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19 de Diciembre de 2016

Sergio Jiménez

Analista web especialista en Administraciones Públicas

El producto de los portales de transparencia


Hace unos días, con motivo del segundo aniversario del Portal de Transparencia, la Presidenta del Consejo Estatal de Transparencia y Buen Gobierno, Esther Arizmendi fue entrevistada por Europa Press. El titular de la entrevista era que, dos años después del Portal de la Transparencia, sólo se reciben 10 preguntas al día. Este titular era muy reproducible y muy dado a los golpes típicos en el pecho del tipo "algo estamos haciendo mal". Esto se decían muchas personas relevantes en el mundo de la Transparencia. Sin embargo, lo que estamos haciendo mal es entender para qué sirve un portal de Transparencia.

Pensamos que la política y los portales de la Transparencia se mide con el derecho de acceso de los ciudadanos. Consideramos que el estado de la transparencia se ve por el número de preguntas. Sin embargo, este concepto es una falacia que parte de la concepción de que la transparencia sólo se alcanza mediante la demanda pormenorizada del ciudadano. Esta concepción, al menos en lo que respecta a los portales, es errónea.

¿Cuál es el objetivo de los portales? Podríamos decir que es la consulta. Sin embargo, en ese caso, no necesitaríamos un portal, bastaría con un buzón de correo. Realmente, el objetivo de los portales es ofrecer información pública a la ciudadanía. No son sitios webs de "tramitación", o no principalmente, sino de contenidos. En términos generales podríamos decir que un portal de transparencia tiene como objetivos:

  • Dar acceso a información público a la ciudadanía.
  • Que el usuario pueda localizar la información que necesita
  • Que el usuario pueda conocer otras informaciones que le puedan ayudar a comprender y supervisar la acción público.

Es decir, que un portal de transparencia tiene como objetivos la plenitud, localización y contextualización de la información pública.

Por otro lado, el usuario tiene sus propias expectativas y necesidades respecto al portal:

  • Encontrar la información que necesita
  • Poder localizar los documentos necesarios en un sistema estructural complejo como es la administración.
  • Poder navegar entre la información relacionada para tener la amplitud de la información.

Es decir, tenemos un portal tecnológico cuya función es poner a disposición de la ciudadanía información.

En este sentido ¿Qué papel juegan las preguntas? ¿Es legítimo plantear que el modelo no funciona porque se pregunta poco? No. Pongámonos en el lugar del usuario. Alguien accede a un portal de transparencia buscando información y, la primera idea es navegar o buscar la documentación. Pregunta, o preguntamos, cuando:

  • No encontramos la información que necesitamos
  • No existe la información que buscamos, bien porque no se ha creado, bien porque es tan específica que no es relevante para un portal.

Es decir, en el entorno que definen los portales para el usuario, las preguntas están cuando el portal o el sistema no funcionan, o la necesidad del usuario desborda sus posibilidades.

Si seguimos en esa óptica, podemos entender que el usuario no pregunta por muchos motivos: es molesto, es largo, exige más interacción, tiempo y, en muchos casos, una complicación tecnológica.

Es decir, dentro de los que podrían preguntar, están los que no lo hacen porque no están motivados y están los que ni siquiera saben qué preguntar o a quién. Me refiero, redactar, preguntar exactamente algo que sirva para que te entienda quien te tiene que entender, son elementos que añaden complejidad.

Con todo esto ¿cuánto se pregunta? Pues si nos vamos al estudio que he hecho este último año comparando los portales autonómicos y estatal, salvo excepciones, raramente supera un 0,05% de las visitas de cada mes. ¿Es una mala cifra? Vamos por partes.

Los portales que tenían un diseño más sencillo y menos problemas para presentar preguntas tenían una proporción menor. Aquellos con diseños menos atractivos o con más complejidad, tienen una proporción mayor de preguntas, algunos posiblemente por diseño, otros por factores externos, como protestas ciudadanas.

Esto nos da que pensar que, muy posiblemente, cuanto mejor está diseñado un portal, menos preguntas se haga, porque se dan menos condiciones en las que es necesario. Existe más información, mejor clasificada y más completa. Estos portales, además, tienen un comportamiento más homogéneo en su evolución de público. Crecen de manera sostenida, por lo que, incluso teniendo una cantidad similar de preguntas que escapan de las obligaciones del portal (las que son muy específicas) tienen un peso menor en las visitas. 

Ahora, reformulemos la pregunta: ¿estamos haciendo algo mal? Si. En primer lugar estamos mirando un indicador irrelevante para saber si el portal funciona. Existen indicadores mucho más fidedignos para conocer el sistema como por ejemplo el número de documentos consultados y descargados o las búsquedas en el sitio, algo que no se está analizando de manera sistemática. Además, como hemos señalado, pese a ser intuitivo lo contrario, preguntar más no es un mejor portal, sino, muy posiblemente uno peor. Preguntamos cuando no encontramos, no entendemos o necesitamos algo muy específico. De hecho, sólo sería un indicador realmente interesante si se consolidara la práctica de incluir al portal las respuestas de las preguntas, lo que haría de éstas un elemento de perfeccionamiento. En esos tres casos, el modelo de portales configurado por la Ley de Transparencia, no es el ideal. El total de preguntas no nos dice mucho sobre el éxito de los portales, y si lo hace, es de una manera distinta de la que solemos leer en los titulares.

Dicho de otra manera: el número de preguntas es un dato muy poco relevante y, en todo caso, contrario a lo que pensamos. Antes de darnos golpes en el pecho (que posiblemente hagan mucha falta), pensemos cuál es la razón de hacerlo. Será mejor para todos.


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