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Blog Administración Pública

19 de Febrero de 2019

Sergio Jiménez

Analista web especialista en Administraciones Públicas

Juzgar en tiempos de Netflix: transparencia y sobreexposición

Por si alguien que lee estas líneas vive en marte, cuando se escribe este artículo se acaba de abrir la vista oral del proceso judicial sobre los eventos del 1 de Octubre. Dicho proceso viene acompañado de una importante tensión política, susceptibilidades y manifestaciones sobre el sistema judicial español y la separación de poderes bastante importantes. Una de las medidas más interesantes para disipar dudas es la disponibilidad a tiempo real vía internet de todo el juicio que se prevé, se prolongará durante tres meses. Esto se debe, en parte, a esta presión pero también a que, afortunadamente, en la actualidad la tecnología permite abordar esto sin grandes problemas.


Por un lado, para alguien que recuerda cuando en España la crónica judicial se ilustraba con los dibujos de los profesionales de los juzgados, me parece algo a lo que dar la bienvenida. Y lo digo en serio, es positivo poder ver lo que pasa. Sin embargo, también soy alguien extremadamente descreído sobre el impacto mágico de la tecnología. Por ello, este fenómeno me suscita una serie de dudas sobre su utilidad el impacto en el proceso  y en la sociedad. Y como yo también soy transparente, voy a compartirlas.

En primer lugar yo podría tirarme meses viendo un juicio y asumo que no entendería una parte importante de lo que se dice y casi nada de lo que implica. Mi educación judicial es lo poco que me cayó en la facultad, cientos de series americanas y las dos temporadas de Turno de Oficio. En realidad, como usuario o público del juicio en streaming sería un espectador lamentable que no entendería nada. Esto afecta a uno de los propósitos, que es desintermediar la creación de la información y el público. No sólo es que no creo que vaya a verlo, es que, si lo viera, necesitaría la mediación de otros (prensa, líderes de opinión, lo que sea).

En segundo lugar, la capacidad de distinguir lo sustancial de lo irrelevante. Ya no es que estemos hablando de que entienda o no lo que pasa es que de lo que vea y pueda entender, no tengo capacidad de juicio para distinguir qué es lo que importa y qué es lo que no. Por ejemplo, ayer escuché varias noticias respecto a quién saludó a quién al inicio del juicio. Si contamos tres meses de juicio con toda la gente que participa, la cantidad de saludos posibles es ingente. Tanto que creo que, realmente, la relevancia del hecho no es para tanto. O mejor dicho, si ponemos el umbral de la relevancia allí tendremos información como para varias vidas, tanto que no seremos capaces de priorizar.

El tercer elemento es la posible sobreexposición. Cualquiera que siga un poco la actualidad de los medios, y más en la era digital, ha oído hablar de la sobreexposición. Cualquier contenido informativo tiene, como cualquier otro "producto" una vida. Es decir, aunque ahora estemos consumiendo ufanamente la actualidad sobre el juicio, tres meses a este ritmo es poco aguantable, más con el ánimo crispado que rodea este tema en concreto. En este sentido tenemos dos horizontes posibles: que la gente acabe hasta las narices y pierda el interés salvo en puntos concretos, o que la gente acabe hasta las narices y altere su estado de ánimo más de lo que estaba. El  consumo de contenido de manera muy continuada acaba generando una sobrerrepresentación de la importancia del mismo. Es decir, no es que el juicio no sea importante, es que puede haber gente que acabe, a base de consumir el serial, en su vida lo que pase ahí.

Un cuarto punto es, precisamente, que los participantes están siendo grabados y, además son conscientes de que están siendo grabados. Personalmente siempre me ha parecido una mala idea grabar y exponer a la gente que trabaja de manera continua, porque, bueno, la gente hace y dice en su trabajo cosas que fuera de su contexto son difícilmente entendibles. Si miramos todos, encontraremos cosas complicadas de entender y digerir que no siempre son relevantes para el sistema judicial. Por ejemplo, el mismo día que se abría este juicio, en otro diferente una jueza tuvo un problema con una citación mal enviada y una llamada por videoconferencia a una persona que no era la destinataria real. Me temo que nos encontramos en una especie de principio de incertidumbre: la propia observación puede acabar afectando a lo que ocurre en lo que se observa.

Y llegamos al último punto, y para mi el más importante: la utilidad de la cosa. Nos encontramos en un mundo en el que el flujo de información es tan abrumador que hay opciones para interpretar prácticamente lo que sea a favor de cualquier prejuicio. A ver, estamos en un mundo donde hay gente que discute la utilidad de las vacunas o la esfericidad de la tierra. Es decir, me temo que, lamentablemente sea cual sea el resultado, incluso con una emisión de todo el juicio a todas horas, las partes descontentas entenderán que esto no ha servido y es una pantomima. Es decir que, precisamente, esta transparencia sería en el mejor de los casos indiferente con el público al que se dirige, si es que no es contraproducente.

Ojo, esto no quiere decir que quiera que volvamos al tiempo de los dibujos en los juzgados. Más bien significa que no hagamos eso que hemos hecho tantas veces, que es confiar en la magia de la tecnología. Asumamos que esta relación entre información, datos, sentido, relevancia y transparencia es un debate que tenemos que vivir aprendiendo de aciertos y errores. En esa duda, estoy a favor de la retransmisión integra en streaming frente a lo contrario, pero seamos conscientes de que todo aprendizaje tiene un precio.

Porque, esto no es algo realmente tan nuevo. Si alguien se acuerda de lo que fue otro juicio que, al menos emocionalmente fue igual de complejo, el de OJ Simpson en Estados Unidos, recordará el impacto de la televisión en el propio juicio. Por si no lo conocéis o no os acordáis, os invito a que veáis la serie que, curiosamente está en streaming.


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