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La psicología del juez en los juicios telemáticos: adaptar la comunicación al nuevo escenario judicial

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog
Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla

  • El juicio telemático no altera las reglas del proceso, pero sí cambia la forma en que el juez percibe, procesa y valora la información que recibe durante la vista

Este artículo ha sido publicada en el número 1031 de Actualidad Jurídica Aranzadi (AJA), regístrate una vez en este enlace y recibirás una comunicación con cada número desde la que podrás acceder a la revista en Legalteca.

Hace unos meses tuve la oportunidad de compartir con mi colega Jordi Estalella del Pino una ponencia dedicada a la psicología del juez y del testigo en los juicios telemáticos. Durante su preparación advertimos que la mayor parte de los estudios sobre esta modalidad de juicio se centran en cuestiones tecnológicas o procesales (plataformas digitales, incidencias técnicas o garantías procesales), mientras que apenas se presta atención a un aspecto igualmente decisivo: cómo modifica el entorno virtual la forma en que el juez percibe, procesa y valora la información que recibe durante la vista.

Confieso que, preparando aquella intervención, terminé convencido de que ésta era probablemente la cuestión menos estudiada y, sin embargo, una de las más relevantes para quienes nos dedicamos diariamente a litigar.

Efectivamente, para el abogado esta cuestión resulta esencial. El juicio telemático no altera las reglas del proceso, pero sí cambia el escenario de la comunicación. Y comprender cómo funciona la mente del juez en ese nuevo contexto puede marcar la diferencia entre un interrogatorio eficaz y otro que pase desapercibido.

La economía cognitiva del juez

La psicología cognitiva nos enseña una cuestión muy sencilla: el cerebro humano dispone de recursos limitados y trata constantemente de administrarlos de la forma más eficiente posible.

En una vista presencial el juez recibe información a través de numerosos canales simultáneos: las palabras, el tono de voz, la postura corporal, las miradas, las reacciones espontáneas de quienes intervienen e incluso la propia dinámica de la sala. En el juicio telemático gran parte de esa información desaparece o se debilita. La comunicación queda reducida a una pantalla, condicionada por el encuadre de una cámara, la calidad del sonido o las inevitables incidencias técnicas.

Consecuentemente, el juez debe realizar un mayor esfuerzo para comprender una realidad sobre la que dispone de menos información. Como consecuencia, su cerebro simplifica, selecciona y prioriza aquello que considera verdaderamente relevante.

Esta circunstancia tiene una consecuencia práctica de enorme importancia: en el juicio telemático el interrogatorio más eficaz suele ser el que exige al juez un menor esfuerzo intelectual para comprender los hechos. La claridad deja de ser una virtud expositiva para convertirse en una auténtica herramienta de persuasión.

El efecto laguna

Cuando comienza la vista, el juez ya ha elaborado una primera representación mental del conflicto a partir de la demanda, la contestación y la documentación aportada por las partes. Sin embargo, esa representación contiene inevitablemente vacíos, contradicciones y aspectos insuficientemente acreditados.

Nuestro cerebro siente una necesidad natural de completar la información incompleta para construir un relato coherente. Durante el interrogatorio, el juez prestará una atención preferente a aquellas respuestas que le permitan resolver esas lagunas, mientras que otras pasarán a un segundo plano.

De ahí que uno de los errores más frecuentes consista en preparar el interrogatorio pensando exclusivamente en lo que el abogado desea preguntar y no en aquello que el juez necesita conocer para resolver el litigio. Con frecuencia, el interrogatorio decisivo será el que consiga despejar la duda que todavía permanece en la mente del juzgador.

La disonancia cognitiva

A medida que avanza el procedimiento, el juez va construyendo hipótesis provisionales sobre los hechos discutidos. Cuando una nueva declaración contradice esa representación inicial, aparece un fenómeno conocido como disonancia cognitiva: la tendencia natural a aceptar con mayor facilidad la información que confirma nuestras impresiones y a examinar con mayor cautela aquella que las cuestiona.

