen informes que indican que siete de cada diez usuarios están dispuestos a entregar datos de su ubicación, nombres y otros datos personales, acceso a sus perfiles de Facebook y de otras redes sociales, a cambio de disponer de una aplicación gratuita. Incluso aproximadamente un 20% de los usuarios llegan a reconocer que desconocen por completo que existen aplicaciones capaces de obtener información en tiempo real de su ubicación. Otras veces el riesgo está en descargarse alegremente versiones maliciosas de Apps famosas, como Pokémon Go. Cuidado con lo que nos instalamos en el móvil.

Como sociedad hemos trasladado muchas de las cosas que hacemos en el mundo físico a internet, y en estos "quehaceres" está incluido el crimen. Lo paradójico es que la gente entiende los riesgos de salir de su casa y dejar las ventanas y puertas abiertas, pero no están cerrando esas puertas en su vida digital. En algunos casos, sobre todo en las redes sociales, son los mismos usuarios los que hacen el trabajo de los cibercriminales.

Como contraste, otros ciberdelitos preocupan mucho más. Entendemos, en gran medida, que sea así, sobre todo a partir de la proliferación de determinadas conductas que alimentan el terrorismo por Internet (apología, captación...), y contra las que el legislador español consideró conveniente reaccionar a través de la Ley Orgánica 2/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica el Código Penal en materia de delitos de terrorismo. Bien. Quien suscribe le pregunta retóricamente al lector si considera que dicha reforma legal ha sido eficaz... Mejor es la Estrategia de Ciberseguridad Nacional, basada en la Comunicación de la Comisión Europea sobre una Estrategia de Ciberseguridad para la UE, que en teoría tiene en cuenta precisamente la difusión de la cultura de la seguridad entre los ciudadanos.

Y acabamos con un consejo. Hablábamos de "salir de casa y dejar las puertas abiertas". Acabamos de iniciar un mes de (merecidas) vacaciones, al menos para muchos. Se trata de una época del año en la que el objetivo es descansar y disfrutar, y normalmente viajar o trasladarse a una segunda vivienda. Pero para descansar y disfrutar es mucho mejor no llevarse ningún disgusto, por lo que lo más sensato parece aguantar la tentación de publicar fotos o textos (en Facebook, incluso en Whatsapp) que informen de lo bien que lo estamos pasando en Cullera en contraste con el calor de Madrid, o simplemente compartir nuestra ubicación. Es fácil. Yo estoy de vacaciones (o no), y me he ido (o no), pero no pienso publicar en este blog, ni en ningún sitio, pista alguna que sirva en bandeja la comisión de un delito, esta vez muy propiamente "de toda la vida": un robo, como los de antes, del art. 237 del Código Penal, pero ahora con invitación electrónica.


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