Conviene precisar que esto no implica que el juez deje de ser imparcial. Significa simplemente que, como cualquier ser humano, procesa la información mediante mecanismos cognitivos que condicionan la forma en que organiza mentalmente los hechos.

En el entorno telemático este fenómeno puede intensificarse. La menor riqueza comunicativa favorece que las primeras impresiones adquieran mayor peso como marco de interpretación del resto de la prueba. Por ello, cuando el abogado pretende modificar una hipótesis ya formada, deberá hacerlo mediante datos especialmente sólidos, objetivos y coherentes, facilitando al máximo la reconstrucción del relato inicial.

El efecto de primacía

Uno de los fenómenos mejor estudiados por la psicología cognitiva es el denominado efecto de primacía, según el cual las primeras informaciones que recibe una persona ejercen una influencia desproporcionada sobre la interpretación de las que se incorporan posteriormente. En otras palabras, las primeras impresiones tienden a convertirse en el marco de referencia desde el que se valora el resto de la información.

Este fenómeno también puede manifestarse durante el juicio telemático. Al disponer de menos estímulos contextuales que en una vista presencial, el cerebro del juez necesita construir cuanto antes una representación mental de lo que está ocurriendo. Una vez elaborado ese esquema inicial, la información posterior tenderá a interpretarse, de forma inconsciente, a la luz de esa primera impresión.

Ello no significa, naturalmente, que el juez prejuzgue el asunto ni que deje de valorar toda la prueba practicada. Significa, simplemente, que el orden en el que se presenta la información adquiere una importancia estratégica.

Desde la perspectiva del abogado, esta circunstancia aconseja iniciar el interrogatorio por aquellos aspectos que permitan al juez comprender inmediatamente cuál es la idea central que se pretende acreditar. Un comienzo confuso, excesivamente prolijo o centrado en cuestiones accesorias puede dificultar la construcción de un marco interpretativo adecuado y restar eficacia a las respuestas verdaderamente relevantes que se obtengan con posterioridad.

En el juicio telemático, más que nunca, los primeros minutos del interrogatorio condicionan la forma en que el juez escuchará los siguientes.

Las preguntas del juez: la caverna de Platón

La conocida alegoría de la caverna de Platón ofrece una imagen muy útil para comprender el papel del juez durante el interrogatorio. El juzgador nunca presencia directamente los hechos litigiosos; únicamente conoce las reconstrucciones que las partes realizan mediante documentos, declaraciones y demás medios de prueba.

Las preguntas que formula durante la vista responden precisamente a la necesidad de completar esa reconstrucción. Unas veces buscan aclarar contradicciones; otras pretenden verificar una hipótesis, completar un dato insuficientemente explicado o comprobar la lógica interna de un determinado relato.

Desde la perspectiva del abogado, estas preguntas poseen un enorme valor estratégico. Lejos de interpretarlas como una interrupción, conviene entenderlas como una extraordinaria oportunidad para conocer cómo está razonando el juez y cuáles son las cuestiones que considera realmente decisivas para la resolución del litigio.

En muchas ocasiones, las preguntas del juez revelan más sobre su proceso de decisión que muchas de sus resoluciones interlocutorias.

Una reflexión final

La tecnología ha cambiado la forma de celebrar los juicios, pero también ha modificado la manera en que el juez recibe y procesa la información. El abogado que limite su adaptación al dominio de la plataforma digital habrá comprendido únicamente una parte del problema. La verdadera adaptación consiste en comprender cómo influye ese nuevo entorno en la atención, la memoria y el razonamiento del juzgador.

En definitiva, el juicio telemático exige un abogado capaz de comunicar de forma diferente, porque la eficacia del interrogatorio no depende únicamente de la calidad de las preguntas, sino también de la capacidad para transmitir la información del modo en que mejor pueda ser comprendida y valorada por quien debe dictar la resolución. Comprender la psicología del juez constituye, hoy más que nunca, una herramienta de comunicación tan valiosa como el propio conocimiento del Derecho.

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